Este sábado 22 de febrero fue la primera celebración en esa zona gastronómica
El trago cumple con todas las características tradicionales, es un patrimonio chileno, además de ser refrescante y delicioso, dice Marco Sotomayor, dueño de Fuente Lastarria.
«¿Por qué el borgoña no tiene un día nacional?», se pregunta el periodista y dueño de la Fuente Lastarria, Marco Sotomayor. «Cumple con todas las características tradicionales, es un patrimonio chileno, además de ser refrescante y delicioso».
El 22 de febrero fue el día elegido por los locatarios del Barrio Lastarria para festejar el primer Día del Borgoña, una preparación que para Sotomayor es más que solo vino.
«El borgoña, lamentablemente, estaba asociado al día del vino, como una preparación del día del vino, de la vendimia. Y nosotros pensamos que tiene una marca que se sostiene por sí sola y que hay que darle un día nacional. Elegimos febrero porque es un mes antes de la vendimia y porque es época estival», cuenta.
Sotomayor confidencia que ya hay conversaciones con el Ministerio de Cultura, Artes y Patrimonio para catapultar la idea.
«No es como llegar y marcar un día como tal, a pesar de que a los integrantes del ministerio les encantó la idea. Se debe hacer un estudio con todos los antecedentes que entregamos y ese estudio determinará si se puede instaurar el 22 de febrero como el Día del Borgoña», dice.
La preparación, según Sotomayor, tiene tres características fundamentales para recibir este homenaje: «Es un trago patrimonial que está enraizado en el vino que es nuestro principal producto bebestible. A eso se suma que la frutilla es un hábito culinario que usaban los mapuches, ellos la fermentaban y hacían tragos; y el siguiente punto es lo masivo del trago: todos alguna vez lo hemos tomado, tanto gente de sectores populares como gente más pudiente. Es algo súper transversal».
Toda una historia
Sotomayor se remonta al siglo XIX, donde los viñateros chilenos veían como una gran admiración a Francia y sobre todo al vino que se produce en la zona de Borgoña.
«Los viñateros aspiracionales en Chile veían que el gran referente era Francia. Y la región de Borgoña era la región más importante de viñedos. Entonces, acá te vendían el vino diciendo esto es vino de Borgoña. Que no era más que un vino chileno pichicateado con azúcar, le echaban algunas cositas y te lo vendían por vino de Borgoña», explica.
Desde esa época, comenta Sotomayor, esa mezcla se ha ido convirtiendo en lo que es hoy, un trago que llegó a ganar como la mejor preparación con vino tinto durante La Semana de la Chilenidad en 2022.
La receta
La preparación de este trago en la Fuente Lastarria se hace de la siguiente manera: primero, se pican las frutillas y se dejan macerar con azúcar blanca granulada por aproximadamente 12 horas.
Luego de eso, se vierte la fruta en un jarro de un litro, agregamos pisco transparente, vino tinto cabernet sauvignon y hielo. Se adorna con una ramita de menta y unos pocos arándanos.
Para Miguel Larraguibel, mejor conocido en redes sociales como Maldito Barman, la preparación puede o no tener maceración en las frutillas.
«Mi abuela dejaba las frutillas maduras trozadas macerando en vino de un día para otro. Pero también se puede hacer en el momento», dice.
Si es para beber de inmediato, Larraguibel recomienda licuar 250 gramos de frutillas en un litro de vino tinto. Se pone en una jarra y se le agrega más frutilla, azúcar y hielo.
«También se puede ponerle una pizca de pisco o curaçao que le daría un gusto a naranja», aconseja.
¿Qué vino se debe usar? Si se quieren más aromas, un carmenere; si la idea es que sea refrescante y más suave, un merlot, y si lo que se quiere es fuerza, un cabernet Sauvignon.


