La chica que paseó desnuda por Santiago revela su gran secreto
Fernanda Flores cuenta por qué se inventó un papá cuando saltó a la fama. Ahora tiene nueva vida, está embarazada y llegó de visita a Chile.
Quien haya pasado el invierno del 2002 en Santiago tiene que recordar perfectamente a la jovencita que una tarde, a principios de junio, caminó desnuda por la calle antes de perderse en las escaleras del Metro escuchando personal stereo. Lucía Fernanda Flores tenía 17 años y el frío le dio lo mismo.
El escándalo fue grande. Se hacía llamar Baby Vamp, una escolar sin pudores que deambulaba por Providencia acompañada de un oxigenado argentino, el artista Luizo Vega.
Él quería hacer una performance provocadora y estrafalaria, pero terminó agarrándose a coscachos con un alcalde en televisión y se tuvo que ir del país por no tener visa. Paralelamente, Fernanda partió con su mamá a tribunales para explicar por qué, si era menor de edad, andaba mostrándose de esa forma.
Han pasado casi ocho años. Fernanda ya no es Baby Vamp. Hoy vive en Argentina, estudia trabajo social, tiene seis meses de embarazo y una vida nueva. El jueves pasado volvió a visitar Chile y aceptó destapar lo que no desnudó de su historia el 2002.
– ¿Qué te provoca volver a Santiago, Fernanda?
– Un montón de emociones, tengo buenísimos recuerdos.
– Supongo que uno de ellos es Baby Vamp.
– Obvio, eso me trae excelentes recuerdos. Aún siento los nervios de esa adolescente de 17 años que jugaba a estar en contra de todo.
– Te cambió la vida.
– Muchísimo. Yo estaba terminando el liceo y empecé a hacer shows y giras. Esas vivencias me hicieron madurar mucho. Piensa que antes de eso yo era virgen.
– ¿Eras virgen o eso era show?
– Era virgen, dejé de serlo a los 18.
Papá ficticio
Eva Catrileo, la mamá de Baby Vamp, tenía 18 años cuando tomó sus maletas y se fue a vivir a Argentina. Allá conoció a Sergio Flores. Tuvieron tres hijos. Fernanda es la del medio.
– ¿Cómo fue tu niñez allá, Fernanda?
– Linda, bastante tradicional. Pero a los trece años tuvo un quiebre.
– ¿Qué pasó?
– Mi papá falleció. Nos habíamos venido a Chile y él se quedó trabajando. El día que se venía tuvo un accidente. En su trabajo estaba pintando en altura y se cayó.
– Nunca habías contado eso.
– Mi papá siempre fue un misterio. Salió en un montón de notas, porque lo empezaron a buscar cuando yo aparecí desnuda. Yo le daba vida y hacía como que estaba vivo, decía que estaba en otro país.
– ¿Por qué mentiste?
– Porque me sentía indefensa. Decidí crear a un padre ficticio para sentirme respaldada.
Cortinas negras
Fernanda Flores ahora es vegetariana, le da duro a la meditación y vive en el barrio de Palermo. Va en tercero de trabajo social en la Universidad de Buenos Aires. Allá convive con un personal trainer uruguayo que es veinte años mayor que ella. Y con él va tener un hijo el 25 de abril.
– Tu vida sigue cambiando.
– Sí, lo de mi hijo marca un gran cambio. Tengo mil energías puestas en él.
– ¿Qué harías si quisiera hacer desnudos?
– ¡Me desnudo con él! Desnudarme es mi droga, es mi mejor ropa.
– ¿Y tu pareja qué opina?
– Él es muy tradicional, es de sobreproteger a su mujer. Por su edad, a veces siento que me quiere domar. Pero es una relación que trasciende.
– ¿Te desnudas en tu casa?
-Lo haría, pero me restrinjo. Con mi pareja vivimos en un departamento, una vez lo hice y me amenazó con llenar todo con cortinas negras.
– ¿Qué fue de Luizo Vega?
– Se fue a trabajar a Europa y hablamos por Internet, pero hace tres años que no lo veo.
«Nunca lo olvidaré», dice ella
El día que se desnudó frente a un jardín infantil
Fernanda era gótica cuando conoció a Luizo Vega. En el taller de arte que dirigía, el argentino le dijo: «Sos como un bebé vampiro». A los días, se pusieron a trabajar juntos.
Con el seudónimo de Baby Vamp, la jovencita se empezó a pasear pilucha por Santiago. La primera vez fue en Bellavista. «Me desnudé cerca de un boliche de unos amigos. El tema es que cerca había un jardín infantil y justo empezaron a salir los chicos. Me quedaron mirando y pasaron de lo más normal. Nunca me voy a olvidar con la naturalidad que me miraron», recuerda la muchacha.


