Los ofrecían en plena calle por la módica suma de 15 mil pesos
Sorprendente el grado de esmero que algunos estafadores les dan a sus creaciones, cuenta jefe de la Bridec local.
A comienzo de los 90 fueron los celulares de palo, pronto se sofisticaron y los vendían rellenos de concreto para estafar incautos deseosos de tener uno de esos aparatitos. En mayo pasado, en Arica, un «emprendedor» fue pillado in fraganti vendiendo televisores LCD de madera, con una mica que simulaba la pantalla. Bueno, la novedad del año, el último grito para los regalones viene directamente de Concepción y consiste en el exclusivo iPhone de masilla.
Esta semana un individuo se instaló en las calles Barros Arana y Castellón de la sureña ciudad y comenzó a vocear discretamente el ofertón del verano: un iPhone, nuevo y de paquete, por sólo quince mil pesos. Nada de mal, considerando que dichos equipos valen por sobre 200 mil pesos. Obviamente, llamó la atención y según un reportero del diario «Crónica», llegó a vender tres aparatos.
Claro que en lugar del exclusivo teléfono táctil ofrecido en una genuina cajita de Apple, adentro venía una réplica, a la vista, casi perfecta, pero moldeada con la misma pasta que se usa para instalar vidrios. Con mano de monja, su creador, quien quedó citado a declarar, lo dotó de todos los pequeños detalles del original, gracias a una serie de símbolos recortados de una revista.
Para mala suerte de este nuevo emprendedor artesanal, en una operación de rutina la Brigada de Delitos Económicos penquista se lo topó de frente justo cuando lo ofrecía a los transeúntes ávidos de tecnología de punta y a buen precio. Le pidieron su identificación y al revisar sus pertenencias, encontraron un apetecido iPhone 3GS.
Los sabuesos pensaron que era un aparato robado, así que lo invitaron al cuartel. Pero al llegar y tras un exhaustivo examen, que incluyó la clásica prueba de tirarlo al suelo y comprobar que no se rompe (dio bote), descubrieron que de pantalla táctil o aplicaciones ni sombra. Al frente tenían un auténtico iPhone de masilla.
«Tengo que confesar que hasta nosotros creímos que era de verdad. Sorprende el grado de esmero que algunos estafadores les dan a sus creaciones, les tienen una especie de cariño», explica el comisario Gaspar Montero, jefe de la Bridec de Concepción.
«Como la venta de estos equipos es tratada por los estafadores como si fueran equipos robados, la víctima se ve en la encrucijada de hacer la transacción a escondidas, y así jamás se dará cuenta que compró una pieza de masilla por 15 mil pesos. Pero tampoco hay denuncias, porque nadie querrá bancarse la vergüenza», agrega.
-¿Qué tanto detalle tiene la pieza?
-El delincuente obtuvo una caja de plástico en la que se embalan estos equipos y a partir de allí obtuvo el molde. Solo tuvo que rellenar el espacio, y luego cortar revistas o imprimir a color detalles como el auricular, el botón central y la aureola cromada que bordea al teléfono. Si agregamos que el envase era original, además de presentar señales de haber sido sacado a la mala de una multitienda, cualquiera pudo haber caído en el engaño.
-¿Qué futuro tendrá el aparato?
-Mejor suerte tendrá como posavasos.
Evolución
El tema de los celulares de masilla es una verdadera cantera abierta para un antropólogo valiente que quiera meterse en el tema e investigar. Por un lado tenemos la tecnología oficial, las telecomunicaciones con instrumentos cada vez más sofisticados, que pasan del teléfono celular puro y duro al minicomputador de múltiples funciones, que a la vez es oficina y juguete. Paralelamente tenemos sus versiones artesanales que evolucionan de la misma manera, pero con otros materiales muy distintos.
Así mientras pasábamos del celular al iPhone, los artesanos pasaban de la edad de la madera a la de la masilla. El teléfono de palo y su ambición de aparentar está dejando lugar a este curioso iPhone moldeado con el mismo material que sellamos las ventanas y con otra diferencia que no es sólo material. El celular de palo, sabiendo que era una falsificación y símbolo mismo del arribismo de los 90, engañaba sólo a los demás. Pero todo evoluciona y el iPhone de masilla, conectado directamente con la pachamama y los ancestros, engaña también a su dueño, tan apurado de tener el aparato nuevo, tan desesperado de probar su juguete que no repara ni en el peso, color o consistencia de su compra.
«No hay denuncias , porque nadie querrá bancarse la vergüenza», dice el comisario Montero.


