Desahogo para las chicas que se sienten culpables de no parecer la mamá perfecta

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Guía (inútil) para madres primerizas combate con ironía los consejos de suegras y sabelotodos

Siempre piensas que estás haciendo algo mal, porque todos opinan, hasta el taxista, dicen autoras de la saga de libros.

«¿Tenés los pezones lastimados y cada vez que la pequeña novedad succiona te querés morir? ¿Te sentís horrible? ¿Se te cae el pelo y estás gorda como un cerdo? ¿Llevás un día entero sin dormir? ¿Te sentís un fenómeno de circo? No importa, querida, fuiste madre y tenés que ser feliz». Esto fue escrito por Ingrid Beck y Paula Rodríguez en la primera «Guía (inútil) para madres primerizas», publicada hace dos años y que nació como un desahogo para cambiar la mirada que existe sobre la maternidad.

El tono irónico de estas periodistas argentinas para contar lo que ocurre al debutar como madre resultó un éxito de ventas. Publicaron un segundo libro ($8 mil aproximadamente en Amazon.com, al igual que el primero) y ya planean el tercer título de la saga, centrado en la escolaridad.

«Esto nace con el post parto de mi primer hijo. Me dio una suerte de locura neurótica, lo que nos pasa a muchas mujeres sobrepasadas por la situación. Cuando eres primeriza siempre piensas que estás haciendo algo mal, porque todos opinan, desde el taxista hasta tu mamá. En ese sentido, los primeros meses son los más complicados en la relación con este pedacito de carne que te exige de todo. Por eso transmitimos que lo que vos decidas como mamá va a estar bien para tu hijo», explica Ingrid Beck.

«No nos quejamos de lo que significa ser madre del nene, sino de los obstáculos que te ponen los demás para tener una maternidad feliz y saludable», agrega.

Otra de las cosas que aclaran Ingrid y Paula es que tener ganas de tomarse un trago o de salir por ahí sola no es sinónimo de ser una madre desnaturalizada. «Extrañar salir con tu pareja es normal», dice Ingrid, opinión que comparte Macarena García, una chilena primeriza de 34 años que pasó por esos trances.

«A mí me cargaba dar pecho, me dolía, tenía que sacarme leche, andaba hedionda, horrible. Una se queda callada y se siente culpable porque se supone que tienes que estar feliz, y yo lo estaba, pero también pensaba: ¿cuándo se llevarán a mi hijo para descansar? Quería un rato para mí, salir a tomar un jugo. Ahí mi mamá me miraba con cara de qué mala madre eres . Y más encima, además de ser súper mamá tenía que cumplir con mi pareja en la noche y con las pechugas llenas de leche. Atroz», recuerda Macarena.

 

Contra los metiches

Frases para repeler el acoso

En cada guía «inútil» escrita por estas periodistas argentinas hay un decálogo de respuestas ideales para el comentario o pregunta desubicada. Algunos ejemplos:

-¿Y estás segura de que tienes buena leche?

-No, algunas veces tengo mucha, pero mucha mala leche.

-Bueno, tener un hijo no es un paseo.

-Ah, ¿no? Yo pensé que sí. ¿Y si lo vendo? ¿Cuánto me darán en el mercado negro?

-Y la señora que lo cuida, ¿es de confianza?

-No, es una asesina serial y está en libertad bajo una fianza que le pagué yo.

-(Con el pediatra). El bebé ya está grande como para que empiece a respetar los horarios.

-Doctor, usted ya es bastante grandote y no aprendió a respetar los turnos.

-(Con la suegra). Nena, se va a acostumbrar a dormir con vos y después no lo sacas más de tu cama.

-Y bueh… Lo mismo me pasó con su hijo y mire, ahora somos una familia.

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