Proyecto 1000 Genomas suma a 20 universidades de todo Chile
Primer balance de iniciativa que busca armar inventario genético de 549 especies locales.
El proyecto 1000 Genomas entregó su primer balance tras un año de trabajo. Es el esfuerzo científico más amplio de este tipo en Chile: 79 investigadores de 20 universidades y centros de 15 regiones con la meta de secuenciar el ADN de 549 especies y armar el inventario genético más completo de la biodiversidad nacional.
La novedad está en el mar. Entre las especies priorizadas aparecen el jurel, el loco y el erizo. Todas son recursos pesqueros clave para Chile y también para el comercio internacional.
Lectura genética
La doctora Leyla Cárdenas, decana de la Facultad de Ciencias de la Universidad Austral, lidera el grupo de especies marinas: destaca los avances en la lectura genética del jurel, cuya explotación en el océano Pacífico está regulada mediante acuerdos internacionales que ha suscrito Chile.
El equipo de la Universidad de Concepción, explica, lleva años trabajando con esta pesquería y que ahora se abren datos nuevos: «Entre las novedades está la determinación de genes ligados al sexo, lo que podría servir para determinar con certeza el estado de las poblaciones y los riesgos de la pesquería».
Esa información puede definir el nivel real de conectividad: si se comprueba que existen grupos distintos en el Pacífico, el manejo de las cuotas tendría que adaptarse.
La misma lógica se aplica a otros recursos- «El conocimiento del genoma de especies como el loco, el erizo o el jurel ayudará con herramientas precisas para determinar la estructura espacial de sus poblaciones y la delimitación de poblaciones, un desafío tremendo en el mar», señala.
En el mar esa información aún falta, y de ella depende definir cuotas y vedas con mayor certeza y precisión.
Bioequilibrio
Para Miguel Pardo, biólogo marino y asesor del grupo que estudia los invertebrados, el balance muestra equilibrio entre especies: «Es una buena mezcla entre especies que tienen problemas de conservación, donde es urgente la necesidad de conocimiento para poder manejarlas, y especies de importancia comercial, que claramente también necesitamos ayudar con información para que el manejo se haga en base al conocimiento».
El trabajo también se concentra en invertebrados que viven en ecosistemas australes. Cárdenas destaca el caso de los corales blandos de agua fría: «Estos organismos están adaptados a ambientes extremos fríos y han evolucionado allí generando una biodiversidad que aún no conocemos».
Un estudio publicado en 2024 por su grupo de la Universidad Austral ya había documentado diferencias genéticas claras entre corales del género Alcyonium en la Patagonia, las Falklands y la Antártica.
La investigación identificó cuatro linajes distintos y una divergencia que comenzó hace 41 millones de años, en paralelo con la apertura del Paso Drake. Es un dato que ayuda a explicar cómo se formó la biodiversidad marina en el extremo sur.
Red de alcance
El programa 1000 Genomas es coordinado por el Instituto Milenio Centro de Regulación del Genoma. En su primer año, además del jurel, el loco y el erizo, se inició la lectura genética de especies emblemáticas como el pudú, el huemul, el picaflor de Juan Fernández, el pingüino de Magallanes y la estrella de mar.
Los científicos usan distintas máquinas para leer el ADN. Unas permiten obtener fragmentos muy largos, otras piezas más cortas pero exactas; después combinan esa información con datos sobre cómo funcionan los genes.
Así logran armar secuencias completas y confiables, que sirven como base para estudios de evolución, conservación y biotecnología.
El proyecto es parte del Earth BioGenome Project, la iniciativa global que quiere secuenciar el ADN de todas las especies con núcleo celular en el planeta, y mantiene vínculos con programas como el European Reference Genome Atlas, que genera genomas de referencia en Europa, y Tara Oceans, la expedición científica que estudia la biodiversidad del plancton en los mares.


