Pasaron dos horas sobre el techo de una camioneta y salieron con la ayuda de una retroexcavadora
Empezábamos a divisar a muchas familias que estaban atrapadas en el borde del río, relató voluntario de la Segunda Compañía de La Serena.
«Era una oscuridad tremenda, no había luces, nada. Sentimos muchos gritos de gente, mucho ruido, porque bajaban con harta fuerza las quebradas, y la opción era ésa: si nos teníamos que tirar al agua, lo íbamos a hacer», recuerda Ángelo Pizarro, voluntario de la Segunda Compañía de Bomberos de La Serena.
Cerca de las 20 horas del último domingo, en una camioneta Dodge RAM 4×4 -R2 o un vehículo de rescate de Bomberos- él y tres compañeros acudieron a un llamado en El Hinojal, kilómetro 23 de la Ruta 41, que une La Serena con el Valle del Elqui. «La situación más grave era que existía una bebé de 25-20 días aproximadamente, recién nacida, que estaba atrapada con su familia», cuenta.
Cuando llegaron, vieron que la corriente del Río Elqui, que ya se había desbordado, era muy fuerte. «Hicimos contacto con la familia, pero no pudimos rescatarla. Nuestra intención, por supuesto, era replegarnos y buscar un apoyo más especializado con maquinarias, con lo que estuviera disponible, para hacer el rescate. Empezábamos a divisar a muchas familias que estaban atrapadas en el borde del río y evidentemente la situación era mucho más grave de la que nos habían informado», describe.
La persona que llamó a Bomberos para que rescataran a la guagua y a su familia se acercó al R2. «Él vive ahí. Nos contactó porque escuchaba los gritos de las personas que estaban en el sector pidiendo ayuda. Lo que le preocupaba era este chiquitito o chiquitita».
Más fuerte
El caudal aumentó violentamente y la camioneta no pudo moverse más. Ya llevaban dos horas en el agua. Ese hombre quedó atrapado con los bomberos. El agua pasaba por encima del vehículo. La última decisión era saltar. La primera, subirse el techo del R2 y pedir ayuda según el manual de operaciones.
«Mayday, Mayday, Mayday», transmitieron por la radio. «Cuando los bomberos están más de 30 segundos sin poder desplazarse por sus propios medios, cuando están atrapados, cuando alguno está inconsciente, se activa el Mayday y obviamente se establecen los equipos de respuesta rápida para rescate», explica.
Mientras esperaban la ayuda, se prepararon para lanzarse al agua, que define como «una maniobra que es la última opción». Un rescatista que lo hace recibe el golpe de palos, de piedras y de todo lo que arrastra el caudal. Más encima estaban con un civil. «Obviamente le armamos todo el equipamiento de rescate para poder estar ahí», cuenta. Si llegaban a lanzarse al agua, las cuerdas que llevaban para rescatar a las personas los ayudarían a engancharse a lo que encontraran.
La familia
El bombero, que es rescatista Usar (Urban Search and Rescue), recuerda lo que pensaron arriba del techo de la camioneta. «Son fases, o sea, el miedo, la incertidumbre, qué es lo que va a suceder. La mayoría de los que estábamos ahí somos papás de familia. Pero, bueno, también uno tiene que tener la experiencia para que los más jóvenes puedan tener la mente muy fría. Si alguien se lanzaba al agua sin los anclajes, sin los sistemas de seguridad, el río se lo llevaba», explica.
Dos horas estuvieron esperando arriba del techo del R2. El rescate fue posible sólo con maquinaria pesada. «La retroexcavadora en varias ocasiones estuvo a punto de darse vuelta y hundirse», recuerda.
El hombre que los contactó fue el primero en subir a la retroexcavadora y el resto del grupo tomó la decisión de que Pizarro lo acompañara.
Un rato después, los otros tres bomberos tuvieron que lanzarse al agua y los rescataron con cuerdas.
Los bomberos y el civil fueron trasladados a un centro asistencial, donde fueron sometidos a procedimientos para combatir la hipotermia. «Estuvimos cerca de cuatro horas sometidos a aguas torrentosas y bajas temperaturas. Nos estabilizaron, nos pusieron suero caliente, nos abrigaron con mantas térmicas y nos evaluaron los signos vitales. Nos verificaron las condiciones pulmonares, porque es muy común que en estas situaciones se puedan producir neumonías», explica.
Pizarro admite que un rescatista rescatado está lejos de ser lo ideal. «La verdad es que siempre va a quedar ese sentimiento de frustración de no poder hacer más», asegura.


