El uso de insectos, feromonas para atracción sexual y hasta el riego y la fertilización son herramientas
Las plagas, bajo las actuales condiciones de cambio climático, ya no se están comportando como lo hacían hace cuarenta años, explica académico de la Universidad de Santiago.
Entre la serie de impactos que el cambio climático tiene en el agro, uno emergente son las nuevas formas de conducta de las plagas, lo que obliga a innovar en estrategias de control. ‘Los plaguicidas químicos tradicionales fueron desarrollados para ser efectivos contra las plagas, pero las plagas, bajo las actuales condiciones de cambio climático, ya no se están comportando como lo hacían hace cuarenta o cincuenta años', comenta el profesor Andrés Leiva, académico del Departamento de Gestiones Agrarias de la Universidad de Santiago.
‘La lucha que antes se hacía a través de productos químicos, hoy se hace a través de una combinación de estrategias que incluye desde controladores biológicos, es decir, insectos que controlan a los insectos invasores, hasta el riego y la fertilización adecuada del cultivo, que significa no aplicar más de lo necesario. Los nuevos métodos, claro, tienen la desventaja de que exigen estar preocupados por muchas más cosas que sólo la aplicación de un químico, pero es obvio que hoy, en el estado en que se encuentra el planeta, estas nuevas estrategias deberían usarse mucho más', razona el docente.
Distintas herramientas
Leiva explica algunas de las estrategias que operan combinadas. ‘Dentro de la tendencia del control biológico, están los extractos vegetales, productos de origen natural que se aplican con una lógica muy similar a la del plaguicida químico: se disuelven en agua y se aplican en los cultivos usando tractores. También se usan insectos y hongos que se multiplican dentro de la plaga, y que la infectan hasta eliminarla, y se utilizan insectos que colocan sus huevos dentro de la plaga, tal como en la película ‘Alien', y esos huevos, al abrirse, se alimentan de su huésped', agrega.
Magdalena Garcés Larraín, subgerente de Productos Estratégicos deCopeval, empresa especializada en suministros para el agro, informa que entre los factores que han obligado a Chile a buscar nuevos sistemas de control de plagas se encuentran, junto con los ambientales y climáticos, las ‘exigencias de los mercados internacionales'.
‘Los consumidores en el extranjero demandan cada vez más productos que no dejen residuos en la fruta. Esto ha impulsado el desarrollo de biocontroladores certificados, protocolos de aplicación segura y validación de intervalos de seguridad. Hoy, los agricultores chilenos incorporan microorganismos y tecnologías de disrupción sexual (feromonas), entre otros recursos, como parte de sus programas fitosanitarios', plantea.
La ejecutiva, en todo caso, admite que los controles biológicos no son soluciones mágicas, y que los usuarios, antes de comenzar a utilizar estos productos, deben tomar en cuenta ciertas condiciones que exigen paciencia y cuidados extras.
‘Los efectos de estos productos no son inmediatos; puede tomar semanas en ver una reducción significativa en la plaga, ya que los insectos beneficiosos deben establecerse primero. Además, no siempre funcionan en todos los entornos o contra todas las plagas. Algunos enemigos naturales pueden no adaptarse bien al medio. Y se debe recordar que, al usar control biológico, todos los otros insumos que se usen en el predio deben ser compatibles con los controladores biológicos', enumera.
Garcés explica que entre los productos orgánicos del portafolio de Copeval se encuentra el bioinsecticida Madex Twin, eficaz contra larvas de polilla de la manzana y polilla oriental de la fruta. Otro producto es el insecticida biológico Venerate, que contribuye al control de burritos, cabritos, pulgones, polillas y arañita bimaculada. Puffer LB y Puffer CM-Pro, en tanto, funcionan con feromonas sexuales que permiten la disrupción del apareamiento en la polilla de la vid y de la manzana.
La vieja rotación
Al uso de antiplagas amigables con el medioambiente también pueden sumarse otras estrategias de carácter más preventivo. Felipe Guzmán, dueño de la empresa productora de hortalizas orgánicas Vegus, explica que en su rubro se da gran importancia a la rotación de cultivos, sistema que les permitiría fortalecer los cultivos a través de un saneamiento previo de la tierra.
‘Esta rotación consiste en que en un mismo terreno donde había lechugas, por ejemplo, en cierto momento las sacamos y las cambiamos por cebollas, y después ahí mismo plantamos brócoli, y luego cebolla otra vez. La idea es lograr un suelo lo más robusto posible, para que así la planta, al desarrollarse, también sea robusta y, en caso de que ingrese alguna plaga, sea capaz de resistir la agresión', detalla.
‘Una vez que una plaga ingresa, es muy difícil combatirla. Por eso, dentro de este concepto de agricultura preventiva, lo que nosotros hacemos es usar repelentes de insectos, que son biológicos, certificados, aplicándolos con cierta frecuencia, para que, de esa manera, si aparece cualquier plaga, nuestros cultivos ya estén preparados', agrega.
Guzmán aclara, eso sí, que el producto antiplagas orgánico no brinda la misma robustez que ofrece el químico. ‘Eso obliga a hacer más aplicaciones, y también es más caro que los de origen químico, ya que se tienen que someter a un sistema de certificación que cuenta con una trazabilidad. El químico, en cambio, puede ser más efectivo, pero ya sabemos que, por el lado malo, es un producto que va quedando en la tierra, y que perjudica a los trabajadores, dejándoles ojos rojos y manos con alergia, entre otros problemas', reflexiona.
La doctora Andrea Vega, académica de la Facultad de Ingeniería y Ciencias de la Universidad Adolfo Ibáñez, advierte que el nuevo enfoque de la agricultura, donde se privilegia un manejo agronómico sostenible, requiere ‘un conocimiento profundo de las plagas y enfermedades, para identificar el momento oportuno, el manejo adecuado y el tipo de control más eficiente'.
Según explica, el control químico se complementa con prácticas de manejo agronómico más sostenibles, como la rotación de cultivos, limpieza del área de cultivo, suelo y herramientas, podas sanitarias, control de malezas y el uso de variedades vegetales resistentes. ‘Estas medidas buscan reducir el uso de agroquímicos y que estos funcionen de mejor manera: mejor control y por más tiempo', comenta.
‘En cuanto a los controles biológicos, su eficiencia dependerá del tipo de cultivo y del tamaño del campo. Cuando los campos son de muchas hectáreas es más difícil de controlar su aplicación. Y como el control biológico es más afectado por las condiciones ambientales (temperatura, humedad, tipo de suelo, etc), es más recomendable para superficies pequeñas- medianas', aconseja.


