La estructura, ubicada en el piso ocho de Phillips 15, es un símbolo arquitectónico
Para mantener hidratadas las especies, que reciben sol directo, el dueño diseñó un sistema de riego automático.
Los dos puentes que unen los edificios del Paseo Phillips, a un costado de la Plaza de Armas, son un hito arquitectónico en Santiago. Ahora que el último departamento del edificio ubicado en el número 15 está en arriendo, se reveló que uno de ellos, el que está más al norte, es en realidad la terraza de esa unidad.
Se trata de un espacio de 40 metros cuadrados al que se puede acceder desde el dormitorio principal de la vivienda, ubicada en el octavo piso.
En esa zona hay jardineras a cada lado con cardenales rojos, yucas, rayitos de sol fucsias, un kumquat (conocido como naranjo enano), un pino joven y otros arbustos.
Tan importante es este jardín para el dueño de la propiedad que solo se entregará a quien se comprometa a mantener las plantas en buen estado.
«Hay que cuidarlo, pero a la gente le gustan las plantas y es un plus más que nada. Es poco común que un departamento venga con plantas incluidas, así es que el compromiso es que las cuiden y las mantengan. Como están arriba, les llega el sol directo, entonces, es importante que se mantengan hidratadas», cuenta Cristián Opazo, agente de La Cocina Propiedades a cargo de la gestión de este inmueble, que se arrienda por $750.000 mensuales y tiene 100 metros cuadrados útiles.
El dueño instaló un riego por goteo para evitar posibles inundaciones en el espacio.
«Muchos arrendatarios no riegan, así que él pensó en un sistema automático para que se despreocupen de eso», menciona.
«El balcón llama mucho la atención, es una de las razones de por qué la gente se quiere venir. Además, está súper bien ubicado y mantenido. Es una construcción súper firme, tiene casi 100 años y ni un terremoto ha dañado las terrazas», declara.
Antiguamente esta terraza era el puente que unía las azoteas de dos edificios, pero en algún momento se optó por darle rentabilidad al espacio: los miradores se convirtieron en unidades residenciales y se privilegió a uno de los departamentos con el uso exclusivo del pasadizo (ver galería de fotos en https://goo.su/tDKU).
¿Se puede hacer algún cambio en la terraza?
«No porque es considerada un patrimonio, no se puede intervenir ni cerrar. Se puede instalar un toldo para el sol, pero se tiene que mantener la estética».
Por estos días, cinco familias viven en esa comunidad, mientras que el resto de las unidades las ocupan comercios y oficinas.
¿Cómo ha andado el interés por el arriendo?
«Hay harto interés, tenemos unas diez visitas diarias y han sido de todo tipo: gente que quiere instalar una oficina, gremios, personas que quieren vivir. Hay de todo, incluso nos contactan personas que quieren solo ir a conocerlo, pero antes de hacer una cita pido que se acredite la renta necesaria para arrendar. Hay tiempo, el departamento estará disponible en diciembre porque hay que pintarlo y cambiar su sistema eléctrico».
Primeras alturas
«Este es uno de los pocos lugares donde hay que vivir en Santiago», asegura el arquitecto y docente del Magíster en Patrimonio Cultural de la Universidad Católica, Dino Bozzi.
«Cuando era estudiante tuve la oportunidad de pararme en una de estas terrazas. Siempre las encontré maravillosas, las veía como si estuvieran volando sobre la ciudad y quería saber qué había», menciona.
¿Qué recuerda de ella?
«Me dio un poco de susto caerme, porque es súper alta. Tengo la impresión de que las plantas están también dispuestas para transformar ese espacio más en un uso interior y no caerse al vacío. Me sorprendió mucho que fuera un espacio privado de un departamento, pensé que la ocupaba el edificio. Es un lujo de puente».
El doctor en Arquitectura Diego González, director de Investigación, Creación e Innovación de la Facultad de Arquitectura de la Universidad San Sebastián, cuenta que los edificios del pasaje Phillips fueron las primeras construcciones en altura que se levantaron en Santiago. El arquitecto Siegel, quien también diseñó la casa matriz de Banco Chile, fue un pionero en su diseño y en el uso del hormigón armado. Las terrazas fueron originalmente pasadizos entre los edificios del conjunto.
Bozzi agrega que los puentes fueron una forma de mostrar lo robusto que es el hormigón armado.
«Se demostró que con él se podían hacer estructuras duras y durables. En esa época, la única manera de tener una vista de Santiago desde la altura era subir a la torre de la Catedral», añade.
En cuanto al estilo arquitectónico, González observa que el conjunto representa un momento de transición entre un clasicismo tardío y las vanguardias. Mezcla elementos de la tradición clásica con otros art decó e incluso anticipa el racionalismo con una ornamentación medida.
«A pesar de tratarse de unidades independientes, las construcciones se corresponden en estilo arquitectónico y son concebidas como un total que conforma una pieza urbana», sostiene González.


