Son básicamente tres las orquestas de nuestra ciudad capital -Sinfónica Nacional, Filarmónica de Santiago y Sinfónica Juvenil FOJI- las que pueden abordar todo tipo de repertorios, incluyendo aquellos demandantes de muy mayores y complejos aparatajes instrumentales. En cada una la plantilla de integrantes es de unos setenta músicos. Les siguen otras agrupaciones cuyo descendente tamaño condiciona el universo musical por enfrentar.
Trazando una línea dimensional desde lo mucho hasta lo poco se llega a un extremo en que se sitúa la Camerata de la Universidad de los Andes como la más pequeña orquesta. Con sólo una docena de miembros que interpretan instrumentos de cuerda este conjunto se ve limitado a cubrir una literatura musical muy específica, a la que le está sacando un partido sorprendente.
El gran artífice de un proceso claramente potenciador para el conjunto ha sido Giovanni Panella, quien asumió como su director titular el año pasado abriéndole muy buenos rumbos después de pasar por un par de años acéfala.
Esta batuta argentina ha actuado no sólo con una calidad conductual de primerísimo orden sino que también ha revitalizado el acotado repertorio para cuerdas con obras nuevas. Un gran aspecto a destacar en este avance es que en su doble condición de director-compositor, Panella ha incorporado obras propias y adaptaciones de obras de calado sinfónico.
El reciente programa que abrió la temporada 2025 de la Camerata Uandes supo combinar lo ultra conocido con lo nuevo en una jornada en que la agrupación se advirtió con una muy bien ganada solidez.
Al «Canon» de Pachelbel y la «Pequeña Serenata Nocturna» de Mozart, aquí presentes imponiendo su belleza interpretativa sobre apreciaciones que las pudieron juzgar de obvias o repetidas, siempre se les prestará atención al oírlas en vivo, revelando detalles que las tan recurridas grabaciones parecen ocultar.
El resto fue un desfile de aportes de atractiva amplitud de repertorio. Si la suite «Capriol» trajo una refinada y modernizante visita a danzas del renacimiento francés, el trozo de «Peer Gynt» y un par momentos fílmicos de Ennio Morricone, hicieron ascender al conjunto hasta al límite de la excelencia.
Y la gran novedad la puso la «Habanera» para contrabajo y cuerdas del argentino Salvador Amato con Jimena Rey de solista. Exquisita rareza.


