Japón aporta el espléndido acero de sus cuchillos, el prolijo aprendizaje que nunca termina y los rituales de oficio; Chile, los buenos productos marinos, la fría y mágica Corriente de Humboldt … y la picardía del secreto y la receta. Y voilá! ¡Un bocadillo de locos nos estalla en la boca, con sabores maravillosos, inesperados, inéditos hasta el momento!
Eso es lo que ofrece el Hotel Mandarin Oriental en esta carta de invierno de su restaurante Matsuri. Con carta de 16 platos recibe la versión 2024, que coincide con innovaciones en su salón habitual, y celebrando una muy satisfactoria temporada de turismo internacional, por la positiva disponibilidad de nieve desde el otoño.
A todos nos encanta lo desconocido. Hay excitación si nos ofrecen probar un hiramasa, por ejemplo: un pez aleta amarilla, (probablemente traducible como un dorado o palometa), con salsa chalaca y soya trufada.
Pero nadie nos engaña: está claro, si alcanzamos a vivir esa cocina chilena que tenía obligadamente locos y pejerreyes fritos en el menú de los días domingo, que desaparecieron para las generaciones actuales. Y que está de regreso, por un destello, en esta carta, presentada por el chef Sebastián Jara.
Al menos, es una evocación afortunada. Hay un pejerrey en escabeche, con ají cacho cabra, del que podríamos comer una docena sin titubeos.
Japonésmente hablando, platos mínimos, pero con esa intensidad expresiva de la comida nikkei, que une a dos mundos. Esa maestría que derrochó Ciro Watanabe, y que nos sigue hablando desde un plato, en combinaciones atrevidas, y magistrales.
En este caso, un par de viñas, Miguel Torres y Lapostolle han producido vinos especiales para el uso del hotel, y se les saca provecho en el maridaje con la novedosa oferta.
Y la innovación no elimina la historia. El famoso magret de pato, esta vez en versión nipona. El pulpo en mantequilla, el tartar de salmón, un sándwich de vacuno marinado, una versión nueva de camarón… Vaya si hay tema para disfrutar un rato de charla despreocupada, con todo por descubrir.
El gran final de esta degustación es…un plato de picarones. Un postre sencillo e indestructible, que llegó a Santiago desde Lima en la Colonia, y que sigue encantando con el sabor de la chancaca y la canela, de cuando los sabores disponibles eran apenas un puñado.
Hotel Mandarin Oriental
Restaurante Matsuri
Carta de invierno
F. +56 2 29593088


