Estudio del Observatorio de Seguridad Alimentaria con datos de Odepa
El tradicional plato para cuatro personas costaba $6.572 en 2015. Otros platos habituales también aumentaron por sobre la inflación.
La cazuela sigue llevando prácticamente lo mismo. Lo que cambió es la cuenta. Preparar una de vacuno para cuatro personas costaba $6.572 en 2015 y hoy requiere $14.740: un alza de 124%, casi el doble del 63% que acumuló el IPC en igual período.
El cálculo pertenece al Observatorio de Seguridad Alimentaria (OSA), creado por Felipe Díaz, y fue elaborado con precios al consumidor de supermercados publicados por la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias (Odepa). La idea fue llevar la discusión desde el precio de productos individuales hacia algo más cotidiano: cuánto cuesta poner un plato en la mesa.
¿De dónde salen los $14.740? La receta considera 800 gramos de osobuco, dos choclos, unos 400 gramos de zapallo, cuatro papas medianas, 200 gramos de porotos verdes, una cebolla, media taza de arroz, dos zanahorias, dos dientes de ajo y aceite. Solo la carne pasó de costar $3.261 en 2015 a $8.725 actualmente, un salto de 168%. Los choclos aumentaron de $1.046 a $2.349; el zapallo, de $572 a $1.139; y las papas, de $741 a $1.020. La olla completa equivale hoy a $3.685 por porción.
La cazuela es el caso más extremo, pero no el único. El OSA calculó otros seis platos habituales y todos aumentaron más que la inflación: el pollo arvejado con arroz subió 95%; los spaghetti boloñesa, 91%; el charquicán con huevo frito, 89%; la mechada con puré, 77%; el completo, 71%; y un asado para cuatro personas, 70% (ver tabla).
«Empecé a buscar una forma de poder mostrar claramente el problema que estamos teniendo en Chile. Que sea como un lenguaje común para todos», explica Díaz.
A su juicio, detrás del encarecimiento existen factores estructurales y shocks que aceleraron el fenómeno. Uno es la depreciación del peso. Chile es una economía abierta e importadora de combustibles y fertilizantes, por lo que un dólar más alto encarece insumos esenciales para producir y transportar alimentos. A ello suma la dependencia energética: las variaciones del petróleo terminan traspasándose a la cadena mediante transporte y refrigeración.
«El tomate que se planta en Arica hay que moverlo hasta Concepción y eso encarece», ejemplifica Díaz. También menciona el costo de los fertilizantes y del diésel. Y agrega como factor estructural la concentración existente en supermercados, retail y algunas cadenas agroalimentarias que, sostiene, reduce la competencia que podría disciplinar los márgenes.
A esa tendencia sumó el fuerte shock de 2021 y 2022. El estímulo fiscal de la pandemia mediante IFE y bonos coincidió con cuellos de botella en las cadenas globales de suministro. Después llegó la invasión rusa a Ucrania y el salto internacional de la energía, los fertilizantes, el trigo y los aceites. «Los precios escalaron muy fuerte», dice Díaz.
El análisis más global del OSA muestra que los alimentos subieron alrededor de 85% en una década. Entre ellos, el osobuco aumentó 137%; el arroz, 135%; las lentejas, 130%; los huevos, 112%; la cebolla, 105%, y la pechuga de pollo, 103%.
El golpe es mayor para los hogares de menores ingresos. El OSA estima que alimentar a una familia de dos adultos y dos niños con la Canasta Básica de Alimentos cuesta unos $270.000 mensuales. Para un hogar que depende de un salario mínimo líquido, representa cerca del 58% de sus ingresos.



