«La vida universitaria se está convirtiendo en un lugar desagradable»

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Alberto Mayol alerta sobre polarización que están imponiendo los partidos políticos en la academia

Se están construyendo trincheras entre planteles de distinto pensamiento político, afirma. 

En las últimas semanas Alberto Mayol saltó a la palestra por su columna sobre la supuesta apología a la narcocultura de Peso Pluma: su opinión encendió un extenso debate sobre la participación del artista en el Festival de Viña.

Pero no es el único tema que preocupa al sociólogo. En una entrevista a «El Mercurio», Mayol deslizó una crítica a la influencia de partidos políticos al interior de las universidades, recordando que en sus años de estudio los académicos de distintos sectores trabajaban unidos. «Hoy eso no es así», asegura.

Se trata, advierte, de un fenómeno más o menos reciente. «Antes los códigos políticos dentro de la universidad pesaban poco; salvo ciertos partidos, que históricamente habían tenido una línea de trabajo dentro de la universidad que era muy coherente con lo que hacían afuera, pero en general no pasaba eso. Y daba lo mismo si pasaba, porque si los partidos decían algo, los académicos no necesariamente se movían en esa línea. Tampoco eran universidades de un sector», profundiza Mayol.

«De alguna manera, esto ha ido cambiando y nos encontramos con una politización más bien banal, en el sentido del seguimiento acrítico. Da lo mismo que uno tenga una razón poderosa para ir en contra de una medida, sino lo que importa es que te alineaste o no con lo que venimos diciendo, si el partido dio una orden. Eso es raro, significa que la academia está colonizada», agrega.

«Que los políticos lleguen a controlar el escenario de la universidad es grave. A mi juicio, esto lleva con mucha intensidad unos 15 años y, con particular intensidad, una década», calcula.

¿Qué señales dan cuenta de esta politización?

«Me parece evidente, a tal punto que hoy día, cuando alguien quiere escribir un informe, se mira y se piensa ‘bueno, pero es que viene de tal universidad, qué más va a decir'. No hay sorpresas, no va a salir una cosa que sea medio inclasificable; la gracia de la vida intelectual es que, en ocasiones, se torna inclasificable, no acepta ciertas fórmulas que vienen prefabricadas. Eso se pierde».

¿Dónde más puede ver eso?

«La misma ciudadanía establece relaciones con ciertas universidades que son más propicias a sus visiones y no con las otras, y empiezan a construirse estos espacios de universidades de un lado y del otro, incluyendo las universidades públicas. Esto no ha terminado de ocurrir, quedan espacios que a estas alturas podríamos denominar de resistencia, pero va para allá, no tengo duda».

Dice que antes los profesores que pensaban distinto trabajaban en equipo.

«Me acuerdo de muchos casos de personas que tenían respeto intelectual conjunto; eso implicaba alianzas entre gente de derecha con otros muy de izquierda, y ese respeto se preservaba en toda la cadena de relaciones de esas personas, incluyendo las políticas. Hoy día es al revés, las condiciones políticas establecen las formas de las relaciones académicas. Para decirlo simple, los intereses tienen un peso que es impresionante. Conozco mucha gente que en el mundo académico era anti Frente Amplio y que hoy día son acérrimos frenteamplistas, que me atacan duramente cuando critico al gobierno. Resulta que son personas que tenían reticencias intelectuales desde el principio con este tipo de proyecto, y se les quitó por estar más cerca de las oportunidades, no por otra cosa».

«Lo que más me preocupa es la decadencia de los criterios académicos. Comportarse académicamente dentro de la academia es cada vez más riesgoso o inútil, una de dos», añade.

En España también se habla del tema: por la ley de universidades se decía que había riesgo de que los rectores llegaran al cargo por afinidad política.

«Creo que el camino de pérdida de universalidad de los proyectos universitarios es serio. Las universidades tienen que funcionar dentro de un ecosistema amplio, de vida universitaria, de conferencias. Es cierto que en España hay caminos que se han tomado administrativamente, que quizás van en contra de esos principios más académicos. Pero también es cierto que tienen una red de articulación académica muy fuerte, es muy normal hacer reuniones para presentar investigaciones, discutirlas sin ningún afán publicitario, con todo un departamento de un área a cargo, con todas las condiciones para que sea una actividad académica interesante. Creo que hay muchas cosas que se pueden hacer para Chile, que podrían ayudar a darle más peso a la vida académica e intelectual. Pero, en cualquier caso, las tendencias son generales y la vida universitaria se está convirtiendo en un lugar desagradable para la vida intelectual, y eso obviamente es extraño».

¿En qué puede terminar?

«Si la academia se politiza, si todos los intelectuales son orgánicos, si todos los académicos responden en última instancia no a sus propias conclusiones, no hay nada más que decir. Eso no es la universidad, no es academia. Para quienes tratamos de que se respeten las ciencias sociales como ciencias que avanzan en la comprensión y eventualmente, incluso, en la proyección de fenómenos, me parece muy lamentable tener que aceptar la tesis de que nuestras perspectivas van a permear por completo la mirada».


«Que los políticos lleguen a controlar el escenario de la universidad es grave» Alberto Mayol

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