Anécdotas de Ian McNiven para sazonar su programa Fútbol y parrilla que parte en marzo
El volante también jugó en Deportes Concepción y Deportes Antofagasta, donde creó grandes lazos de amistad que perduranhasta hoy.
Andrija Percic era el entrenador del Antofagasta de los 90 en que coincidieron Ian McNiven y Fernando Vergara, que habían llegado a préstamo desde Universidad Católica y Colo Colo, respectivamente. Allí se forjó la amistad que ahora los tiene convertidos en los anfitriones del programa «Fútbol y Parrilla», programa que debutará el 7 de marzo con invitados de lujo: Claudio Borghi, Esteban Paredes y Leonardo Monje, la Pulga Atómica.
«De la Católica llegamos con Jorge Choche Gómez y formamos un grupo de amigos con los que llegaron de Colo Colo, George Biehl, Leonel Herrera, Juan Umaña y Fernando Vergara, y los que ya estaban en Antofagasta, Marcelo Zunino, Gabriel Caballero, un argentino que después se nacionalizó mexicano, y Claudio Arturi, un 10 argentino que ahora vive en España», cuenta McNiven.
¿Cómo era Percic para entrenar?
«Percic, que en paz descanse, era solitario y hablaba con una mezcla de español e italiano. Entendíamos la mitad. Entraba a la banca en los partidos con zapatos de fútbol y tenía dichos raros, como que el futbolista chileno no tenía aductores. Nos matábamos de la risa. Hacía charlas interminables y la mitad de los jugadores se dormía. Pero le dio resultado. Tenía algunas cosas en que era como pionero: dividía la cancha en tres secciones A. B y C, y cada sección la subdividía en columnas A1, A2, A3, y le decía al lateral izquierdo, por ejemplo, agarras la pelota en A1 y automáticamente la lanzas a C3, al puntero derecho. Yo lo veía y pensaba, como mediocampista, que la pelota me iba a pasar por arriba. Eran otros tiempos, cancha mala, clubes sin fines de lucro, muchas veces no te pagaban el sueldo, no había quien controlara eso y los gallos andaban escondidos».
¿Cuéntese una anécdota de ese equipo?
«Un día, estábamos en un entrenamiento muy duro, jugando el equipo A contra el B, y Zunino grita profesor, pare el entrenamiento porque se me cayó un diente. ¡Se le había caído la paleta frontal, el choclero! Imagínate, cancha con pasto largo, nos demoramos como media hora en buscarle el choclero y luego continuó el entrenamiento».
Volvió a la UC el 95.
«Sí, con Manuel Pellegrini, el 95 y 96. Fue mi mejor momento, porque estuve en la Selección. En la Católica estaban Néstor Gorosito, Alberto Acosta, un buen equipo. En la Católica había muchos personajes. Jugué con Juvenal Olmos, aunque él es mayor que yo. Siempre fue Pinturita, elegante para jugar. Con Ricardo Lunari me reía mucho. Y Sergio Vásquez era el rey de las historias. Todos los días llegaba con una distinta y las empezaba igual: No sabés lo que me pasó. Hablaba como Juan Verdaguer, el humorista peladito uruguayo, ¿te acuerdas? Un día llegó atrasado a un entrenamiento y le dijo a Manuel: No sabés lo que me pasó: el perro se comió la llave. Yo tenía 20 años, era mi ídolo, había ganado la Copa América en Chile, así que lo miraba para arriba. Me contó que había ido a una de esas ferias del automóvil en el Parque Araucano y se había comprado un BMW de 150 mil dólares. No te puedo creer, le digo. Pasaron como cinco o seis meses y nunca vi el auto, así que le pregunté. No sé dónde está, venía en un barco y el barco se perdió, me dijo».
Se retiró poco después. ¿Le dolió?
«A los 27 o 28 años, cerré la página. Sí, me dolió, porque nací jugando fútbol. Mi papá (Patricio) es socio fundador de la Liga Independiente del Fútbol, la LIF, y desde los tres años que jugaba ahí. Terrible, pero bueno, el ser humano es de costumbre. Tenía inquietudes, quería estudiar periodismo, gerenciamiento deportivo y me dedique a estudiar. Del 95 a 2001, periodismo, y el 2006, un año en España, donde hice un magister de Sport Management en la universidad del Real Madrid».


