Es la primera exhibición permanente en nuestro país sobre el llamado Reino Fungi
Entre los ejemplares destaca el loyo, un hongo endémico de Chile, es decir, que no se encuentra en ningún otro lugar del mundo.
«Lo que estamos llevando a la comunidad no es solo un conocimiento, sino que son emociones. Es un regaloneo perceptual, como decimos en el museo», precisa Enrique Rivera, director ejecutivo del Centro Interactivo de los Conocimientos.
La muestra está dividida en los módulos «Puzzle Fungi», «Funga de Chile», «Ciclo de un hongo» y «Liberando esporas». En ella colaboraron diversos científicos, la Fundación Fungi y la FabLab de la Universidad de Chile.
En la sala también se exhibe «Wrought», un biodocumental de los canadienses Joel Penner y Anna Sigrithur, quienes cedieron los derechos por esta nueva sala del MIM.
La penicilina
«La importancia que tiene este espacio es que es la primera muestra permanente dedicada al Reino Fungi en nuestro país», explica la bióloga ambiental Carolina Saavedra, encargada del Programa de Cultura Natural del MIM.
Asegura que está en concordancia con lo que hace en este tema nuestro país, uno de los pioneros a nivel internacional en visibilizar a estos organismos, incluso en su legislación ambiental.
Carolina recuerda que por mucho tiempo se pensó que el Reino Fungi era parte del Reino de la Plantas, sin embargo poco a poco se ha ganado su espacio propio, porque «juega roles fundamentales para el ciclo de la vida en la tierra. Son los grandes recicladores del planeta».
Agrega que sin estos organismos «no se podría transformar la muerte en nueva vida», para que el resto de los seres vivientes puedan seguir como hasta ahora. «Muy probablemente las plantas no habrían podido colonizar el ambiente terrestre sin la ayuda de los hongos, sin haberse asociado con ellos, formado una simbiosis, y sin plantas no hubiese habido productores primarios y tampoco hubiésemos tenido después a los animales», explica.
Pone como ejemplo la importancia de los hongos en el descubrimiento de la penicilina, que fue importante durante el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial, en que se revolucionó la medicina y permitió el tratamiento de enfermedades infecciosas a gran escala.
Los favoritos
Carolina Saavedra, involucrada directamente en la iniciativa del MIM, elige tres de los hongos que están en la muestra permanente y explica por qué.
El loyo (Boletus loyo). «Es nativo, es endémico, lo que quiere decir que es único en el mundo y crece sólo en nuestro país y, también, porque es comestible y tiene una importancia cultural para el pueblo mapuche», explica.
Dice que es tremendamente llamativo, por su tamaño, muy vistoso, y es consumido en la actualidad.
El hongo morado (Cortinarius magellanicus). «Característico de los paisajes del sur de nuestro país. Es muy llamativo por el color, un morado intenso y también es brillante, porque tiene un mucílago que lo cubre y lo hace un poco difícil manipular», analiza.
Digüeñe (Cyttaria espinosae). «Bastante gente lo reconoce. Es un hongo parásito, que tiene una apariencia globosa y que crece en troncos y ramas de algunos árboles. También es comestible y bastante popular dentro de la cocina tradicional chilena», finaliza su selección Carolina Saavedra.
Sin embargo, dice que es muy importante saber reconocer a los hongos, informarse y tratarlos con respeto, ya que hay algunos de alta toxicidad. «Es lo que estamos haciendo en el museo», asegura. «Falta mucho por descubrir», agrega.


