La plataforma Finka busca democratizar un negocio reservado para grandes patrimonios
El modelo permite comprar una fracción digital de un activo agrícola real mediante tokens desde US$100.
Esta era la tradición: invertir en un campo fue un negocio para agricultores, grandes empresarios o familias con alto patrimonio. Comprar un predio, administrarlo y esperar varios años hasta la primera cosecha requería millones de pesos, experiencia agrícola y una red de contactos difícil de conseguir. Ahora una startup chilena está cambiando esa lógica.
Se trata de Finka (https://goo.su/5zERN), plataforma que acaba de lanzar su segundo proyecto: un huerto de 96 hectáreas de avellano europeo en Parral, Región del Maule.
La empresa opera con dos modalidades de inversión. En Chile, a través de Finka, los inversionistas participan como accionistas de una sociedad agrícola con aportes desde $4 millones. Paralelamente creó FarmFractions, una plataforma internacional que permite invertir desde US$100 -cerca de 100.000 pesos- mediante tokens digitales que representan una fracción de un activo agrícola real. Aquí pueden participar personas de todo el mundo y también chilenos.
«Nos dimos cuenta de que la agricultura era un muy buen negocio, pero prácticamente inaccesible para la mayoría de las personas. Si no tenías un campo, conocimientos agrícolas o contactos en el rubro, simplemente quedabas fuera», explica Joaquín Moncada, cofundador de Finka.
La empresa nació hace poco más de dos años y detrás de ella también están Fernanda García, encargada del desarrollo tecnológico; Roberto León, ingeniero agrónomo con más de diez años de experiencia en avellano europeo; y Tomás Zavala, gerente general de Caja Los Andes. Ellos crearon, entonces, una estructura que permitiera a cualquier persona transformarse en socia de un proyecto agrícola sin tener que comprar un campo completo.
Un título digital
La inversión internacional utiliza tokens y Moncada se apura en aclarar que no se trata de una criptomoneda. «El token es simplemente el vehículo tecnológico. Lo que compra el inversionista es una participación en un proyecto agrícola real, con derecho a recibir los retornos proporcionales cuando ese campo produzca. Es como un título de propiedad digital», explica. La diferencia con activos como Bitcoin, añade, es que aquí existe un respaldo físico. «Detrás hay tierra, agua, árboles y producción. El valor del token depende de cómo evoluciona ese proyecto agrícola», afirma.
Elección del campo
Los proyectos tampoco llegan por casualidad. La empresa mantiene una búsqueda permanente de oportunidades a través de contactos del mundo agrícola, corredores y productores. Una vez identificado un campo, comienza una evaluación técnica, financiera y legal. «Buscamos terrenos con buen suelo, agua suficiente, clima adecuado y acceso al mercado. También revisamos contratos, permisos y seguros. Un campo puede ser agronómicamente perfecto, pero si la estructura legal no es sólida, no sirve», resume Moncada.
El nuevo proyecto considera desarrollar un huerto de avellano europeo sobre 96 hectáreas en Parral. La empresa busca reunir cerca de $2.382 millones y proyecta una rentabilidad anual de 10,6%, aunque Moncada enfatiza que se trata de una estimación basada en supuestos de producción, precios y costos, y no de un retorno garantizado. La apuesta por este cultivo responde a que Chile es el segundo mayor productor mundial de avellanas y cuenta con un mercado comprador consolidado, encabezado por AgriChile, filial de Ferrero.
La startup ya tiene una experiencia previa. Su primer proyecto, un huerto de cerezos en San Vicente de Tagua Tagua, reunió más de US$1 millón. Aunque los árboles aún no producen fruta, algunos inversionistas que decidieron vender anticipadamente sus participaciones en el mercado secundario de la plataforma obtuvieron plusvalías de entre 22% y 27%. Según Moncada, el aumento de valor se explica por el desarrollo del proyecto: los árboles crecieron, el sistema de riego fue instalado y el campo avanzó conforme al plan agronómico. «Esto no elimina los riesgos propios de la agricultura, como el clima, la disponibilidad de agua o los precios internacionales, pero creemos que permite que muchas más personas accedan a un activo que antes estaba reservado para unos pocos», concluye el ejecutivo.
¿En vez de un depósito a plazo?
¿Por qué invertir en un proyecto agrícola agro en vez de un depósito a plazo, fondos mutuos o acciones? Joaquín Moncada, cofundador de Finka, dice que la agricultura tiene algo que pocas alternativas de inversión ofrecen: es algo real y productivo. «Estás invirtiendo en tierra, en agua, en árboles que crecen y dan frutos. Es algo que puedes ir a ver, tocar, y que produce todos los años. Un depósito a plazo hoy te da entre 4% y 5% al año, muchas veces apenas empatando con la inflación. Un fondo mutuo depende de cómo le vaya a la bolsa, que es algo que tú no controlas. Un campo de avellanos, en cambio, produce todos los años una vez que los árboles maduran, y esa producción tiene compradores concretos», dice.
Y agrega: «Además, la demanda por alimentos no para de crecer. Se estima que la producción agrícola mundial tiene que aumentar cerca de un 50% de aquí al 2050 para alimentar al planeta. Eso le da un piso de demanda a este tipo de activo que pocos instrumentos financieros tienen».
96 HECTÁREAS de avellano europeo en Parral contempla el proyecto.


