Si tiene pareja y hace match en Tinder simplemente tendrá que hacer las maletas si le pillan
Bajo ciertos contextos, un corazón rojo tiene el mismo efecto que una membresía en Tinder.
Hernán lleva una relación de cuatro años, con algunas interrupciones. «Hemos tenido altos y bajos, aunque las principales crisis han sido por interacciones en redes sociales», dice este profesor de música de 42 años, quien debió adaptarse a los códigos digitales. «Lo peor ocurrió cuando una amiga en Facebook respondió con un corazón a un comentario mío de otra cosa nada qué ver. Solo por eso, mi pareja pensó que le estaba siendo infiel», detalla. Este caso refleja los códigos que regulan las relaciones de pareja, cada vez más marcadas por las interacciones afectivas en redes sociales y plataformas de citas.
Tinder infiel
Un ejemplo de esto fue el desenlace de la relación entre Yuli Cagna y Vico Bouvier, porque la influencer descubrió que él había abierto una cuenta de Tinder, presuponiendo que se trataba de un gesto contra la continuidad de la relación, un síntoma digital de infidelidad. «Se puede ser infiel hasta con un simple like, depende de a qué le estés dando like y depende de cómo lo entiende tu compañero o compañera; pero si lo tratamos de simplificar y pensamos en cómo entiende hoy el ciudadano de a pie las redes sociales, claramente un like es ser infiel», asevera Rodrigo Maulén, consultor en tecnología.
Valor social
Se tiene que ser fiel en la intimidad y parecer fiel también en las redes sociales. El experto en márketing digital recuerda que «en los inicios de las redes sociales y desde la perspectiva de los usuarios, en el origen nunca pensamos en el valor que tendría una interacción. A diferencia de hoy, que tiene un valor en las relaciones dado el grado de exposición que puede llegar a tener una persona».
El like
Paz Crisóstomo, doctora en investigación de medios y académica de la Universidad Finis Terrae (UFT), aporta que «un me gusta en Instagram no se traduce como un me gusta en Tinder. Aunque el movimiento parece idéntico, ya sea un like o un emoji, el contexto marca toda la diferencia». Añade que «cada plataforma tiene sus propios códigos de expresión emocional y su propio campo unificado para jugar. En una red social, un signo mínimo puede tomarse como un evidente avance, mientras que en otra lleva una intención emocional».
Paradoja
En este contexto surge la paradoja de la elección. La académica la define así: «Mientras más opciones tenemos, más difícil se vuelve elegir. Las redes sociales nos prometen libertad, pero también nos sobreexponen a decisiones emocionales constantes. Por eso, en lo digital, no basta con leer el gesto, hay que entender la plataforma que le da sentido.
Confianza y madurez
Si lo pensamos desde las relaciones como tal, añade Rodrigo Maulén, «hay elementos como la madurez, la confianza en el otro que te permiten decir lo que haces y lo que piensas con honestidad y de frente. Lo que hace que la comunicación tanto físico como digital que tienes con otros tenga un cable a tierra de cara a tu pareja».
Amor algorítmico
Paz Crisóstomo, de la UFT, plantea que «hoy el afecto no solo se genera entre personas; también puede ser producido por algoritmos, interfaces y lógicas de visibilidad. Nos conectamos en lugares donde la atención y el afecto pueden convertirse en un recurso estratégico. Seguir estos códigos no es simplemente una cuestión de autenticidad digital: de alguna manera guía, al menos con algo de autocomprensión, a través de la complejidad emocional de nuestra existencia conectada».
¿Neutralidad?
Crisóstomo advierte que «las plataformas no son neutrales. Están diseñadas para guiar nuestra atención, modular nuestras interacciones y traducir vínculos en métricas. En ese diseño también se codifican las formas de vincularse: a quién se responde, cómo se espera gustar, cuándo se interpreta el silencio como rechazo. Las mismas acciones digitales tienen sentidos distintos según el entorno donde se realizan».
Más infidelidades
Una manera de explicar por qué las infidelidades digitales importan tanto la tiene una investigación publicada por la «Revista Americana de Terapia Familiar», que concluyó que las interacciones en redes sociales -puntualmente Facebook- aumentan las probabilidades de infidelidad. «Pueden promover comportamientos perjudiciales para las relaciones, como el coqueteo, compartir detalles íntimos, establecer intimidad emocional y tener aventuras sexuales», especifica el estudio (https://acortar.link/D9mNdn).
Privado=público
«El exceso de exposición ha provocado que lo privado no exista, que vivamos bajo una cultura constante de la imagen y la apariencia, y que increíblemente modela una cultura como un todo homogéneo siendo una red de rasgos donde idiomas, costumbres, valores, símbolos y tecnologías unifican el comportamiento, validando y dando espacio a acciones como estás, el engaño», recalca Rodrigo Maulén.


