Hermanos chilenos crearon la mejor comunidad de tecnología del mundo
Varios de sus alumnos han diseñado negocios desde cero usando estas nuevas herramientas.
Dos hermanos chilenos se han transformado en referencia mundial sobre cómo trabajar con inteligencia artificial. Benjamín y Max Cordero fundaron Imperio Agéntico, comunidad en español donde 2.600 personas pagan US$59 mensuales para aprender a usar agentes de IA en sus negocios y trabajos.
En junio terminaron primeros en la categoría de tecnología de los Skool Games, la competencia de Skool, la plataforma del empresario estadounidense Alex Hormozi que mide el crecimiento real de las comunidades de pago: superaron a más de 2.000 rivales, casi todos en inglés, y quedaron segundos a nivel general entre más de 190.000 (skool.com, https://s.lun.com/sko647).
«Es la primera vez que un hispanohablante gana este premio en tecnología desde la fundación de la plataforma. Partimos octavos en el mundo y en dos semanas los pasamos a todos», destaca Benjamín. El 1 de agosto recibirán la distinción en Los Ángeles de manos del propio Hormozi y de Sam Ovens, creador de Skool.
Nueva generación
Ojo: estamos en un momento importante, pues acaba de salir una nueva generación de inteligencia artificial.
Hasta ahora, programas como ChatGPT funcionaban como un chat: uno pregunta, ellos contestan. Los nuevos trabajan solos: se les encarga una tarea, como armar una página web o encontrar fallas de seguridad en una empresa, y la terminan sin ayuda tras horas de trabajo. Son tan potentes que el gobierno de Estados Unidos los revisó durante semanas antes de permitir que fueran liberados al público, por miedo a que se usen para atacar sistemas informáticos. Son GPT-5.6, de OpenAI, y Claude Fable 5, de Anthropic, y desde esta semana ya se pueden usar.
Los Cordero conviven a diario con lo que estas IA hacen durante una jornada laboral. «Nuestra empresa la operan más agentes de IA que personas. Tenemos cuatro computadores corriendo agentes 24/7 hace meses: uno indexa todo lo que pasa en la comunidad, otro es un scout que cada hora rastrea tendencias, otro audita qué contenido nuestro quedó obsoleto y el cuarto construye», detalla Max. «En la mañana revisamos lo que las máquinas dejaron listo durante la noche, aprobamos o corregimos y les damos la lista del día. Trabajamos hartas horas todavía, pero de otra manera: ya casi no operamos, dirigimos».
Benjamín, ¿quiénes corren más riesgo y quiénes salen ganando con la IA en el mercado laboral chileno?
«Nos tocó el momento en el que los cargos se derriten, porque la inteligencia artificial no compite con personas, compite con tareas. Lo que queda expuesto es la parte repetible de cualquier oficio: digitar, agendar, redactar, contestar lo básico. Eso los agentes ya lo hacen hoy. Y lo que se vuelve más valioso es justo lo que no se puede delegar: el criterio. El contador que sólo digita está en riesgo; el que pone agentes a digitar y se dedica a asesorar, atiende el triple. Al gásfiter no lo reemplaza nadie, y si le suma un agente que agenda y cotiza, le gana a su competencia sin contratar a nadie».
¿Una persona sin ninguna base técnica puede armar una aplicación vendible?
«Sí, y esa es nuestra tesis central: si puedes escribir, puedes construir. Hoy las herramientas de IA resuelven el código por ti; tú describes en español lo que quieres y diriges como un director de obra. Con dedicación real, una o dos horas al día, en dos a cuatro semanas estás entregando tu primer proyecto simple y cobrable, y en dos o tres meses cosas serias. Lo que no desaparece es el criterio: la IA pone las manos, tú pones el qué y el para quién. En la comunidad hay contadores, kinesiólogos, cabros de 16 años y gente de 60 sin una línea de código encima publicando resultados».
Tres negocios nuevos
Benjamín Cordero lanza una advertencia: «La IA es una herramienta, no un negocio. Es como decir aprendí Excel: nadie te paga por saber Excel, te pagan por lo que haces con él». Max suma un detalle: «Hay que empaquetar lo que ya sabes. El contador o la nutricionista que mete IA a su propio oficio no compite con la IA, cobra más por entregar más». Bajo esta lógica, estos son algunos de los nuevos trabajos que han aparecido dentro de su comunidad.
Agentes de WhatsApp para negocios locales. La IA permite implementar programas que contestan al segundo y a cualquier hora los mensajes que recibe una clínica, una barbería o un almacén: entrega precios, agenda horas y hace seguimiento. Se cobra entre 500 y 1.500 dólares por la instalación, más una mensualidad de US$ 100 a 150. Reito, un miembro de Imperio Agéntico, cerró un trato de este tipo con una clínica dental por US$ 1.000 más US $147 al mes.
Recuperación de clientes. «Toda pyme tiene un cementerio de clientes fríos en su base», dice Benjamín. El sistema los contacta, los califica y los agenda. Se cobra una tarifa mensual de US$500 a 2.000, según el retorno que reciba cada cliente. Tomás, un miembro argentino, le generó US$ 8.000 en un mes a una empresa de asistencia domiciliaria con este sistema.
Apps y productos digitales sin saber programar. La persona describe en español lo que quiere y la IA escribe el código. Un miembro le construyó la tienda online a su sicóloga por US$1.000, con catálogo y pagos, en unas horas. Se cobra por proyecto, de US$ 500 a 3.000, o por suscripción.


