Su tienda Carlitos El Gruñón vende papelería y está en el tercer piso
El problema eran las peleas y los robos. Me tocó presenciar balaceras, dice el comerciante.
Durante seis años, la tienda de Juan Carlos Fabres, de 50 años, fue una mesa instalada sobre el asfalto de la calle San Alfonso, en el barrio Meiggs; y su inventario, un bulto que cada noche debía envolver con una carpa para evitar que le robaran lo que a diario vendía en el comercio ambulante de la zona. Pero este lunes, Fabres celebra -por fin- tener las llaves del local que comenzó a arrendar hace menos de una semana.
«Mi sobrino me convenció de arrendar un local en el Mall Exposición. Estoy entusiasmado con esta nueva etapa porque fueron muchos años vendiendo en la calle. Ahora tengo seguridad, baño e instalaciones para vender mis productos. Yo me dedico a la papelería: vendo lápices, plumones y cuadernos, entre otras cosas», describe Fabres, quien se instaló con el local «Carlitos Gruñón» en el tercer piso del recinto.
Hace 20 años que Fabres conoce el barrio Meiggs. En aquel tiempo tenía un permiso y un carro de fletes. Se sentaba a esperar en la esquina de San Alfonso con Sazié a que los compradores con paquetes necesitaran que los llevara al terminal de buses o a sus casas. Era un trabajo sencillo. Pero en 2020 llegó la pandemia, dice, y el dinero se volvió escaso. Entonces decidió levantar un toldo azul en la misma esquina donde antes esperaba; dejó de cargar cajas ajenas y empezó a vender su propia mercadería bajo el sol y el frío.
¿También vendía papelería en la calle, Juan Carlos?
«Partí vendiendo alcohol gel y después me metí de lleno con la papelería. Me va bien con ella, es un buen negocio. El toldo que tenía en la calle medía tres metros y allí me instalaba todos los días».
¿Cómo lo hacía con la mercadería?
«La dejaba encarpada. Eso significa envolverla con carpas y telas. Además, dejaba todo encargado a unos guardias a los que les pagábamos diariamente para que nos cuidaran las cosas. Nunca se perdió nada. Los guardias cobraban entre $3.000 y $5.000 diarios; los fines de semana cobraban $5.000. Cada puesto tenía que pagar eso».
¿Le tocó ver mucha violencia en la calle?
«El problema eran las peleas y los robos. Me tocó presenciar balaceras, el crimen de un muchacho que recibió un balazo en la cabeza, por ejemplo. Cada diez o 15 minutos había un asalto. Más de una vez peleamos con los delincuentes, pero después la gente se iba a su casa y el problema lo teníamos nosotros. Hay gente que se dedica a robar todos los días; incluso hay personas que tienen toldos azules y pasan los datos a los que roban. Son personas que toda la vida han delinquido».
¿Por qué su local se llama «Carlitos El Gruñón»?
«Porque cuando estaba mal era Carlitos Gruñón. Ahora soy Carlitos Feliz. Mi local es el 302, está en el tercer piso y vendo todo lo relacionado a la papelería. En TikTok me pueden encontrar como Carlitos El Gruñón o @chico_calo. El lunes pasado empecé con el local. Estamos en marcha blanca, ordenando y viendo qué cosas faltan. El trato es distinto. Estamos muy contentos en el Mall Exposición».
«El municipio ha recuperado el espacio para los vecinos y los comerciantes. Ese es el motivo por el cual personas que estaban realizando actividades comerciales en la calle, de manera ilegal, decidieron formalizarse. El ordenamiento del territorio es una característica que va a invitar a que quienes se encuentran en la informalidad lo hagan como hoy lo hizo Juan Carlos», destaca Osvaldo Gómez, subdirector de Seguridad de la Municipalidad de Santiago.


