Mega ya hizo El señor de la Querencia y hoy tiene al aire Amores de mercado
Me parecen un desperdicio, un gran error, con la brújula puesta en lo comercial, solamente en el dinero, opina el recordado actor.
Hoy tiene 78 años. Entre 1995 y 2005 fue parte de los años dorados de las producciones dramáticas de TVN. Dio vida al malvado gitano Drago, en «Romané», al melodramático farmacéutico Segundo, casado con Olguita Marina, en «Sucupira», y al payaso Lindorfo Mondaca en «El circo de las Montini». Hablamos del recordado José Soza, quien afirma que hoy casi no ve televisión y quien critica fuertemente los remakes que esta realizado Mega con exitosas producciones como «El señor de la Querencia» y «Amores de mercado».
Diversificado como actor, este año Soza estrenó algunas películas, entre ellas, «Años salvajes», exhibida en noviembre durante el Festival de Cine de Viña del Mar y acaba de terminar de grabar la serie «Bíobio», en la que realiza el papel de un arzobispo. Aparte de eso, grabó hace algunos días el videoclip de la canción «Amor eterno», del grupo El Bloque 8. «Cuando me presentaron la idea (del videoclip) aceptaron que aportara algunas propuestas para el desarrollo del personaje. Estoy acostumbrado a trabajar de esa forma. Interpreto a un un abuelo en su casa con sus nietos, creo que es un rol muy emotivo. No teníamos material escrito, sino solamente la historia de la canción que aborda ese amor por la madre que puede confundirse con el romántico», cuenta.
¿Qué le pareció?
«Esta es mi primera experiencia en un video clip. Resultó muy agradable, porque mi manera de trabajar siempre es en equipo y fui muy bien recibido por todos e incluso recordaban mis personajes, jajajá. Entre todos fuimos haciendo aportes».
Usted fue parte de teleseries emblemáticas de TVN ¿qué le parecen los remakes que está haciendo Mega?
«Me parecen un desperdicio, un gran error, con la brújula puesta en lo comercial, solamente en el dinero. Hacer un remake es como representar una obra de teatro, si no se tiene la capacidad y los medios para adentrarse profundamente, no se tendrán buenos resultados. Los que conocen la original, la criticarán. Ahora, hay público para todo? hay mucho público para los realitys shows, por ejemplo, grandes personajes idiotas que no sé qué nos pueden brindar, además de un esquema tan pobre».
¿Parece que no tiene mucho interés en volver a la televisión?
«Me sigue interesando, ha sido una plataforma muy importante en mi carrera. Tuve la oportunidad de trabajar con un equipo fantástico, en un momento tremendo, en el cual nos sumergimos en lo más representativo del alma chilena, con entrañables personajes en teleseries muy cuidadas, con diversas locaciones exteriores y un elenco que estudiaba harto. En lo que alcancé a ver, luego de ser expulsado de TVN por viejo, me di cuenta que ya no existía el interés, ni rigor y tampoco el cariño de hacer televisión, descuidando los guiones, con excepciones, y también las locaciones exteriores. Estas últimas son importantes para que la historia no resulte precaria.
Era muy distinto a lo actual
Teníamos tiempo para investigar los personajes, que es parte insoslayable de mi trabajo. Nos instalábamos en un lugar, por ejemplo, en Antofagasta, y estudiábamos la vida en las salitreras. El teatro de todas maneras está en mis intereses para este 2025, también el cine, las series y, ojalá, una buena teleserie, pero no creo que vengan por ahí los ofrecimientos».
¿Percibe esas falencias en las producciones actuales?
«No podría asegurarlo, porque no estoy en ellas. Yo, casi no veo televisión, pero sí, por los comentarios que me hacen algunas personas. Sinceramente, no soy televisivo, quizás porque la televisión llegó a mi vida muy tarde, para mi familia era muy cara y yo vivía en Talca. Tenía otros intereses, que estaban más cerca de lo artístico, lo que me interesó siempre fue el teatro».
¿Cómo se acercó al mundo del teatro?
«Me formé primero en una academia como estudiante aficionado en Talca, ahí aprendí el estudio y la observación de los personajes. Mi primera obra fue «Ánimas de día claro», recibí en un festival de Concepción el premio a mejor actor interpretando a Eulogio, el que se relaciona con las ánimas. Eso fue reforzado con grandes profesores que tuve en la Universidad de Chile, tras llegar a Santiago en 1967. Me vine con una guitarra, fantasías y si no quedaba, ya había estudiado electricidad, lo que me permitió mantenerme. Pese a que quedé, ejercí como electricista en teatros, por ejemplo, en el de Silvia Piñeiro, en paralelo a mis estudios universitarios, además tenía becas, todo para conseguir mantenerme, porque mi sueldo era bien miserable».


