La fórmula para atraer inversiones por US$450.000 millones y crear 420.000 empleos

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Juan Carlos Jobet, director del Centro de Soluciones Empresariales para el Desarrollo de la UAI, explica cómo potenciar cuatro industrias

El exministro presentó esta semana en Enade2026 el Estudio Zero, que identifica las oportunidades de crecimiento de la minería, energía, acuicultura y en el forestal hacia 2050.

Chile tiene las mayores reservas de cobre del mundo, un desierto con condiciones extraordinarias para producir energía solar, mares aptos para la acuicultura y terrenos donde desarrollar la industria forestal. Sin embargo, varias de estas actividades llevan años sin aprovechar plenamente su potencial.
Un ejemplo está en la minería: de cada diez dólares invertidos, ocho se destinan a mantener o ampliar yacimientos existentes. Y de los proyectos que están en carpeta, solo cuatro de cada diez dólares cuentan con permiso ambiental.
Así lo advierte Juan Carlos Jobet, exministro de Energía y Minería y actual director del Centro de Soluciones Empresariales para el Desarrollo (SEDE) de la Universidad Adolfo Ibáñez.
Durante Enade 2026, él presentó el Estudio Zero, que propone metas para cuatro industrias estratégicas. Actualmente emplean a unas 520.000 personas y podrían alcanzar 940.000 trabajadores directos en 2050. Jobet precisó a LUN que eso significa generar 420.000 puestos adicionales, sin contar las oportunidades que podrían surgir en empresas proveedoras.
El estudio calcula inversiones potenciales por US$450.000 millones hasta 2050, exportaciones anuales por US$200.000 millones y una recaudación fiscal de US$23.000 millones al año. No son recursos asegurados, sino un escenario que exige nuevos proyectos y mejores condiciones para invertir.
En energía, Chile ya genera cerca del 65% de su electricidad con fuentes renovables. El Estudio Zero propone alcanzar una matriz prácticamente renovable al 2050, para lo cual sería necesario ampliar la generación y transmisión eléctrica. En acuicultura, la meta es aumentar las exportaciones desde aproximadamente US$7.000 millones a US$25.000 millones anuales, mediante innovación, mejoras sanitarias y una mayor diversificación productiva. «El salmón seguirá siendo importante, pero también podemos crecer en choritos, algas y productos de mayor valor. La clave es crecer cuidando el mar», destacó Jobet.
Plantea que el crecimiento podría comenzar antes de mediados de siglo. En minería, gran parte del aumento de producción podría concretarse antes de 2035. «No podemos esperar a que lleguen las inversiones para empezar a prepararnos», advirtió.
En Enade mostró que Chile producía 5,4 millones de toneladas de cobre en 2004 y prácticamente lo mismo en 2025, mientras su participación mundial cayó del 37% al 23%. ¿Por qué nos estancamos y cómo llegar a nueve millones de toneladas en 2050?
«En el cobre se juntan varias cosas. La primera es de fondo: cada tonelada de roca trae cada vez menos cobre. Hace veinte años tenía 1,05% de cobre; hoy, 0,67%. Para sacar la misma cantidad de metal hay que mover más de la mitad más de roca, con más agua y más energía. Nuestras minas son viejas y cada año rinden un poco menos. Lo segundo viene de lo mismo: de cada diez dólares que se invierten en minería, ocho van a minas que ya existen, a mantenerlas o ampliarlas. Invertir en yacimientos nuevos nos permitiría producir con roca más rica en cobre. Lo tercero es que los proyectos no se concretan. Hace poco más de diez años, Cochilco tenía anotados 49 proyectos por 112 mil millones de dólares que nos iban a llevar a 8 millones de toneladas en 2021. Llegamos a 5,6. Esa lista se achicó a 49 mil millones en 2016 y recién este año volvió a los 104 mil. Y de lo que hay hoy en lista, solo cuatro de cada diez dólares tienen el permiso ambiental. En Chile, pasar de descubrir un yacimiento a tener una mina produciendo toma unos 13 años. Un proyecto que hoy no existe recién produce después de 2040. Para llegar a la meta hay que hacer los proyectos que ya están identificados y, además, descubrir yacimientos nuevos. Las medidas no son un misterio.
Permisos con plazos claros. Más exploración, con incentivos para las empresas chicas que son las que descubren yacimientos, como hace Canadá. Agua desalada, energía y líneas de transmisión listas antes de que lleguen los proyectos, no después. Y acuerdos con las comunidades, porque sin eso un proyecto excelente puede quedarse veinte años en el papel».
Litio, madera
El litio representa otra oportunidad para la minería. En Enade, Jobet destacó que la demanda mundial de este mineral para baterías podría multiplicarse 5,4 veces al 2050. Sin embargo, Chile ha perdido participación en ese mercado, pese a haber aumentado su producción. El Estudio Zero plantea elevarla desde unas 295.000 toneladas de carbonato de litio equivalente en 2025 a 900.000 toneladas anuales en 2050. «Tenemos que desarrollar más minería en el salar de Atacama; descubrir y desarrollar nuevos salarios junto con desplegar nuevas tecnologías», dijo.
En el sector forestal, las plantaciones disminuyeron de 2,45 millones de hectáreas en 2013 a 2,22 millones en 2023. El estudio plantea recuperar superficie y construir dos nuevas plantas de celulosa. ¿Qué impide que esas inversiones se hagan en Chile?
«Para invertir en una planta hay que tener madera suficiente durante muchos años. Hoy se planta muy poco y los incendios son una amenaza enorme. Necesitamos volver a forestar, prevenir incendios y dar seguridad a las zonas productivas. También hace falta trabajar mejor con pequeños propietarios y comunidades. Las dos plantas de celulosa son una meta posible del estudio, no proyectos anunciados. Y hay otra gran oportunidad: usar más madera chilena para construir viviendas, incluso en programas públicos. Se trata de producir más, pero también de agregar valor».
Si tuviera que elegir tres decisiones que el Gobierno y los empresarios deberían tomar en los próximos doce meses para que estas metas no queden en el papel, ¿cuáles serían?
«Primero, elegir proyectos que puedan avanzar pronto y resolver los obstáculos concretos, con responsables y fechas.
Segundo, lograr acuerdos entre el Estado, las empresas y las comunidades para invertir con reglas claras y cuidar el entorno. Tercero, preparar desde ahora a los trabajadores y proveedores de las regiones. Eso es lo que queremos impulsar desde SEDE-UAI en la próxima etapa del estudio. Si dejamos pasar esta oportunidad, perderemos empleos, mejores sueldos y recursos para necesidades sociales. El mundo necesita lo que Chile puede producir. Depende de nosotros aprovecharlo».

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