Su quiebre matrimonial tras una década en pareja se juntó con un intenso periodo laboral
Antes no habría podido tomar tantos viajes o atreverme a hacer tantas cosas que están dando un bonito resultado. Pude dividirme en más cosas que me hacen feliz, asegura.
La noche del jueves Rayén Araya (45) tuvo un debut: fue anfitriona del lanzamiento de una nueva fragancia de Parfums de Marly en el Palacio Irarrázaval Fernández, un elegante evento que fue realizado por Power Lab, la productora que comanda. Confiesa que su buen momento laboral es parte de, en sus palabras, «un segundo tiempo» que aprovecha luego de que en diciembre pasado se separó tras 10 años casada con el publicista Cristóbal López, con quien tiene dos hijas de 14 y 10 años, su segundo matrimonio, y un quiebre en el cual no quería ahondar hasta ahora.
«Los procesos personales toman un tiempo entre que uno asume lo que ocurre y ve qué hace con eso, y luego comienza a contarlo a los cercanos. He tratado de manejarme en el no esconder, ahora lo tengo más digerido y puedo contarlo. No sé si tengo una claridad completa de cómo ha sido el proceso porque poco a poco te vas dando cuenta de lo que vas viviendo. Fue un remezón grande porque también hace un año murió mi mejor amigo. Las crisis tienen oportunidades de generar cambios y una de las cosas que más he hecho en la vida es reinventarme. Creo que ya voy en mi vida número ocho», apunta la periodista.
Su separación calzó con una carga importante de trabajo. «En mi antigua vida, no sólo en términos de pareja sino de familia, no habría podido tomar tantos viajes o atreverme a hacer tantas cosas que están dando un bonito resultado.
Hoy mis hijas están más grandes, son más independientes, por eso digo que estoy en un segundo tiempo donde puedo volver a dedicar energía luego de haber criado, tenido un matrimonio y formado una familia. Eso me hace verlo de manera más luminosa. Mucha gente dice que cuando uno se separa tiene que trabajar mucho, distraerse, pero es muy difícil hacerlo así cuando trabajas en comunicaciones porque se iba a notar así que fue un proceso».
¿En qué más ha notado este segundo tiempo?
«En mirar más a amistades y familiares que no veía tanto, situaciones que habían estado ahí hace mucho tiempo y que no había podido tener un vínculo más cercano o dedicarle más energía porque mi prioridad era otra: niñas pequeñas y privilegiaba mi pareja y mis hijas, y eso cambió. Pude ahora dividirme en más cosas que me hacen feliz y ha sido muy positivo. Yo soy muy entregada, y en eso olvidaba mi propio espacio: esa fue una de las lecciones de este proceso. Estos meses he recuperado ese espacio y recuperar identidad que se mezcla cuando estás con otra persona porque uno no es tanto un individuo sino una pareja».
Algunas personas se toman un tiempo para rearmarse.
«Yo no podía parar porque soy la cabeza de una empresa y de una familia. Estoy a cargo de mis hijas, de llevarlas al colegio, a sus deportes, y también mi mamá vive conmigo desde que enviudó hace hartos años, y nada se detiene porque estés pasando un mal momento. Me cambié de casa porque si no era como vivir con un fantasma, con la misma distribución de alguien que ya no está y eso no me hacía tan bien. Así que volví donde mi terapeuta de salud mental, que consulto hace una década para procesos importantes porque no podía darme el lujo de parar. Además comenzaron a suceder proyectos laborales por los que luché harto, no me los quería perder porque me gusta lo que hago. Me cuestioné si estaba preparada para tomarlos, pero lo hice y fue un motor en ese momento, aunque no fue algo simple ni inmediato porque hay cansancios y preguntarse si lo estoy haciendo bien».
Se ve muy tranquila.
«He podido vivir esto bien acompañada por afectos y eso también ha sido satisfactorio. Y he podido hablar del proceso naturalmente con mis hijas. La historia de mi papá (que fue agente de la Dina) me marcó mucho y significó terapias, implicó tener muchas cosas escondidas y me siento mucho mejor no escondiendo sino siendo honesta con las situaciones y eso me genera liviandad. Sí estuve triste, frustrada y fue difícil, pero pude salir adelante».
¿Vislumbra rehaciendo su vida amorosa?
«Es algo que he hablado en terapia porque me da miedo y todo es muy reciente, hay heridas delicadas a las cuales hay que darles tiempo, pero las mamás olvidamos que nuestros hijos crecen mirando nuestras relaciones y eso pone un peso distinto. No porque no vaya a cometer errores de nuevo, eso nadie lo tiene asegurado, pero cerrar la posibilidad (la posibilidad de una nueva pareja) es cerrar que mis hijas crezcan viendo que sí hay una forma de verme en pareja sin perderme en mi individualidad, entonces también debo tener un segundo tiempo ahí y yo soy muy romántica».