El peluquero cumple 30 años preparando todos los looks de la Quinta Vergara
Dos camiones, un enigmático estuche y cientos de secadores son parte del gigantesco equipaje con que desembarca en la Quinta Región.
Miguel Bosé se lo dijo: «Lo mejor del Festival es la peluquería». Con tamaño elogio, Pato Araya pone como ejemplo esta anécdota para reflejar lo que han sido estos treinta años en la Quinta Vergara.
Gracias a dos inmensos camiones, el peluquero desplaza cada año su salón de belleza a Viña. El monumental traslado se divide en dos partes. El primer camión sólo lleva los enseres personales de Araya y se va antes. En este viaje, Pato se lleva lo mejor de su clóset, «si te invitan a algún programa de televisión hay que llevar una tenida más formal. Además, como soy el jefe, tengo que estar monono en la Quinta».
Con un equipo que incluye 9 peluqueros y 4 maquilladores, Alejandro, su fiel asistente, prepara el segundo camión que deberá llevar desde sillones, espejos, toallas hasta cualquier implemento que se podría necesitar en las seis jornadas de la Quinta Vergara. Además, para cada peluquero se prepara un baúl con secadores de pelo, gel, fijadores, extensiones y un sinfín de otros implementos, «si una niña te pide una pestaña azul, eso tiene que estar. Un collar, una flor, cualquier cosa», cuenta Araya.
Luego de que en una ocasión la pintura de la sala asignada como peluquería se empezara a caer a pedazos por el calor de los secadores, el peluquero de los famosos decidió no dejar nada al azar y junto a Alejandro planearon la decoración de la peluquería de la Quinta, «el canal nos entrega una sala desocupada pero nosotros la arreglamos. Forramos las paredes, ponemos flores. Queremos que todos estén cómodos».
Un objeto mítico en la Quinta es el estuche mágico de Pato Araya. Con un tamaño similar a un bolso y 15 años de antigüedad, el peluquero confiesa que siempre anda con el estuche encima y que en más de alguna ocasión lo ha salvado de un bochorno, «tengo todo lo que una mujer puede necesitar. Aguja, hilo, botones, clips y hasta toallita higiénicas, porque de repente las niñas se te pueden enfermar, ¿y qué haces sin toallitas?, se va todo a las pailas».
Una vez que todo el team de Pato Araya aterriza en Viña, se instalan en un departamento al lado de la Quinta Vergara y tal como sucede en un reality, llega el momento de distribuir las piezas.
Para evitar problemas, Pato ideó un sistema para dejar felices a todos, «al cabro más complicado lo mandamos a la pieza de la empleada. A las mujeres las ponemos todas juntas y en la noche se toman una cerveza, se ponen a conversar. Los más ordenaditos están en la otra punta porque no les gusta el ruido».
Para mantener la disciplina en medio de tantos jóvenes, Pato Araya se transforma en «El Instructor» y saca a flote todo su carácter, «la única manera de controlarlos es que estén todos juntos, si no se me pueden ir de carrete y así la cosa no funciona».
Una vez que su equipo está instalado, comienzan las mil reuniones a las que Pato debe asistir para preparar el look de todos los que estarán en el Festival. Entre las necesidades del jurado, el ensayo de la obertura y asesorar a sus clientas favoritas, Araya apenas tiene tiempo para almorzar.
Principe Valiente
Pato Araya nunca pisó una peluquería. De niño, sólo su abuelo podía cortarle el pelo, «él trabajaba en los ferrocarriles y se hacía sus pesos extras cortando el pelo». Y aunque sus tíos también le hacían empeño a la peluquería, el abuelo de Pato era el más estiloso, «él me cortaba el pelo como príncipe valiente para esconder mis orejas», dice riendo Araya, recordando su primera lección.
Años después, cuando dejó su Mejillones natal y estudiaba arte en Antofagasta, Pato se rebeló frente a toda su familia y escapó a Santiago para dedicarse por completo a la peluquería y en los '80 ya causaba furor entre el jet set chileno.
Aunque tiene clientas que lo visitan hace más de 40 años, Pato reconoce que Raquel Argandoña marcó un antes y un después en su vida profesional.
La primera vez que Araya asesoró a «La Quintrala» fue para el festival de la OTI en 1978, pero la Argandoña, animadora del certamen, cometió el error de desarmar el peinado que le había hecho Pato escondida atrás de una muralla, «al principio la descarté, pero después nos amigamos y cuando ella llegó a conducir el noticiario de TVN me preguntó: ¿qué harías conmigo? «. En ese minuto Pato inventó a la lectora de noticias más glamorosa, «quise crear un personaje frívolo que se cambiara de ropa todos los días y que todo Chile se fijara en sus cabellos». Dicho y hecho, los peinados de la Argandoña todavía son recordados y hasta Raúl Matas, su compañero de noticias, ideó una técnica para lucir a la musa de Araya: cada vez que Raquel entraba al set le pedía que se diera una vuelta para mostrar el peinado.
Luego de tantos años en el mercado, Pato reconoce que se ha hecho amigo de sus clientas, pero nunca transa en hacer un corte que no le convence o teñir en un tono que no considera apropiado, «en esto hay que tener carácter, especialmente con las chiquillas jóvenes que son muy decididas y quieren mandonearte». Otra de sus mañas es cantar entre dientes mientras está trabajando, «mi sueño era ser cantante, pero por último les canto a mis clientas y ellas se relajan».
En terreno
En plena Quinta Vergara, a eso de las cinco de la tarde, Pato comienza a preparar a los bailarines que estarán en la obertura del Festival. Mientras el team Araya trabaja, Pato supervisa y nadie sale de la peluquería sin su visto bueno, «a veces te piden cien peinados iguales y yo tengo que revisarlos personalmente». Siguiendo el consejo de Gonzalo Beltrán, un ex director del Festival de Viña, Pato aprendió que lo más importante son las bailarinas de primera fila, «las chiquillas de adelante son las únicas que se ven en la tele y tienen que quedar espléndidas, los otros dan lo mismo». Para arreglar al resto del jurado y los participantes de la competencia, Pato asegura que en una hora puede convertir a cualquiera en un modelo de pasarela.
Además de aguantar las exigencias de cada personaje, Pato debe lidiar con los equipos de cada canal. El año pasado, un chiquillo muy joven de producción le trajo a una cantante de la competencia internacional 8 horas antes de que saliera al escenario para que la arreglara, «le dije al joven que se la llevara y partió a acusarme con su jefe de Canal 13». Sabiamente, los jefes dijeron, «hazle caso al Pato, él sabe más que cualquiera de nosotros», y se ríe.
Si bien reconoce que es un tremendo honor ser el peluquero oficial del Festival, Pato lamenta no haber tenido vacaciones en 30 años, sólo viaja por negocios y ni siquiera descansó cuando lo operaron del corazón el verano pasado. Por esto, el peluquero top confiesa que le encantaría un reconocimiento, «me gustaría que me dieran una Gaviota, aunque sea de cartón. Sería muy lindo», dice emocionado.
-«En 30 años no me he tomado vacaciones por el Festival. Me gustaría que me dieran una Gaviota, sería lindo un reconocimiento».
-¿Quiere tener el pelo de la Bolocco?
Si usted siempre soñó con tener la melena platinada de Rafaella Carrá, le fascina el look de Cher o inclusive alucina con los rulos de Leonardo Farkas, el lugar indicado para cumplir sus fantasías es en la peluquería de Pato Araya, donde encontrará una habitación con cientos de cajas especialmente dedicadas a pelucas y postizos que imitan los cabelleras de las estrellas más conocidas de Chile y el mundo.
Otro de los servicios más solicitados en la peluquería de Pato son las extensiones. Desde que Cecilia Bolocco animó el Festival de Viña 2002 con una amplia caballera rubia, todas las chilenas quisieron llevar el pelo largo «a Cecilia le puse extensiones tan largas para abrigarle más la espalda. Ella estaba feliz».
Para que el pelo luzca natural, Pato le corta un mechón de pelo a sus clientas y manda a pedir el material a Estados Unidos. Una vez que llegan las extensiones, los peluqueros tiñen el pelo importado hasta dar con el mismo tono del pelo de sus clientas.
-«No me gusta nadie de la TV»
P ato Araya se caracteriza por ser brutalmente honesto. Por eso, reconoce que de todos los personajes que hoy están en pantalla, no considera a ninguno estiloso, «en la televisión hay mujeres y hombres de mal gusto. Hay mucho lucimiento de cuerpo y el talento no vale, no aportan nada. No los nombro porque después las mamás se ponen agresivas».
Una de sus críticas más severas es hacia el estilo de las animadoras, «todas se ven iguales. La gracia es innovar, inclusive a Cecilia Bolocco ya le conocemos el peinado de memoria, puedo arreglarla a oscuras».
Para Pato, la única que ha destacado siempre es Raquel, «ella es una mujer audaz, siempre ha sido vanguardista y eso para un peluquero es fantástico». Además, el estilista asegura que gracias a la Argandoña las mujeres mayores de 50 se atreven a llevar el pelo hasta los hombros, «ella entrega las tendencias a las chilenas», dice muy orgulloso.


