La mezcla base, en general, no sabe bien: así se puede disimular
El modelo Blend Up de Moulinex trae un potente motor de 1.000 watts que puede moler hasta hielo.
De algún modo estamos en la era de la proteinificación: prácticamente a todo se le están agregando proteínas, incluso al agua mineral y las papas fritas. No es solo marketing: detrás hay una subcultura que busca comer cosas ricas, pero que aporten.
Según el informe «The 2025 Protein Profile», elaborado por Cargill, una de las mayores compañías agroalimentarias del mundo, 61% de los encuestados declaró que quiere aumentar su consumo de este macronutriente, mientras 52% reconoció haber probado un alimento con proteínas después de verlo en redes sociales.
Perdonando quizás la ligereza, antes de que la proteína se volviera una moda y estuviera presente en prácticamente todas las góndolas, quienes querían suplementarse, más allá de la carne, lo hacían principalmente a través de batidos. Quizás si usted tuvo una fase fitness se compró un tarro, lo mezcló como si fuera un martini y, probablemente, le vino el asco ahí mismo. Es que hay un secreto: para que esa mezcla proteica tenga un mejor sabor conviene usar la licuadora. Así se le puede agregar fruta congelada, yogur y ese polvito, que rara vez sabe bien, disimula su gusto.
Fórmula habitual
Natalia Díaz (@nati_diaza) kinesióloga y entrenadora, sabe que la rutina no se sostiene con sacrificios eternos. «Para establecer hábitos saludables tienes que hacerte la vida fácil», define. Por eso valora una licuadora potente.
En su caso usa la Moulinex Blend Up para procesar ingredientes sólidos: destaca que es rápida y trae recipientes transportables para los batidos de proteína, que son parte de su rutina. Toma al menos dos al día: uno en la mañana, corriendo entre sesiones, y otro en la tarde. Su fórmula habitual incluye fruta, proteína y a veces creatina. Lo mezcla todo y en segundos está listo. «Depende de cómo venga el día, a veces le pongo yogur, otras leche vegetal».
Díaz se despierta a las cinco de la mañana, entrena, trabaja y no tiene tiempo para lavar cada utensilio que usa, pero la licuadora cuenta con un botón para hacer eso en automático. «Le echo un poco de agua, aprieto el botón de limpieza y se limpia sola», valora. «Antes, si algo era engorroso de lavar, lo dejaba de usar. Con esta licuadora no me complica. Me ahorro el trámite y sigo con mi día».
El batido, cuenta, no sólo se puede tomar después de entrenar. «Es increíble cómo en un solo batido puedes incluir todos los macronutrientes que necesitas: proteínas, grasas y carbohidratos».
¿Algún consejo para alguien que se quiera animar a preparar batidos con la licuadora?
«Que comience con lo más simple. No se necesitan mil ingredientes: con una fruta, algo de líquido y un extra nutritivo ya tienes un batido. Por ejemplo, plátano, agua o leche vegetal y una medida de proteína. Es bueno usar la licuadora para explorar sabores, ahorrar tiempo y nutrirse mejor sin complicaciones. Lo ideal es que sea parte de tu rutina: después de entrenar, como desayuno o snack. Lo importante es que lo hagas fácil, rico y constante. El cuerpo lo va a notar».
Carolina Matus es emprendedora. Su marca Fitkery se enfoca en la venta de mantequillas de maní y barritas energéticas, y su relación con la proteína es más cotidiana que técnica. La consume todos los días y, como muchos, aprendió que no basta con disolverla en agua para que el batido funcione.
«Uso harto la licuadora personal, porque en la típica botella con resorte los batidos no quedan bien», advierte. «Por mucho que uno la agite, igual quedan grumos, y además no puedes salir de la receta base que es agua o leche con proteína. En cambio, en la licuadora puedes agregar más cosas: mantequilla de maní, fruta, yogur, chía».
La diferencia, dice, no es solo en la textura sino también en el sabor. «Las proteínas en polvo, aunque digan que son de cookies and cream o de manjar, igual saben a polvo. O las veganas, a arveja. A mí me cargan esas que prometen ser como salted caramel y no tienen gusto a nada. Por eso siempre les echo algo: un poco de mantequilla de maní, unas gotitas de endulzante, fruta. Así se disimula».
Cambio cultural
La irrupción de las licuadoras personales no solo tiene que ver con la textura y el sabor: también con un nuevo tipo de usuario. Ana Parra, product manager de Moulinex, explica que «cada vez hay más personas que viven solas, en espacios pequeños, con poco tiempo y que no necesitan una licuadora grande».
La marca lanzó hace una semana la Blend Up, un modelo compacto que funciona con vasos portátiles y tiene un motor de 1.000 watts, suficiente para picar hielo o frutos secos. «Tiene ocho programas automáticos, como smoothies, sopas frías, dips, batidos y uno para autolimpieza. Aprietas un botón y puedes seguir haciendo otras cosas mientras corre el ciclo, que dura un minuto».
Parra subraya que la demanda por este tipo de electrodomésticos creció no solo por el espacio o la practicidad, sino por un cambio cultural. «Después de la pandemia hubo un boom en el consumo de proteínas, batidos verdes, vitaminas. Y eso se cruzó con una transformación demográfica: menos familias grandes, más adultos solos, más conciencia sobre lo que comemos. Esta licuadora está pensada para esa persona que vive sola, entrena y quiere algo rápido que no ocupe media cocina».
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