Los cuadros eran comercializados en una tienda virtual y física de Providencia
Las telas pertenecen a la destacada artista Ximena Cristi y se ofrecían en unos 4 millones de pesos.
«Cuando la gente quiere comprar este tipo de cuadros, especialmente de artistas de renombre, es fundamental que exijan certificaciones», advierte el subcomisario de la PDI Felipe Muñoz. Así comenzó el caso que sacó a la luz la comercialización de cinco obras falsificadas con la firma de la reconocida artista nacional Ximena Cristi. Todo partió en 2024 con una denuncia ciudadana que alertó sobre una venta sospechosa en redes sociales.
La denunciante observó que las obras eran atribuidas a Cristi, pero dudó de su autenticidad. La Brigada Investigadora de Delitos de Propiedad Intelectual rastreó los puntos de venta, que resultaron ser un domicilio y una tienda física en la comuna de Providencia. A comienzos de 2025, y con orden de la Fiscalía local, se incautaron cinco obras que estaban a la venta por montos de hasta 4 millones de pesos cada una, precio modesto en comparación con el real que debería ser de unos 8 a 9 millones de pesos.
Las piezas fueron enviadas al Laboratorio de Criminalística Central de la PDI, donde el perito Jorge Muñoz, jefe de la sección de investigaciones documentales, estudió en detalle las firmas de los cuadros. «Había firmas demasiado similares entre sí, agrupables de a dos, lo que no ocurre con las genuinas», explicó. En su análisis, detectó diferencias en los trazos, la presión y la ubicación de puntos y rúbricas, elementos claves en el estudio grafotécnico.
El análisis incluyó la comparación con obras auténticas prestadas por el Museo Nacional de Bellas Artes. Además, otro perito examinó los pigmentos y materiales de las piezas, lo que confirmó las sospechas: los cinco cuadros eran falsos. «Fue un trabajo interdisciplinario», enfatizó Muñoz.
Pero no solo la PDI fue clave. En paralelo, el Museo de Arte Contemporáneo (MAC) colaboró activamente con la investigación. Pamela Navarro, historiadora del arte y curadora del MAC, revisó las obras junto a la curadora Daniela Berger del Museo de Bellas Artes. «En gran parte de ellas la ejecución técnica de las pinturas, además de ciertos detalles de los soportes. Dos telas particularmente destacaban por ser telas jóvenes y provenían del mismo proveedor, por la forma de los bastidores, códigos y timbres, que justamente coincidían con las que la denunciante del caso reclamaba como suyas», explicó Navarro.
«Tenemos la suerte de haber desarrollado una investigación previa sobre la obra de Cristi, lo que nos permitió revisar un centenar de obras de colecciones públicas, como las del Museo de Arte Contemporáneo y del Museo Nacional de Bellas Artes, además de otras colecciones públicas y privadas que poseen piezas de Ximena, como la colección propia de la artista», afirmó Navarro.
Consultado por la calificación jurídica del caso, el fiscal de Ñuñoa, Luis Muñoz, explicó que la denuncia se enmarca en delitos de apropiación indebida y falsificación de obras protegidas por derechos de autor. Aunque aún no hay formalizados, confirmó que se están analizando las pericias de Lacrim y que la investigación sigue abierta. «Hay penas de multas y presidio asociadas», declaró, además de comentar que aún no se ha establecido si el vendedor sabía que eran falsificaciones
La dimensión patrimonial también es parte del daño. «Estas falsificaciones construyen falsos históricos, quiebran el sistema de memoria e identidad cultural, y afectan incluso a colecciones públicas», advirtió Navarro. Según la curadora, este tipo de delitos son más comunes de lo que se cree en Chile.


