Arley Méndez cuenta cómo es su vida actual luego de varios años irregulares
El pesista volvió a colgarse una medalla planetaria luego de siete años, tras varias temporadas luchando por recuperar sus mejores bríos. Reconoce el papel clave de su señora, la ex judoca Antonia Galleguillos.
Han pasado casi dos meses desde que Arley Méndez (31) dejó su pequeña casa en Ancud, donde vive hace cuatro años junto a su familia. Se fue casi en silencio, dejando el frío de la isla chilota para venir a Santiago a prepararse:con el fin de competir primero en el Nacional y luego en el Mundial de Førde, Noruega.
Dice que viajó tranquilo a Europa, sin presiones, sin prometer nada. Sus últimas temporadas habían sido discretas.
Por eso, cuando el martes pasado logró la medalla de plata en arranque de la categoría 88 kilos, al levantar 172 kilos, más de uno se sorprendió. Incluso, él mismo: «Cuando terminé la competencia estaba con un poquito de duda, sabía que había sido un arranque bueno, pero conocía a los atletas que estaban en la final A, donde varios pasaban esa marca. Yo estaba en la final B (N. de la R: donde compiten usualmente los que no tienen chance de podio). Pero así son las competencias, y a ellos les tocó fallar ahora», admite.
Han sido muchos años difíciles, Arley….
«Sí, un poquito complicados, con altos y bajos. Pero nada, siempre saliendo adelante, siempre trabajando tranquilo, callado. Y bueno, así salen los resultados al final de la jornada».
Pasaron siete años desde su última medalla mundial, ¿esta le hace pensar que aún hay Arley para rato?
«Aunque en 2018 gané oro en arranque en Turkmenistán, la mayoría se quedó con las tres de oro del Mundial de Anaheim 2017, así que tengo cinco medallas a este nivel. Pero estuve tanto tiempo fuera de un podio mundial, que pensé que ya no daba la talla a nivel internacional. Pero mira: aquí se ratifica que sí, que todavía queda mucho por dar, aunque no soy tan joven tampoco, ya casi tengo 32 años».
¿Se proyecta para Los Angeles 2028?
«Queda todavía mucho tiempo para esos Juegos, y no se sabe cómo va a ser la clasificación. Aunque hay atletas que han competido con 37 o 38 años, quiero ir paso a paso, año tras año. No quiero pasarme películas, seguiré entrenando y veremos qué sucede hasta entonces».
¿Cómo es su vida en Ancud?
«Vivo con mi señora y mis tres hijos: el mayor ya tiene 10 años, el del medio, 4; y la niña ya tiene 2 años. La vida allá es completamente casera, la isla es muy bacán, tranquila, uno puede salir a pescar tranquilo. Por eso mismo me fui para allá».
Como cubano de nacimiento, extrañaba vivir en una isla, por lo visto.
«Sí, jajajá. Y llueve como cojones también allá, pero es buena la vida, solamente hay que adaptarse. Ya vivo cuatro años allá, alejado de todas las cosas malas».
¿Que Santiago tenía?
«Sí, Santiago me tenía un poco colapsado».
¿Qué le hizo colapsar?
«En sí no fue Santiago, sino lo que me pasó en Santiago. Ahí dije: Necesito darle un cambio a mi vida. Y decidí irme a la isla. Fue eso, ¿me entiende? Dejar todo lo malo atrás y empezar de nuevo».
¿Siente que cometió algunos errores que le hicieron estancarse?
«No digo que tantos errores, la verdad. Son cosas que al final pasan como atleta. Tuve una lesión grave y no la traté como debería, no descansé, me frustré y entré en todo el tema depresivo, y eso me quitó las ilusiones».
Y entremedio también tuvo esa breve suspensión por la marihuana.
«Sí, eso fue antes de Tokio 2020, pero ya está superado».
¿Y cómo está ahora mentalmente?
«Siempre estoy bien, la verdad, aunque a veces me dan mis loqueras. Pero estoy relajado, tranquilo y dispuesto para lo mío».
¿Cómo son esas loqueras que le dan eventualmente?
«A veces cuando no me salen las cosas en los entrenamientos, me frustro, y digo: Ya, chao con esto, no doy más. Pero luego se me pasa y entiendo que son cosas del momento. No somos robots».
¿Y en esos momentos se refugia en su familia o en el psicólogo?
«No, yo soy mi propio psicólogo, la verdad. Últimamente soy mi propio psicólogo, si no te puedes ayudar tú mismo, ¿quién más lo va a hacer? Hay que poner de nuestra parte, porque así venga el mejor psicólogo no vas a progresar, y eso hice».
¿Y con qué entrenador trabaja en Ancud?
«Entreno solo, en el pequeño gimnasio que hice en mi casa. Y antes de cada evento importante viajo a Santiago a entrenar con la Selección, como hice ahora, que ya llevo dos meses fuera de mi casa».
¿En estos momentos es su señora quien se encarga de la casa, de los niños?
«La verdad es que sí, ella es la mejor. No es fácil aguantarme, llevo dos meses trabajando fuera, porque este es mi trabajo. Y ella está allá encargada de mis muchachos, cosas de la casa, de los perros que tenemos… Es complicado, pero ella también estuvo en el deporte y entiendo bien cómo es esto».
¿Su señora es su cable a tierra, entonces?
«Sí, Antonia (Galleguillos) es lo mejor que me pudo pasar. De hecho, cuando estuve depresivo por lo que me pasó antes de Tokio estuvo ahí, no se cansó de mí. Ha estado cuando hemos pasado momentos malos y había que comer pan con aceite, siempre estuvo ahí».
¿Eso fue cuando perdió la beca Proddar?
«Sí, entre 2021 o 2022 y 2024 no la tuve. Ahí me buscaba la vida haciendo trabajitos, clínicas, y así salimos adelante».


