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Autor de la Foto: CARLOS CATALÁN
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Un individuo de 37 años puede ser un entrenador inmaduro, pero ya es lo suficientemente grande para salir con la frente en alto de sus equivocaciones.
Hace dos semanas Héctor Tapia estaba en crisis: antes de enfrentar a O'Higgins en Rancagua, su equipo tenía un punto de nueve posibles y sus enemigos hacían mofa del colocolista, pero en esos días además tuvo que dar la cara por el negado ingreso a Claudio Bravo al Monumental y se vio obligado a reclamar por los horarios de la programación. El pasado 31 de enero, horas antes del duelo en El Teniente, Tito Tapia aún era Llantito Tapia.
La señal más significativa de ese momento salió de su propio hábitat: desde Blanco y Negro empezaron las filtraciones sobre una eventual falta de manejo del entrenador frente al camarín, una supuesta mala influencia de su ayudante Miguel Riffo y el evidente desencuentro con la concesionaria por la contratación de los refuerzos para el primer semestre. Pero con cuatro triunfos consecutivos las dudas se esfumaron. ¿Se puede salir tan rápido y tan fácil de una crisis tan profunda como la que le quisieron colgar a Tapia? Hay dos opciones: en su caso se cumplió el principio futbolero de que los triunfos sirven para esconder la basura debajo de la alfombra o también podemos pensar que la mencionada crisis fue una definición alentada por oportunistas interesados en generar inestabilidad en la conducción técnica de Colo Colo.
Históricamente, los entrenadores de Colo Colo podían enfrentar las situaciones mas incómodas desde la paranoia y la victimización. Tapia, en cambio, aguantó en silencio las acusaciones más duras y entregó sus respuestas con moderación. Siguió trabajando, el equipo mejoró cuando llegó el central que él había solicitado y se abstuvo de responder a quienes incluso lo ubicaban «con un pie afuera» del club. Desde la lógica cortesana de los camarines, Tapia ganó la batalla. Sin embargo, las coordenadas reales del problema que superó son muy distintas. En primer lugar, porque su credibilidad entre los colocolinos nunca estuvo en duda: Tito es el primer entrenador de la era Blanco y Negro que no acepta paquetes a la hora de contratar refuerzos para el primer equipo, lo cual representa un avance sustantivo en la sustentación del club.
Mirados con distancia, los errores recientes de Colo Colo aún no han sido resueltos. La falta de sentido común expuesta en las atarantadas insinuaciones del caso Barroso y el desencuentro simbólico con Bravo dejan en evidencia un déficit de aprendizaje que se le puede achacar a la edad. Un individuo de 37 años puede ser un entrenador inmaduro, pero ya es lo suficientemente grande para salir con la frente en alto de sus equivocaciones. Y esto no es un tapabocas para otros, sino una lección para el propio Tapia.


