Gonzalo Serrano (47) presenta libro en el que realiza incomprendido homenaje a un arquero manco
Con el diario del lunes, distinguido por el Fondo Nacional del Libro, viene con una selección de sesenta y ocho columnas publicadas inicialmente con el seudónimo de Winston en El Mercurio de Valparaíso.
Si el cielo de los columnistas deportivos existiera, como extrañamente especula el prologuista de «Con el diario del lunes», de Gonzalo Serrano del Pozo (47 años, Valparaíso), habría menos discusiones sobre la ciencia del deporte y reivindicaciones sobre la poesía mística del amateurismo que patadas en las canillas, escupitajos y pelambres de camarín. Se sabe: es un liga de egos y de vozarrones destemplados más que de voces cuerdas, además de que hoy se cuentan más columnistas deportivos recientemente extintos (que en paz descansen) que vigentes.
A esta última categoría pertenece Serrano con su bien ganado espacio de los lunes en El Mercurio de Valparaíso: la sociedad de los columnistas deportivos vivos. Publicadas inicialmente con el seudónimo de Winston y con el rostro inconfundible del Primer Ministro que acuñó su histórica muletilla «sangre, sudor y lágrimas» no para ganar la Segunda Guerra, sino para uso indiscriminado del periodismo deportivo, las columnas de Serrano destilan puerto, cerros, delirios y derrotas, no necesariamente en este orden, para terminar de establecer un vínculo invisible, pero sagrado, entre historias como las del Huevo Soto, campeón con el inolvidable Wanderers de 2001, y el venenoso Manchester City de Pep Guardiola.
Sesenta y ocho columnas trae «Con el diario del lunes», en un nuevo intento de reflotar el género del que alguna vez fueron protagonistas plumas como las Míster Huifa y Jota Eme. El texto de Serrano, ya disponible en librerías, fue distinguido por el Fondo Nacional del Libro y la Lectura 2024.
¿Por qué son imprescindibles las columnas de fútbol, si es que son imprescindibles, Gonzalo?
«Si las columnas fueran imprescindibles, tendrían a una persona más calificada para hacerlas, pero como no lo son, es una buena oportunidad para amargarle la vida al resto».
¿Qué sentido tiene sostener un espacio de lectura para el fútbol en la era del clickbait y las fake news?
«En estos tiempos no tiene sentido, quizás gracias a eso me dieron el espacio».
¿Existe todavía el lector de fútbol del diario del lunes?
«Sí, en los asilos y casas de reposo. Hablando en serio, sigue existiendo sobre los 50, es un hábito que espero no se termine para no quedar sin columna ni lectores».
¿Por qué hay una imagen de Winston Churchill en su columna si está inspirada en otro Winston?
«El verdadero personaje es Winston Coe, un arquero irlandés al que le faltaba el brazo izquierdo y que me recuerda mis tiempos de portero. Tengo los dos brazos, pero atajaba como si no los tuviera. Al director del diario no le interesó este gran detalle y puso la caricatura de Churchill».
Winston es mufa. No es una pregunta.
«Mi hijo coincide ciento por ciento contigo».
Claro, apareció para escribir preferentemente sobre derrotas. ¿Por qué Guardiola es el dragón de Komodo?
«La referencia surge a raíz del método que tienen de atacar, muerden y esperan hasta que se infecte la herida y lo agarran moribundo. Lo matan casi por aburrimiento, igual que los equipos de Pep. Me alegra que sea eliminado de la Champions y que se acabe ese fútbol soporífero».
En el libro usted dice que su futuro yerno no puede ser de la contra ni de Colo Colo. Le voy a dar una mala noticia: Valparaíso, Concepción y Calama son las ciudades donde proporcionalmente hay más colocolinos.
«El último era de Palestino, esperemos seguir con esa racha. Aunque por un tema generacional (mi hija tiene 17) lo más seguro es que le guste el Real Madrid, el City o PSG y no esté ni ahí con el fútbol chileno».
¿Por qué la grandeza de Wanderers no es directamente proporcional al fanatismo de sus hinchas? Hábleme de la Hermandad del Manto.
«La Hermandad del Manto es un grupo de amigos con los que nos juntamos desde hace más de veinte años. Celebramos todos los 15 de agosto, aniversario del club, y hacemos una Navidad donde nos regalamos las mismas cosas todos los años. La grandeza de un club no tiene que ver con sus títulos, sí con lo que genera, este grupo esa una muestra de la infinitud de Wanderers. Asumo que, como buen colocolino, esta respuesta la vas a cortar o eliminar».
Nota de la redacción: lejos de ser eliminada, la respuesta se mantiene; el fútbol es, o debería ser, un lugar de alegre desencuentro. Lo dice la eternidad: Colo Colo perdió el primer partido de su historia contra un equipo de Chillán cuyo nombre ya fue olvidado y el segundo lo perdió contra el mítico Wanderers de Valparaíso, aunque la prensa de Santiago, para variar, decidió seguir llamando Invencible por un buen tiempo más a ese primer Colo Colo de los hermanos Arellano.
¿Hay algo bueno en el hecho de ser suplente, como se declara Winston con solapado orgullo? Este periodista no tiene una opinión al respecto porque desconoce por completo esa sensación de ir a la banca.
«Jajá. Mi papá dice que el mejor viaje es el que no se hace. Lo mismo pasa con los suplentes, la ilusión de todo lo que uno pudo haber hecho si entraba a la cancha permite superar la frustración de ver el partido en la peor ubicación».


