Tribunal reformalizó a imputado y fijó el fin de la investigación en 20 días más
La reconstitución de escena, las cámaras de seguridad y la declaración de testigos son la piedra angular probatoria de la fiscalía en el caso de la joven sanfelipeña.
A las 4:30 horas del sábado 6 de enero de este año, un vehículo Uber se detuvo frente a una casa en calle Maipú, en San Felipe, región de Valparaíso. Del auto descendió una joven de 20 años que sería identificada como Michelle Silva. El chofer del taxi de aplicación, al que la policía ubicaría dos días después, diría que vio a la mujer entrar a la vivienda y que quien le abrió la puerta fue un sujeto que terminaría siendo detenido, luego imputado por femicidio y, ahora último, la mañana de este lunes, reformalizado por la específica figura de femicidio con razón de género.
A casi un año de este crimen, que colmó de espanto a una ciudad tan quitada de bulla como San Felipe, el tribunal fijó el fin del plazo de investigación en 20 días más y se espera que la preparación del juicio oral ocurra a comienzos del año que viene. Sin embargo, la columna vertebral de las pruebas en contra del único imputado ya está estructurada y son incontrovertidamente contundentes, como dice el abogado querellante Pedro Díaz. Por ejemplo:
Los celulares. La georreferenciación de los celulares del imputado y de la víctima los sitúan en el lugar donde ocurrió el crimen, en el cuarto del sujeto. Los teléfonos móviles también corroboran que ambos se habían concertado a través de la aplicación Grindr para un encuentro sexual a cambio de dinero, según explicó el fiscal. El homicidio en estas circunstancias tipifica el femicidio con razón de género.
El lápiz labial. En el cuarto donde ocurrió el crimen, se encontró evidencia genética que comprueba la presencia de Michelle Silva en el lugar, al tiempo que se halló debajo de la cama un lápiz labial que era de su propiedad.
La reconstitución de escena. En septiembre se realizó la reconstitución de escena, en la que el imputado «reconoce», en palabras de Díaz, que estranguló a la joven con un cordón de zapatos. «Lo hizo, eso sí, entregando una versión acomodaticia, que daba a entender que poco menos que hubo una interacción entre ambos, casi en defensa propia, pero que no se condice la dinámica de los hechos que pudimos determinar antes de esa reconstitución de escena», dice el abogado querellante.
Las cámaras de seguridad. Según la fiscalía, tras matarla, el imputado envolvió el cuerpo de la joven en unas mantas e intentó trasladar el cuerpo en bicicleta, pero le fue imposible. Las cámaras de seguridad del sector lo muestran avanzando en zigzag, con muchas dificultades, por lo que regresó a su casa para buscar un carro de supermercado. Las mismas cámaras de seguridad lo mostraron después trasladando el cuerpo hasta el río Aconcagua.
Testigos. El hermano y la madre del imputado, que se encontraban en la vivienda cuando ocurrieron los hechos, dijeron a la policía que al día siguiente del crimen había un olor putrefacto en la casa y que vieron al acusado salir de la casa con el bulto y regresar todo magullado, como si se hubiese rasmillado con arbustos. Otros testigos declararon que vieron al imputado llegar al río con el bulto y que antes de arrojarlo al lecho, le habría puesto piedras encima para que se mantuviera sumergido. La policía encontró el cuerpo 36 días después en la comuna de Panquehue, a unos 11 kilómetros del puente El Rey, donde habría sido arrojado el cuerpo de Michelle.


