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Título/Pie de foto: La película se estrena el jueves 12 en Chile.
Krista McHarden escribe para la revista «Cosmopolitan»
«Luego de ese humillante proceso, él puso vino en mi ombligo, lo que es muy estúpido», escribió.
Paulina González
Cierta columnista de la revista «Cosmopolitan» recibió una peculiar orden de su jefa: hacer todas las poses amatorias del libro «50 sombras de Grey».
La única regla que tenía que respetar: debía completar la tarea en un solo y afanoso fin de semana.
La periodista, que utiliza el seudónimo Krista McHarden (se desconoce su nombre real), desarrolló algo así como un diario de vida bien detallista, en colaboración -naturalmente- con su pololo.
En total, la escritora puso a prueba las 14 poses en ambos días y en el mismo orden que Anastasia Steele. Por si aún no se entera, la trilogía de E.L. James relata la relación entre una recién graduada Anastasia Steele, y un joven adinerado llamado Christian Grey. El libro, de tinte gimnástico-eroticón, involucra bondage/disciplina, dominación/sumisión, sadismo/masoquismo, todas situaciones que Krista intentó dominar.
En la primera parte de la trilogía, Anastasia pierde la virginidad con el experimentado Christian. La escritora recrea el momento el sábado a las 10 AM con un texto que ella llama «el desfloramiento». Todo es bastante rutinario hasta que el reloj toca las 15 PM y hace la pose más pegajosa y que involucra mucho equilibrio. Ella nombra este acto como el «jugueteo de Grey». En el libro, el diálogo de la pareja es así:
-¿Tienes sed Anastasia?- me pregunta en tono burlón.
-Sí-le digo, porque de repente se me ha quedado la boca seca. Ella escucha el tintineo del hielo en el vaso. Le derrama en la boca un líquido que termina siendo vino blanco. Le mete un trozo de hielo en el ombligo, donde se forma un pequeño charco muy frío.
La columnista no específica si lo que ellos utilizan es Chardonnay o vino en caja, pero sí explica lo que supuestamente hay que hacer para recrear el amorío al pie de la letra: «beber vino desde su boca. Luego pídele que vierta vino en tu ombligo sin que se derrame. Pídele que ate tus muñecas juntas, mientras estás acostada en la cama con tus manos arriba de tu cabeza. Pídele que te bese desde la cabeza hasta los pies».
Lo que realmente ocurrió no tuvo el mismo bouquet. «Nuestra versión comenzó cuando bebí vino desde sus labios, tal como lo haría un pájaro bebé alimentándose de su madre. Luego de ese humillante proceso, él puso vino en mi obligo, lo que es muy estúpido porque odio (REALMENTE ODIO) desaprovechar el vino. ¿Saben que es poquísimo el vino que cabe en un ombligo? Es nada», escribe en la columna Krista.
Como no es una película hollywoodense, perder el brebaje mató las pasiones. «Comenté esto muy fuerte y enojada. Le molestó un poco a mi novio, porque ya lo estoy forzando en hacer todo esto». Los ánimos mejoran cuando llega el momento de atar las muñecas: «Él sonríe mientras me ata. Él me besa por todos lados… tal como le pedí ¿El resultado? Divino. Si buscas felicidad en el diccionario es mi novio haciendo esto (…)», agrega Krista.


