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Autor de la Foto: LUIS QUINTEROS
Título/Pie de foto: «Teniendo el título uno puede hacer mucho después», subraya José Miguel Alvear.
Cuando la segunda opción de carrera es la mejor apuesta
Sicóloga da tips para reinventarse en otra área o ganar tiempo.
Jimmy Gavilán
Si el puntaje no alcanza para la carrera soñada, a veces una puerta se abre. Y algunos dan justo en el blanco con sus segundas opciones. Es el caso de Katherine Digmann (28): quería estudiar Medicina, no le alcanzó en la PSU y hoy es cirujana dentista. «Una amiga de mi mamá me dijo que tenía habilidades, pero nunca me lo había planteado. ¿Meterme en la boca hedionda de una persona? ¡No! Postulé por si acaso, quedé y fue amor a primera vista».
Algunos de sus compañeros se cambiaron internamente a Medicina o abandonaron casi al 4° año, cuando les tocó atender pacientes. Katherine se mantuvo firme y hoy trabaja en Calama: «Para estudiar Medicina necesitas memoria y nada más. Para Odontología se necesita sicología, habilidad, y memoria. Son más cosas con las que lidiar».
¿Qué pasa si uno no queda en su primera opción? La sicóloga Paula Meric da tips: 1) Si se quiere entrar a una carrera para moverse después a otra, hay que asegurarse de tener las habilidades para pasar los ramos, ojalá con buenas notas. 2) Si la brújula no está muy clara, mejor un bachillerato: «Es más amplio y se pueden mostrar las habilidades que realmente se tienen». 3) Olvidarse de la palabra fracaso: «Hay que preguntarse cuáles eran las expectativas: ¿prestigio?, ¿estatus social?».
Es el caso de José Miguel Alvear (24), ingeniero en computación de la U. Central . En 2008 dio la PSU con la idea de estudiar Tecnología Médica, pero el corte lo dejó fuera. Su 2ª opción era la informática: hoy trabaja como analista de sistemas y programador, y está a punto de comenzar un posgrado en la UC. «No pienso que fuese un fracaso porque siempre he tenido en mente que el posgrado lo haría en algo que me gustara».
«Siempre quise estudiar Arquitectura, pero Diseño es la cumbia . Estudié en un colegio emblemático y mis notas eran bajas para quedar». Este fue el escollo del hoy diseñador Alberto Ortega (31), quien siempre se vio estudiado algo artístico. «Lo más tradicional era Arquitectura; es la carrera que genera más seguridad, entre comillas, al momento de elegir. Pero estando adentro, comprendes que es otra cosa y que uno se mueve mucho por la idealización de las carreras tradicionales».


