Jorge Guerrero fue hasta junio de este año director de Desarrollo Técnico de la ANFP y también asesor de la directiva que encabezó Sebastián Moreno. Por reducciones de presupuesto de la entidad, el profesional terminó ahí su labor, pero muy pronto llegó a Palestino para convertirse en gerente de Desarrollo del club tricolor, donde vuelca toda su experiencia en el trabajo de las divisiones menores de club afincado en La Cisterna.
Guerrero es un defensor de la norma que impone a los equipos de Primera División a jugadores sub 21 y explica la razón. «La regla debe mantenerse hasta que sea una costumbre poner jugadores jóvenes en los primeros equipos. Hay evidencia que sólo así puede haber una promoción constante. En Venezuela existía una regla similar a la que se está aplicando en Chile, pero ya no es necesaria porque los entrenadores, por convicción, le dan opciones a los chicos que vienen de las inferiores», señala.
Pero acá no hay ese convencimiento. Muchos técnicos sólo ponen jugadores para cumplir la norma y luego los sacan.
¿Cómo puede cambiar esa visión?
«Creo que ya se ha dado un paso adelante al cambiar la norma de jugar con un sub 21 en lugar de con un sub 20. No tengo aún el estudio completo, pero creo que ha habido más jugadores consolidados en primeros equipos con la regla en sub 21».
Pero hay posturas más radicales que indican que la norma debería aplicarse con jugadores más chicos, con sub 18 por ejemplo. ¿No es eso mejor para la promoción de valores jóvenes?
«No, porque salvo excepciones, como nos pasó en Palestino con Iván Román, son pocos los chicos menores de 20 años que, tras debutar, logran consolidarse. La mayoría debuta, juega un par de partidos, pero al siguiente año ya no son considerados y terminan yéndose del club o simplemente del fútbol».
O sea, es verdad eso de que en Chile los jugadores maduran tarde. Pero el entrenador Fernando Díaz decía que si un chico no podía jugar a los 20 o 21 años ya no está para jugar.
«Eso puede ser verdad, pero hay que ver la evidencia. Por ejemplo, Lucas Cepeda. Él ya jugaba en forma permanente en Santiago Wanderers pero, no fue sino hasta ahora, que tiene 22, que pegó el salto al llegar a Colo Colo y a la Selección. Su proceso de adaptación fue de a poco».
Pero usted mismo mencionó el caso de Iván Román que tiene 18 años. ¿Por qué él sí pudo consolidarse?
«Es un caso excepcional. De hecho, jugando en la sub 17 de Palestino, Román era igual de profesional como es ahora en el primer equipo. Él tiene una formación distinta, una cabeza diferente y por eso en Palestino lo ponen no porque es joven, sino porque está a un nivel para jugar y competir».
En la UC promocionaron al arquero Tomás Guillier como jugador de proyección. Anda bien pero igual el técnico Tiago Nunes en la parte final del torneo lo saca y pone a Sebastián Pérez por su experiencia. ¿No es esa una mala jugada del entrenador?
«Un entrenador pone y saca jugadores de acuerdo a muchas variables y durante la semana ve cosas que le ayudan a tomar decisiones. Si Tiago Nunes puso a Pérez por Guillier es porque lo vio mejor y el mensaje que debe asumir Guillier es que él está en la alta competencia y que debe demostrar todos los días que él debe jugar».
¿A los jugadores jóvenes chilenos les cuesta asumir ser profesionales?
«Mire, el jugador joven pasa por varias fases. Cuando debuta está ansioso y se ahoga en el primer partido que disputa. Después pasa por la fase de la felicidad por ser considerado y jugar. Pero irremediablemente viene luego una tercera fase que es decisiva y que es el momento en que se dan cuenta de que tienen una responsabilidad enorme. Sienten una mochila, se pegan la cachada como decimos en Chile, se pegan un bajón y ahí es donde el futbolista dibuja su futuro. Si sale de eso, puede hacer una buena carrera».
¿Todos pasan por esas fases? ¿De quiénes debe afirmarse el jugador para superar exitosamente esa última etapa?
«De la gente que está a su lado, de los cercanos. O del propio entrenador. Le voy a contar una historia. Cuando yo estaba trabajando en Audax, debutó Diego Valdés en el primer equipo. Anduvo muy bien, se fue afirmando, pero antes de un partido en Calama andaba mal de cabeza. De hecho, jugó muy mal. Entonces en la semana el entrenador, que era Jorge Pellicer, nos citó para decirnos que, pese a lo mal que estaba Valdés, lo iba a seguir poniendo de titular.
A su riesgo. Lo hizo y Diego Valdés superó ese mal momento. Si no hubiese tenido un técnico como Pellicer, Diego hoy no sería futbolista».
¿Cómo manejar el rol que están teniendo los representantes en los jugadores jóvenes? ¿Son enemigos de los clubes en el proceso formativo?
«Como en todo, hay representantes buenos y otros que sólo buscan su propio beneficio. Lo importante es que el jugador y su entorno familiar entiendan que en todo hay un proceso y que se deben tomar las mejores decisiones posibles. Todos sabemos que el representante gana cuando vende a uno de sus jugadores. pero éstos deben captar cuál es la mejor oportunidad. Nosotros en Palestino hacemos un trabajo con las familias de los chicos, no una charla, sino que un trabajo. Nuestro objetivo es que tengan toda la información a la hora de tomar decisiones sobre y con sus hijos».