Juan Esteban Varela deslumbra con su espectáculo único en el mundo
En una espaciosa y estratégicamente bien ubicada casa del Paseo Yugoslavo de Valparaíso, Juan Esteban Varela cranea los detalles de su show, pero no por ello deja de intercalar recuerdos de sus 42 años soñando con la actividad que siempre lo ha descocado. «Tenía menos de cinco años y recuerdo que ya veía a un mago gringo en la televisión al que un verdugo lo metía en un ataúd y lo quemaba. Luego el verdugo se sacaba la capucha y era el mismo mago», cuenta con sus ojos llenos de brillo.
Juan Esteban creció también admirando a su maestro, Juan Tamariz (ver recuadro), y a Fernando Larraín. Insistía en que quería tener una cajita de magia y todos lo miraban raro. Tanto jodió que a los seis años le regalaron la primera. Hoy, 36 temporadas después, y tras ser elegido el mago del año en Atacamagica en 2010, se presentará en Las Vegas (del 14 al 17 de agosto) en el Congreso Magic Live, organizado por la revista «Magic» -algo así como la «Science» del ilusionismo- con su show de magia para ciegos, una invención única en el mundo que ha deslumbrado a quienes lo han visto en España, Dubai y a los pocos que lo conocen en Chile. Antes de viajar, Varela estará durante un mes todos los sábados y domingos de junio (17.30 horas) en el Teatro Mori de Vitacura.
-¿Cómo te empezaste a acercar a la magia?
-Un tío era vecino del presidente del Círculo Mágico, que traía a los magos de los programas de variedades. Ahí yo me metía a verlos. Mi abuelita después me llevaba mucho a la tienda del mago Ling-Fu en el centro. A los 14 años me llevaron a Sábados Gigantes. Era a lo único a lo que me dedicaba hasta la enseñanza media. Luego me gustó escribir, así que me metí en talleres de literatura.
-¿Qué pasó ahí con el hobby?
-Cuando entré a la universidad a derecho, en segundo congelé. Me fui a Francia, volví y congelé de nuevo. Fueron cinco años de magia baja, pero estaba la narrativa, que después integré para los guiones y las estructuras dramáticas. Escribí una obra de teatro infantil que mezclaba títeres con magia y ahí me empecé a trabajar semiprofesionalmente de mago porque seguía estudiando. Cuando terminé, lo hice full time.
Pese a que trabajó de auxiliar de vuelo y fue cocinero en un monasterio en Francia, al final la magia siempre se impuso. «Cuando me regalaron la cajita de magia a los seis años, conocí su poder. Llegaban los tíos y amigos de mi mamá y quedaban para adentro», recuerda. En 1999 ya había ganado el Campeonato Nacional de Magia y viajó al Congreso Mundial en 2000. Hizo una entretenida rutina de 10 minutos con varios juegos, pero fue el momento en que se dio cuenta de que no sabía nada. «Podía seguir empatando, pero preferí irme donde están los que saben». Y así partió a España, luego de rechazar una atendible oferta de su prima Leonor Varela para irse a Los Angeles (ver recuadro).
-¿Cuál es la gracia de tu magia, Juan Esteban?
-Hacer un efecto especial que sorprenda es relativamente sencillo, pero conseguir lo que el maestro Tamariz llama el imposible fascinante puede ser el trabajo de una vida. Ahí la experiencia es otra y es la razón por la cual llego a mi espectáculo actual para ciegos: la magia no sucede en el plano de lo que ves, sino de una experiencia donde construyes una interpretación. La escuela española es sicologicista, si se le puede llamar así. Se mete en tu cabeza y piensa todas las explicaciones que puedes estar dando para entender lo que está ocurriendo para eliminarlas todas, incluida la correcta. Esa es la vía mágica. Esto va mucho más allá de la mera trampa.
-¿Por qué te fuiste por este camino?
-Cuando fui a España, hacía muchos restaurantes y la gente me decía qué habilidad . Eso era una puñalada en el corazón. Por eso luego busqué juegos donde no tocara las cosas, magia a distancia. En medio de este proceso, se me ocurrió que la mejor manera de no tocar las cosas es no tenerlas. Los eruditos españoles me dijeron que esto no había sido tratado como tema. Ahí hice una lista: magia por radio, por carta, por teléfono y magia para ciegos. La que más me interesó desarrollar fue esta última.
-¿Cómo la fuiste materializando?
-Para que fuera más asombroso no podía estar en ventaja, así que puse el teatro oscuro y me vendé. El gran error que cometí es pensar que como no vamos a usar la vista hay que usar los otros sentidos, como que hay que engañar al oído, al tacto, al olfato, al gusto. ¡No, viejo, a lo que hay que engañar es a la cabeza, la mente! El imposible genera la intriga intelectual y eso no ocurre en el plano de lo físico. Luego hay que activar la fantasía con una ficción, una relación causa-efecto sorprendente. El chasquido de los dedos es el momento que nos define como magos donde se muestra el poder, como Harry Potter. Si logras ir un paso más allá, tienes que conseguir que la emoción se involucre en el cuento. Los sentidos son el medio, no el fin.
-¿En qué consiste tu show?
-Primero tengo una cajita con varios elementos que la gente sólo toca, como lo haría un ciego. Hay un anillo que te pones en un dedo, unas tarjetas con texturas y agujeros troquelados que te permiten hacer una adivinación de cartas, además de una botellita con una moneda que desaparece de las manos. La clave es que la magia pasa por tus propias manos siguiendo instrucciones. Es poder hacer magia a distancia. Al final, los magos son el público. La cajita va con un velcro en la pierna para que no tengas que apoyarla y tus manos estén libres.
-¿Qué más?
-La magia sin elementos. Simplemente hablo, la gente escucha, se produce la intriga intelectual, se les activa la fantasía y se les conecta la emoción. Es la magia pura de la palabra. Hago siete juegos y dos son de este tipo. A uno le agrego un elemento para hacerlo más fácil. Son juegos creados por mí.
-¿Esto es estrictamente para ciegos?
-No, porque los videntes se vendan. Cuatro juegos son de la cajita y dos más de un tercer camino, que es hacer juegos de mi repertorio para videntes. Tengo un espectáculo de mentalismo que hago en empresas y eventos, una mezcla de «Lie to me» con «The mentalist». Es como Sherlock Holmes con ilusionismo. La gente se pierde: ¿está deduciendo o adivinando? Ahí ejecuto dos juegos y pensé que podía hacerlos también en un teatro oscuro proyectándolos sólo auditivamente. Se lo hago a un espectador que se lo comunica al resto. Adivino en qué mano está un medallón cuatro veces seguidas. Ellos saben que estoy vendado, contestan que no los toqué y que lo ocultaron escondidos.
-¿Cuál es la respuesta del público?
-Entrar a un teatro oscuro y sentarse es toda una experiencia. Los videntes dicen que es algo muy especial y los no videntes, una experiencia única, pues antes nunca habían vivido la magia. La primera vez que lo mostré fue en el 30° Congreso Nacional de Magia en La Coruña, en septiembre de 2010, y luego hice un par de presentaciones para la ciudad. También lo mostré en Atacamagica e hice dos preestrenos chicos en diciembre pasado en el Bellas Artes. La última vez fue en el Festival Internacional de Magia de Madrid, en febrero, y varias veces más en la misma ciudad.
-¿Cómo fue recibido?
-Muy bien. Incluso dentro del público estaba la infanta Margarita de Borbón, hermana del rey Juan Carlos, que es invidente. Al final, pidió conocerme y me quiso agradecer por haberle hecho vivir una desaparición, porque no sabía lo que era una. Fue emocionante y bien potente.
-¿Qué tendrá de distinto lo que harás en Las Vegas?
-Hasta ahora lo he hecho para 200 personas. Acá habrá dos salas simultáneas. Mientras se sientan en una, voy terminando y me voy cambiando. La idea es llegar a 1.200 personas, unos seis pases. Me puedo morir, pero esta línea quedará escrita en la historia de la magia. El show ya lo vio un historiador de magia en Madrid y sintió que había pasado algo importante.
-Antes de este espectáculo para ciegos, ¿qué hacías?
-Tengo otros dos: «Milagros inciertos», el de mentalismo, y «No pestañees», que es magia de cerca o proyectada, más lúdico, a lo Tamariz, con objetos cotidianos. También tengo listo otro que es una recreación de una sesión espiritista en el teatro de mi casa. Está pensado para doce personas y yo, el 13, el médium. Se llama «Una cena con los muertos». La comida la prepara un chef y a las 12 de la noche en una mesa redonda de tres patas se vive la sesión. Quiero que la gente esté en una película de terror, pero con un equilibrio. Al final, mi objetivo es saber dónde está la frontera expresiva de la magia, hasta dónde se puede llegar. Lo sobrenatural es otra frontera.
«La clave es que la magia pasa por sus propias manos siguiendo instrucciones. Es poder hacer magia a distancia. Los magos son el público».
La prima Leonor le presta casa y auto en L.A.Juan Esteban es primo directo de Leonor Varela, la bellísima actriz chilena que vive entre Estados Unidos y Chile. «Antes de irme a España, pasé por Los Angeles y la Leo me dijo quédate trabajando conmigo, aquí podís hacer tus cosas y me haces como de assistance of Mrs. Leonor y nos hacemos compañía . Le dije encantado, prima, pero acá no están los compadres que yo necesito. Está bueno para trabajar, pero no para aprender .
Así que la relación se mantiene preferentemente a la distancia. «Hablamos por teléfono una vez al mes. Tenemos muy buena onda. Me quedo en su casa cuando voy a Los Angeles y si ella no está, me deja las llaves y hasta ocupo su auto», explica.
-¿Qué te parece su carrera?
-Soy fan de ella. Me acuerdo que nos juntábamos en una casa familiar en Monte Grande y hacíamos obras de teatro y magia. Me llena de orgullo lo que ha hecho. Mi película preferida de ella es «Voces inocentes», por papel dramático que hace, muy potente.
Siempre pegado al maestro Tamariz
E l mago Juan Esteban Varela vive hoy al ritmo de los nuevos tiempos. Tiene página web ( www.jvarela.com) Facebook, Twitter (@JE_Varela) y un blog, pero no por ello se olvida de sus maestros. «Como dice uno de mis formadores, un teórico catalán llamado Gabi Paredes, a los maestros los elige uno. Por eso escogí a Juan Tamariz, me pegué a él y lo seguí a las reuniones de la Sociedad Española de Ilusionismo», detalla.
-¿Cómo te presentaste?
-Fui a las cenas y me fue conociendo. Le llamó la atención que hubiera dejado el derecho para irme a aprender magia. Fue muy generoso Juan con sus conocimientos y su tiempo. Me abrió las puertas de su casa. La comunidad mágica madrileña es potente, como La Meca de la magia. Fue la mejor decisión. Ahí recién empecé a entender los que llevaba haciendo por 20 años.


