Usía, pasada ya la batahola inicial, y despejados el polvillo y la paja que, por aquí y por allá, se levantó a raíz de la delicada filtración verificada hace ya un rato largo en internet, hemos podido por fin realizar una muy detenida y necesaria inspección ocular, con las consiguientes vistas y revistas, ya imaginará usted, de las pruebas visuales expuestas fugazmente en la web. Es así que, en atención a vuestras tan bien dispuestas carnaciones, coloraturas dérmicas, tonicidad muscular, irisaciones, bronceado, y a la muy alta calidad general del diseño corpóreo, hemos venido en concluir lo siguiente:
Primero, que sus magistradas curvas, estimada jueza Venegas, se encuentran exoneradas por completo de todo asomo de delito vinculado a la flaccidez, celulitis, piel de naranja, así como eximidas de cualquier asomo de vellosidades sitas en lugares impropios y otras faltas mayores y menores.
Segundo, que, dado el semblante fresco y lozano allí exhibido, se presupone en usted una muy saludable disposición a disfrutar del sol, del agua, del aire libre y de las piñas coladas, cualidades humanas que acompañan de modo razonable la juvenil condición de su jurídica persona.
Así las cosas, Usía, nuestro veredicto unánime es que nos encontramos en presencia de una magistrada claramente deleitosa, bien manufacturada y libre de prejuicios, capaz de disfrutar de sus vacaciones sin remilgos ni chilenadas innecesarias. Es decir que nos hallamos frente a alguien que, por sus hechuras, bien podría asumir hoy mismo la presidencia de la Corte Suprema, si primase en dicha decisión el buen juicio estético y no aquellas vetustas consideraciones con que nos plagan las cortes de señores aflanados y derramados, a los cuales observar desnudos en internet bien podría ser una condena y castigo ejemplarizadores para narcos, lavadores de dinero y niños que no se quieran comer la comida. Dejamos lanzada la idea: con toda seguridad la vista de tanta ponchera trémula, tanta charcha pálida, tanta nalga desbordada, haría retroceder a varios temibles delincuentes, rateros y malvivientes que pululan y se multiplican en nuestra apaleada sociedad.
Volviendo a nuestros considerandos, Usía, usted está plenamente facultada para convertirse, con una balanza en una mano, una espada en la otra, los ojitos vendados y los pechos desnudos (Dios mío), en una delicada representación de la Nueva Justicia Chilena, así, con eréctiles mayúsculas. Un símbolo de nuestro modernizado sistema judicial, con su cara sonriente y sus telegénicas aptitudes, acompañadas de esa erótica e hipnótica severidad que la caracteriza.
No habiendo más adéndum ni otrosí que agregar, Usía, la condenamos a seguir siendo la jueza más gustosa y bien plantada de la plaza, por lejos la megamagistrada televisiva con más power, más carisma, mejor lejos y, sobre todo, mejor cerca de todas, deseándole de paso, pero intensamente, que nunca pierda su talante erguido y esa turgencia que desafía la ley (de gravedad) en cada uno de sus agudos, suaves y rotundos juicios. Es nuestro veredicto.
Por sus hechuras, la magistrada Venegas bien podría asumir hoy mismo la presidencia de la Corte Suprema, si primase en dicha decisión el buen juicio estético y no aquellas vetustas consideraciones con que nos plagan las cortes de señores aflanados.


