Mas de alguien podrá decir que la «tercera fue la vencida» en el desarrollo que está teniendo la Temporada Internacional de Conciertos 2010 de la Fundación Beethoven. Se podría agregar también que el gran repunte parecía estar esperando la llegada de artistas chilenos.
El ciclo, realizado este año en el hiperactivo Teatro Nescafé de las Artes, tuvo un comienzo bueno pero no óptimo, con una cortísima jornada a cargo de un grupo de cuerdas ruso. A él siguió un concierto muy raro, tanto por la conformación del grupo austríaco visitante (violín, cello, flauta y piano), como por el repertorio ofrecido, el cual entre otras piezas incluyó arreglos de una sinfonía completa de Mozart y una curiosa Sinfonía N° 10 de Beethoven.
Faltaba aún la contundencia y el largo aliento, y tan importantes ingredientes llegaron con el tercer programa de la temporada, a cargo de la Orquesta de Cámara de Chile conducida por su titular Juan Pablo Izquierdo, participando en la segunda parte la Camerata Vocal de la Universidad de Chile y cuatro muy buenos cantantes solistas.
A este director le gusta hermanar la modernidad del siglo XX con repertorios barrocos o clásicos, y esta vez no fue la excepción, porque se juntó a Schoenberg con Mozart. Del primero se interpretó la «Sinfonía de Cámara», Opus 9, no en la versión señalada en el programa impreso de sala sino en la reducción para cuerdas y piano. A través de esta obra «moderna» de más de cien años, Izquierdo mostró nuevamente su dominio en el repertorio sigloveintero, sacando un enorme partido a «su» orquesta.
El plato de fondo fue el célebre «Requiem» mozartiano, obra queridísima por nuestras audiencias, que de manos de Izquierdo tuvo una interpretación de claras diferencias con lo convencional, muy marcada por su inconfundible sello de vigor y rapidez, acentuada, claro está, por una incisiva gestualidad desde el podio.
Si bien creemos que el pequeño coro, de sólo dos docenas de voces, no se escuchó con toda la potencia deseada – sobre todo de parte del contingente femenino-, elogiamos su notable desempeño y ductilidad frente a la batuta. El cuarteto solista estuvo conformado por Catalina Bertucci, Pilar Díaz, Iván Rodríguez y Sergio Gómez, con muy superiores desempeños en las dos mujeres: cristalina y diáfana la primera; de potente gravedad, la segunda.
Sentimos que esta temporada tomó definitivo alto vuelo con este concierto, porque hubo aquí verdadero peso y sustancia, tanto en las obras ofrecidas como en sus interpretaciones, comandadas por un director chileno que no cesa de marcar hondas huellas con un trabajo siempre empapado de desbordante y contagioso vigor expresivo


