No cumplirían con la cantidad de bacterias necesarias para serlo, pero no se sabe si se respetó el método científico para establecerlo.
Al menos una cosa se puede sacar en limpio tras la jornada de ayer. Y es que el yogur, se llama yogur. No yogurt, ni yogurth ni ninguna otra forma de escribir.
Porque así consta en la definición que está en el Reglamento Sanitario de Alimentos del ministerio de Salud (ver apunte), aunque las etiquetas de los productos que se venden digan otra cosa.
Lo que sí quedó bajo sospecha, es si es que lo que viene dentro de esos envases es o no es yogur.
Y todo porque la Organización de Consumidores y Usuarios (Odecu) mostró un estudio de nueve de estos productos y resultó que ninguno de ellos cumplió con lo que el citado reglamento exige para que sea yogur.
«No lo son. Cumplen con varios parámetros, pero no con el principal, que es el que hace que la leche sea yogur», dijo con convicción el presidente de la Odecu, Stefan Larenas.
El problema sería que no tiene la cantidad requerida por la ley de bacterias que transforman la leche.
«Les falta la cepa del yogur, lo que comúnmente se llama el bichito o el pajarito», aclaró Larenas, y definió a estos productos como «leche ácida con sabor a frutas».
«Estamos frente a un engaño, porque el médico le dice que se tome uno para la flora intestinal y resulta que en realidad no le produce nada», aclaró.
Las muestras fueron nueve yogures de Calán, Colún, Nestlé, Soprole, Surlat, Parmalat, Soprole y Yoplait que compraron en supermercados y los llevaron al Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos, el INTA, de la Universidad de Chile.
Con este golpe, al mediodía de ayer, parecía que el yogur caía en el descrédito público y, más aún, ninguna de las empresas aludidas quiso decir algo a favor de ellos y restituirles la honra.
El único que levantó la voz fue justamente el INTA, que trabaja con varias de estas lecheras certificándoles la calidad de sus productos, y aclaró que ellos no han hecho ningún estudio de calidad de yogures, pero sí reconocieron un «análisis microbiológico» solicitado por Odecu que correspondió a «muestras líquidas con rotulación ‘yogurt batido', ‘yogurt descremado diet' y ‘yogurt diet».
El problema, según el profesor Luis Valladares, director subrogante del INTA, es que «se desconoce el sistema de muestreo, el manejo de transporte de las muestras y si se mantuvo la cadena de frío en el local de ventas, todos factores que pueden alterar de forma importante la presencia de bacterias lácticas».
El académico, en todo caso, no desmintió los resultados del estudio, en cuanto a que no era yogur, pero dijo que «no se puede extrapolar los resultados individuales a todos los productos del mercado».
Definición por ley
El artículo 220 del Reglamento Sanitario de Alimentos del ministerio de Salud define un yogur como el producto lácteo coagulado obtenido por fermentación láctea mediante la acción de Lactobacilus bulgaricus y Streptococus thermophilus.
Los microorganismos lácticos presentes en el producto final deberán ser viables y en cantidad superior a 10e6 UFC/g3.
Conclusiones
Las tres principales conclusiones del estudio de la Organización de Consumidores y Usuarios de Chile sobre los yogures son que:
-Los productos analizados poseen la calidad nutricional de yogur en el contenido de acidez, materia grasa, proteínas e hidratos de carbono.
-Los estudios para evaluar los criterios microbiológicos determinaron que los productos son inofensivos para la salud.
-Los análisis microbiológicos determinaron también que los productos analizados no contienen los cultivos lácteos inherentes a su composición.
178.215 litros de yogur se produjeron en Chile durante el año 2008, según la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias del ministerio de Salud.


