El pívot anotó 28 puntos en hazaña de la Roja del básquetbol
Luego de celebrar en la noche con sus compañeros se levantó muy temprano estelunes en la mañana para emprender su retorno a Estonia, donde vive actualmente con su esposa Bryana
Después de la histórica victoria ante Argentina, los jugadores y el cuerpo técnico de la Roja de básquetbol fueron a cenar a un restaurant ubicado en la costanera de Valdivia, frente al río Callecalle. A la una y media de la mañana regresaron al hotel y muy temprano este lunes Manny Suárez (30) fue de los primeros en levantarse para emprender el largo viaje de regreso a Estonia, donde vive actualmente. Un regreso que consta de tres escalas y cuatro vuelos.
En el primer trayecto de Valdivia a Santiago, debió acomodarse lo mejor que pudo en el asiento clase turista con sus dos metros y ocho centímetros de altura. El resto de le tocó en business. En Estonia lo espera su esposa Bryana. «Sin ella yo no podría jugar feliz, gracias a Dios está apoyándome siempre», dice Suárez en una de las paradas rumbo al norte de Europa. El retorno es dulce, reconocido como gran figura del 79-77 con que Chile derrotó a Argentina: anotó 28 puntos.
Nacido en Estados Unidos, de padre español y madre chilena, Manny Suárez pudo haber jugado por otro país, pero él decidió hacerlo por Chile por su madre. «Tomé esta decisión por mi mamá, cuando yo estaba terminando la universidad en Estados Unidos. Ella quería que yo jugara por Chile para que representara a su país. No tuve ningún problema porque hago este deporte para sacarle muchas sonrisas a mi mamá», señala el basquetbolista.
Y vaya que ha tenido impacto aquella decisión. La hazaña conseguida el domingo en el Coliseo Municipal de Valdivia trasciende porque Chile no vencía a Argentina desde 1955. Casi 69 años.
«Cuando juegas con un equipo como el de Argentina que tiene jugadores como Facundo Campazzo, Gabriel Deck y el resto del equipo que juega en la Euroleague es normal ponerse un poquito nervioso, como nos pasó a nosotros antes del primer partido porque escuchas que son los mejores jugadores del mundo. Pero en el segundo partido al comienzo cuando íbamos perdiendo hablé con mis compañeros y les dije que nosotros podíamos ganar, podíamos dar la pelea porque estábamos ahí muy cerca en el marcador. Creo que luego de eso mis compañeros tuvieron más confianza en ellos mismos para ganar. Además, el entrenador supo mejorar todos los errores del primer partido», comenta Suárez.
Para el seleccionado nacional jugar de local también fue un factor a su favor. «La selección de Chile no es nada sin el público. Cuando estábamos jugando con Argentina en el primer cuarto y estábamos abajo el público no paró de alentar, eso personalmente me ayudó para continuar peleando por lo que este triunfo también es para la gente que estaba en el coliseo o mirando el partido por la tele», señala el actual jugador del BC Kalev, de Estonia.
Chile integra el Grupo A del clasificatorio para la AmeriCup de la FIBA, junto a Argentina, Venezuela y Colombia. Tras la dos primeras fechas los cuatro países están igualados con un triunfo y una derrota, pero por diferencia de puntos la Roja ocupa el tercer lugar. Clasifican los tres primeros a las finales del torneo que se realizará en Nicaragua. En sus próximos duelos, el 22 y el 25 de noviembre de local, Chile se juega gran parte de sus opciones ante Colombia y Venezuela. En febrero de 2025 cerrará el clasificatorio con otros dos compromisos, de visita.
Ahora la llaman Cábala
Durante el partido el ingreso de una perrita zamarreando un balón de básquetbol con su hocico causó sensación en redes sociales. La mascota se paseó divertida entre los jugadores mientras los guardias trataban de sacarla. Una vez que lo consiguieron volvió a entrar con total confianza. «La perrita aparentemente era de raza pitbull, por eso no se atrevían a sacarla. La retuvimos hasta el final del partido. Cuando la soltamos y apagamos las luces se instaló a dormir en la cancha sobre unas colchonetas», señala César Pérez administrador del Coliseo de Valdivia. Este lunes la perrita abandonó el recinto por sus propios medios, no sin antes ganarse un nombre de parte de los fanáticos del básquetbol: la bautizaron como Cábala.


