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Título/Pie de foto: Teresa Marinovic
Aquello de que hay que dejar que las instituciones funcionen es verdad, pero pasa a ser una frase vacía cuando el poder político no tiene límites
Teresa Marinovic
«Dejad que las instituciones funcionen», decía un estadista de la república. Pocos años después, las instituciones en cuestión no mantienen ni siquiera el sentido del decoro. De otra forma, la Fiscalía Nacional se habría dado cuenta de que era poco elegante sacar al fiscal Carlos Gajardo del caso que involucra a Penta y SQM, para designar al hijo de un senador socialista, por una parte, y a quien desempeñó un alto cargo en la empresa controlada por Ponce Lerou, por otra.
Obviamente, no puedo hacer imputaciones al respecto. Me faltan pruebas como para hacerlo con un mínimo de seriedad. Y puede que sea cierto aquello de que el caso es complejo… Tengo todo el derecho, sin embargo, a cuestionar la falta de cuidado por las formas que esta decisión deja en evidencia; y tengo derecho, también, a decir que el asunto despierta mis peores suspicacias. Porque cuando se descuida la estética de un acto, hay razones fundadas para suponer que la ética del mismo tampoco recibió especial atención.
El asunto no involucra, sin embargo, solo al poder judicial, porque a fin de cuentas, el nombramiento de jueces y fiscales depende también del Senado y de la Presidenta. Por eso, aquello de que hay que dejar que las instituciones funcionen es verdad, pero pasa a ser una frase vacía cuando el poder político no tiene límites ni contrapeso. Y eso, precisamente eso, es lo que ocurre en Chile hoy.


