A un año de su retiro del fútbol, el zurdo se dedica a sus tres hijos y descubre talentos en Unión
El próximo martes sus amigos Zamorano, Salas, Emerson y Mati Fernández, entre otros, lo despedirán en Santa Laura.
A lo lejos, en la cancha que está apenas entrando al estadio Santa Laura, hay un grupo de jóvenes futbolistas con peto y buzo rojo. En el centro del campo, un muchacho más corpulento les indica con un grito fuerte que la jugada se trata de que él lanza un centro, que alguien debe pivotearla en el área y que otro la recoge y remata al arco. «¡Alejandro, tienes que pasar por detrás en la jugada!». Da la instrucción porque, al parecer, la movida no resultó como él quería.
José Luis Coto Sierra, entonces, hace la jugada como él la tiene en la mente. Recibe en el área, amortigua de pecho y apenas la pelota va cayendo le pega un tremendo chancacazo que la manda directo al ángulo izquierdo del arquero. Golazo, como antes, más que antes.
El volante hace un año que dejó el fútbol rentado. Su último partido fue el 12 de febrero de 2009 en el Bicentenario de La Florida, cuando su equipo, Unión Española, perdió la semifinal de Copa Chile ante la U de Concepción. Desde entonces está dedicado a lograr de que la cantera hispana funcione.
«En poco tiempo hemos hemos hecho hartas cosas, tenemos un buen lugar de entrenamiento, buena ropa, buen grupo humano. Hay muy buenos futbolistas», dice orgulloso el zurdo que parece tan joven como siempre.
«Tengo 41 años y no tengo ni una cana. Es genética, porque mi papá, incluso, al momento de morir, tenía sólo algunas», cuenta el Coto que parece que no conoce los bloqueadores, ya su cara está a dos partidos de quedar rostizada.
Dice que, en todo caso, que no echa de menos entrar a una cancha para jugar ni menos concentarse los fines de semana. «Eso era complicado», admite. Y eso que ahora, como jefe de las divisiones inferiores, tiene los fines de semana más ocupados que antes. «Pero al menos duermo en mi casa», lanza.
Hay más tiempo para sus hijos. Trata de recuperar las horas perdidas con Fernanda (14), José Luis (12) y Catalina (9). «Siempre los llevo y los voy a buscar al colegio. Almuerzo todos los días con ellos y eso que vivo en Calera de Tango, pero es que me queda a la mano porque generalmente entrenamos en las canchas del aeropuerto», explica.
-Tu niña es casi adolescente. ¿Cómo ha sido eso?
-Siempre es difícil, porque uno quisiera que siempre fueran niños, pero uno también fue adolescente y sabe lo que es. El tema es complicado, la típica de los permisos, pero no tenemos problemas y entiende y respeta.
-Iván Zamorano comenzó a engordar cuando dejó el fútbol.
-Creo que yo no he subido tanto. Me retiré con 83 y ahora debo estar en 85. Es distinto, de repente hay días en que no puedo almorzar, por tiempo. Yo afortunadamente no he sufrido ese cambio, pero apenas ha pasado un año. A lo mejor de aquí a cinco años. No sé.
-¿Por qué no envejeces?
-Na, si igual se me ha caído el pelo. Bueno, en rigor, nunca he tenido tanto tampoco.
-Qué manera de jugar, Cotito
fue el año del debut del Coto como profesional, en la Unión de Luis Santibáñez. Fue en noviembre, ante la U.
fueron los días que dirigió al primer equipo de Unión. Asumió el 4 de octubre del año pasado y cosechó un 3-3 ante Rangers.
camisetas de clubes defendió Sierra: Unión Española, Valladolid, Colo Colo, Sao Paulo y Tigres, de México.
son las canas que tiene Sierra en la cabeza y eso que suma 41 años. ¿Dorian?
-Fernández aseguró su presencia
El ídolo de niñez de Matigol
Para su despedida del fútbol, el Coto reclutó a sus amigotes de Francia 98 liderados por Marcelo Salas e Iván Zamorano, también a Marcelo Espina, José María Buljubasich, Milovan Mirosevic y a los azules Felipe Seymour y Manuel Iturra, entre otros. De todos, hay dos personas muy especiales para el zurdo: Emerson Pereira y Matías Fernández. Es yunta del volante brasileño desde que compartieron en Sao Paulo, Colo Colo y Unión. «He estado en su casa varias veces», dice Sierra. Con el Mati hay algo más íntimo. «Lo conocí en 2001 cuando lo subieron un par de veces a entrenar con nosotros en el primer equipo. Él tenía como 15 años. Además me llama la atención que en un par de entrevistas dijo que cuando chico su ídolo era yo. Siento afecto a través de su forma de ser, de jugar. Me llena de orgullo que quiera estar», dice.
-Siempre llevo y voy a buscar a mis hijos al colegio. Almuerzo todos los días con ellos» (Coto Sierra)


