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Título/Pie de foto: Juvenal Olmos
Acosta es un generador de entornos cercanos y creo que transita por el camino de los entrenadores no reconocidos en Chile.
Juvenal Olmos
El último triunfo de Nelson Acosta sobre un entrenador joven de los equipos grandes me hizo recordar la manera en que trabajó el partido contra Argentina en Buenos Aires en 1996, por las eliminatorias a Francia 98. Tuve la fortuna de mirar de cerca esa preparación porque Acosta me invitó por 15 días a Pinto Durán a colaborar con la Selección. Yo recién me había retirado, tenía el cartón de entrenador en la mano y acepté.
Me gustaría decir que fui una especie de ayudante de campo, pero en realidad funcioné como un perfecto utilero con diploma de director técnico (al menos me dejaron prender el fuego en un asado) y me dediqué a ayudar, mirar y aprender de su método. En esas dos semanas conocí a un estratega inteligente que si bien no les mostraba muchos videos a los jugadores estaba en permanente conversación con ellos, cara a cara. Nada de charlas largas antes de la práctica, pero sí muchas repeticiones.
Yo quería saber qué tenía Acosta para estar donde estaba y me di cuenta de su capacidad para explicarles a los jugadores lo que pretendía hacer en la cancha. No los enredaba con estrategias muy rebuscadas, les decía cómo iba a jugar el rival, la manera de hacerle daño y cómo defenderse. Un mensaje simple, directo y con buena recepción por parte del futbolista. Si me preguntan, creo que ahí está la clave para que Nelson Acosta siga vigente en el fútbol chileno, ahora en la banca de Iquique.
En la conducción del camarín es más cercano a hombres como Orlando Aravena, Nacho Prieto y José Sulantay que a Manuel Pellegrini. Acosta es un generador de entornos cercanos y creo que transita por el camino de los entrenadores no reconocidos en Chile, vinculado equivocadamente a tácticas defensivas, cuando desde siempre pregonó la intensidad del juego en sus equipos, la necesidad de jugar hacia delante y superar el ritmo «demasiado lenteja», según él, de los torneos locales.
Cuando caemos en las comparaciones, el fútbol chileno corre el riesgo de perder legados como el de Acosta, quien quizás fue un poco soberbio en el éxito (esa lección que yo también aprendí por el camino de las piedras) y no pudo darse una segunda parte con la Roja de la dupla Za-Sa. Puesto al lado de Bielsa o Sampaoli, Acosta tiene otras virtudes y todavía es capaz de pintarles la cara a Colo Colo o la U cuando encuentra a los jugadores adecuados y, lo mejor de todo, no esconde la pizarrita. Anda por ahí, cerca de la Zofri o en Cavancha, cuenta lo que sabe y enfrenta en el día a día las problemáticas reales del fútbol chileno porque es un estratega de carne y hueso.


