Estudio publicado en la revista Journal of Children and Media
El rol de los padres es acompañar ese proceso, limitando el acceso a las redes sociales hasta los 13 años, dice Manu Chatlani, especialista en redes.
Paula Muñoz (41) supo la semana pasada que podía instalar una aplicación de control parental en el celular de su hija de 11 años, en vez de pelear todas las noches para apagarlo a cierta hora. «No supe cómo hacerlo, tuve que ir con alguien que lo instalara y pudiera configurar. Mi hija lo tomó pésimo, lloraba. Fueron varios días conversando hasta que entendió que era para cuidar sus horas de sueño y su privacidad. Ya se acostumbró a que las aplicaciones dejan de funcionar a las diez de la noche, y cuando quiere seguir hablando usa el teléfono a la antigua, sólo con voz», cuenta.
La investigación «¿Cumplen las herramientas de control parental las expectativas de las familias en materia de protección infantil? Una revisión rápida de la evidencia sobre los contextos y los resultados de su uso» (https://bit.ly/464tcwq), publicada en la revista «Journal of Children and Media», concluyó que incluir las opiniones de los niños en desarrollo contribuye a que estos métodos sean lo más efectivos.
«Los mejores resultados para los niños se obtienen cuando los padres integran los controles parentales como parte de una crianza positiva centrada en la comunicación abierta y la negociación respetuosa dentro de la familia», afirman las investigadoras de la universidad inglesa London School of Economics and Political Science (LSE).
Mínimo 13 años
La mayoría de las redes sociales preguntan la fecha de nacimiento al registrarse para confirmar si se cumple la edad mínima de 13 años para abrir una cuenta. Pero los menores saben que basta cambiar el año para burlar el sistema.
La educadora de párvulos y magíster en educación, Carolina Pérez, tiene dos hijos de 12 y 14 años, que no tienen celular. Afirma que cuando tengan, les pondrá control parental y límite de horario.
El especialista en redes y director ejecutivo de Jelly, Manu Chatlani, dice que «el rol de los padres es acompañar ese proceso, limitando el acceso a las redes sociales hasta los 13 años -edades exigidas por apps como Instagram o TikTok- y usando el control parental cuando sea necesario para evitar que consuman contenidos que los afecten».
Hasta que aprendan
Carolina Pérez lo compara con la reja alrededor de la piscina antes de que los niños aprendan a nadar. «Uno siempre pone controles cuando los hijos todavía no están preparados para hacer las cosas por sí mismos. Un smartphone es un computador con el cual el niño tiene acceso al mundo y que todo el mundo puede tener acceso a tu hijo», aclara.
Más control a las mujeres
El informe «Derechos sin conexión. Un análisis sobre derechos de la infancia y la adolescencia y su protección en el entorno digital» (https://bit.ly/46alil9), publicado por la organización Save the Children, encuestó a 3.315 adolescentes de 14 a 17 años, en España, determinando que a las mujeres se les aplican más medidas de supervisión, reciben más explicaciones sobre los posibles riesgos y cómo enfrentarse a ellos.
«Tanto en el mundo físico como en el digital observamos mayores esfuerzos destinados a que las chicas sepan protegerse, quizá porque entendemos que ellas están más expuestas a estos peligros, o porque las hacemos responsables de lo que les pueda ocurrir», destaca.
Este reporte muestra que el 37% afirma saber cómo saltarse las medidas de control y que un tercio de ellos logra evadirlas.
Conexión ilimitada
Pérez considera que el problema no son las llamadas, sino la conexión ilimitada a internet. «Siempre hay un niño que tiene un amigo hacker. O sea, esos controles, siempre hay alguien inteligente que los puede desbloquear», cuenta.
Explicar riesgos
La medición española identificó que las acciones y estrategias más comunes que las familias restringen el uso de dispositivos son: «explicación de riesgos (38%), limitación de horas de conexión (30 %), ayudar a actuar frente a posibles riesgos (25 %) y seguirles en redes sociales (23 %)».
Chatlani coincide con la investigación británica en que es más efectivo cuando adultos y menores participan de la medida: «La mejor implementación se da cuando hay confianza, se conversan los riesgos y se conocen los cuidados necesarios al conectarse a internet. Más allá de cuántas horas deben estar conectados al día, que es un tema que cada familia debe resolver, se suele aplicar el control parental hasta el final de la adolescencia. Pero más que establecer controles porque sí, es ir entendiendo las distintas aplicaciones que usan los hijos y qué tipo de contenido consumen y comparten», explica.
Pérez aconseja que para soportar la presión social se puede: «Educar a los hijos para que aprendan a ser diferentes. O sea, mis niños obviamente me alegaron alguna vez, pero entienden que esta medida es porque yo los quiero y los cuido».


