Cómo sobreviven los futbolistas chilenos en el duro México

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Fabián Estay no preguntó quiénes eran porque los tipos llegaron desenfundando de inmediato. Así que nadie le respondió»El hijo de la chingada que te va a partir tu madre», como le ocurrió a Salvador Cabañas la madrugada del lunes pasado, que acabó con el goleador guaraní tendido en el piso del baño del Bar Bar, con una bala metida en su cabeza.

Al Fabi, que por esos días la descosía en el América, el equipo más popular de México y el mismo al que defiende Cabañas, lo siguieron hasta el estacionamiento de su condominio. «Sentí la pistola en mi cabeza y no me pude bajar del coche. Tuve que entregar mi reloj, los documentos y todo. El tipo salió corriendo. Tuve suerte porque aquí te cortan cartucho, ni lo piensan», cuenta el actual comentarista de Fox Sports en el DF.

Sebastián González, en tanto, se confiesa un enamorado del DF, aunque reconoce que está consciente de que el riesgo está todos los días palpitando. «A mí nunca me pasó nada hasta que el 2004 me robaron mi camioneta Murano nueva que había comprado recién. Es el precio del DF. A mí afortunadamente no me pasó nada y luego la pude recuperar con el seguro, porque si te la roban, no aparece más», dice.

Según el documento «Secuestro: actualización del contexto jurídico» del Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública de la Cámara de Diputados azteca, México no sólo es el país con mayor cantidad de secuestros (18 diarios), sino que además el 40 por ciento de los secuestradores mantienen vínculos con organizaciones criminales, como los cárteles del Golfo y de Tijuana. Eso explica el susto de Hugo Droguett, cuando estando lejos de su casa, en Morelia, recibió un llamado de alerta de su esposa, que estaba sola con sus cuatro hijos.

«Había ido a jugar a Torreón y antes del partido, mi esposa me llama muy asustada y me dice que había visto a un tipo sacando fotos a la casa y a los autos. Vivimos en un condominio muy seguro, pero cuando preguntó en la caseta fue peor: el auto no tenía registro de entrada ni de salida. Ella quedó con mucho miedo. Yo tenía que viajar a un partido de la Selección y no lo hice. Acá todos los días salen cosas fuertes y me imaginé lo peor. Gracias a Dios, nadie se nos acercó ni nos mandaron fotos amenazando con que iba a pasar algo, pero fue un susto grande», recuerda muy compungido.
Fuera de control

Estay es el que más tiempo lleva en México de los protagonistas de estos relatos. Vivió en varias ciudades y, en 14 años, fue asaltado tres veces. «La primera vez fue en Toluca con mi hija mayor, que era chiquitita, por un reloj. Abracé a Fabiana porque pensé que podían llevársela. Ahí me salió la valentía y le dije al tipo a mi hija ni me la tocas, cabrón. Primero me llevas a mí . Me conocía porque me dijo no, no, Estay. Sólo queremos tu reloj. Cuenta hasta 20 y no salgas . Mi hija lloraba porque vio la pistola», rememora.

«No sé si es suerte, pero hay gente a la que no le pasa nada, aunque es lo cotidiano en México. Ahora llegan mis tres hijas el lunes y la del medio tiene miedo. Después de lo de Salvador, le digo que no todo es tan cierto, que México tiene muchas cosas bonitas», reclama el ex mediocampista.

Chamagol, hoy en Chipre, dice que el DF, donde estuvo cuatro años, es muy difícil por lo que sucede día a día. «Robos, secuestros y la policía no puede hacer casi nada. Está fuera de control y el narcotráfico es lo que marca la diferencia. Lo mejor es no andar solo, no aparentar tantas cosas, saber que siempre alguien te está mirando y no meterse con nadie».

La vida de Hugo Droguett, en cambio, es asumidamente una lata. «Es bastante aburrida. Cuando queremos ir a cenar, lo hacemos no muy tarde. Salimos ocho y media, nueve y máximo a las 10 ya estamos de vuelta. Tenemos una rutina que se basa en cuidarse por todo lo que pasa», admite.
Irse o quedarse

Del caso Cabañas, Fabián Estay, radicado en el DF y dueño de un bar (ver recuadro), cree que «hasta que esto no le pasa a alguien conocido no nos damos cuenta lo que estamos viviendo. Hay que tomar precauciones. El Bar-Bar yo lo frecuentaba bastante cuando jugaba y nunca supe que hubiera algún inconveniente, salvo a veces riñas normales, por las copas, pero dejé de ir a ese lugar porque el ambiente estaba pesado. Se notaba cuando entrabas», aclara.

No le gusta a Sebastián González que el ataque a Cabañas aún no se aclare, aunque no por eso desprecia al lugar. «Pasan los días y todavía no pueden encontrar a los agresores, aunque ya están identificados hace rato, pero no por eso no puedes vivir ahí. Pese a la inseguridad, tengo pensado vivir ahí. Me gustaría tener parte de mi vida allá. Tengo muchos amigos y me acostumbré al DF. Tengo claro el concepto de lo que es. Es una ciudad sin ley en ese sentido, pero tiene cosas que te envuelven.

Droguett, en cambio, no está muy convencido que digamos. «Nadie se espera que a un jugador le vaya a pasar esto. Cuando me enteré, fue una sensación muy extraña, como entre tristeza y ganas de querer irme porque uno está expuesto a que le pase lo mismo. Las ciudades son distintas, pero no por eso no deja de ser peligroso», reflexiona encomendándose a todos los santos para que nada le vaya a pasar.

-«Le dije al tipo ‘a mi hija ni me la tocas, cabrón. Primero me llevas a mí'. Me conocía porque me dijo ‘no, no, Estay. Sólo queremos tu reloj'»

-El taquillero bar del Fabi, donde no hay balazos

«Tengo mi bar acá, donde trabajo casi todos los días compartiendo con la gente. Después del programa en Fox Sports, de 10 a 11 de la noche, paso un ratito, según la gente que haya. En el mismo lugar que tengo llega gente de toda índole, colores, tendencias sexuales y hay que saber con quién estar y cómo compartir», cuenta Estay de su lugar ubicado en La Condesa, el taquillero barrio del DF.

«México tiene más cosas lindas que feas, pero esto de la inseguridad es una realidad. Ahora las autoridades tienen que tomar las medidas para que un ciudadano pueda ir a cenar o tomarse una copa sin que le vaya a pasar nada», exige.

«Mi bar está en una zona muy alternativa, muy simpática, donde todo lo puedes hacer caminando. Nunca ha pasado nada. Anoche fueron a saludarme cinco chilenos que van siempre. Es como un punto de encuentro. Ahora la policía está haciendo inspecciones y cierres más tempranos, por si siguen vendiendo alcohol», explica.

-La experiencia del Choro Navia: «El mexicano no perdona»

Reinaldo Navia, que está en Chile esperando cerrar su contrato con algún club de China o Estados Unidos, dice que se enteró desde México de lo ocurrido con Salvador Cabañas.

«Me llamó un amigo que está allá. Me sorprendió mucho que le hayan disparado en ese lugar. Lo conozco y nunca había pasado algo así. No sé cómo está hoy, pero antes miraban mucho a la gente para dejarla entrar. Con zapatillas no pasabas. No entraba cualquiera», asegura.

«Estuve dos años en el DF y nunca le di mucho boleto a eso. Sé que es una ciudad muy peligrosa, pero nunca me pasó nada. Anduve por muchos lugares y siempre tranquilo. Cuando estaba en América, a Castro le hicieron un mini secuestro y bueno, lo del DT Rubén Romano, que estuvo dos meses secuestrado», recuerda.

Según el Choro, no salía tanto por los tacos y pasaba metido en un mall cercano a la casa.

«Estuve viviendo con Sebastián Enoch, hijo de Enrique, ex arquero de Colo Colo. Andábamos con un chofer, así que él nos llevaba a lugares mejores», explica.

Cuando sabe que Hugo Droguett tiene cierto deseo de querer dejar México, él contraataca. «Yo, al contrario. Me encantaría volver a jugar allá, incluso tuve la oportunidad ahora hace poco. Mi novia y mis hijas son de Guadalajara. Estuve ahora hace poco allá. Todo depende de dónde te metas», aclara.

«Acá en Chile también anda mucho delincuente. Como México es inmenso, uno tiene que saber con quién meterse. Parece que lo de Salvador se trató de una discusión futbolística. Yo siempre me supe manejar cuando me tiraban las cargadas de goles. Les decía son malas rachas y van a pasar . A lo mejor en ese momento pilló mal a Salvador y contestó no muy bien. A ese tipo de personas, medio mafiosas, más si andan con un guardaespaldas y sabes que son gente pesada, tienes que saber tratarlos, porque el mexicano no perdona y tratarlo de cagón es una ofensa bastante fuerte. Llegan y te disparan o te pegan», concluye.

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