«Las selfies y todas esas fotos que acumulamos y que nunca vemos, consumen agua y energía»

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Arquitecta Marina Otero y el alto impacto de la nube digital

La española habló sobre lo contaminantes queson los centros de almacenamiento de datos. Pronto, afirmó, produciremos más datos de los que podremos almacenar y procesar.

«Si me disculpa, quiero felicitarla por su exposición. Nos abrió los ojos», le dijo una mujer de la tercera edad a la arquitecta española Marina Otero cuando se la encontró dentro de un ascensor del Congreso Futuro.

La mujer fue una de las asistentes a la charla sobre los data centers, en la que Otero, directora del Máster en Diseño Social de la Academia de Diseño de Eindhoven, en Países Bajos e investigadora Wheelwright fellow de la Universidad de Harvard, impresionó a todos con su sencillez y contundencia.

«Cuando parece que hemos alcanzado el límite de nuestro mundo, somos conscientes de los peligros de equiparar el progreso con el crecimiento infinito, entonces buscamos refugio en el mundo digital: la nube, donde todo es posible», dijo a modo de introducción. «Sin embargo, dentro de los centros de datos, los servidores trabajan todo el día, consumiendo enormes cantidades de agua, energía, emitiendo calor y CO2, para que podamos seguir conectados. Consumen un 3% de la energía eléctrica global y emiten la misma cantidad de gases de efecto invernadero que la industria de la aviación», agregó.

Hay gente que cree que la nube no pesa?

«La metáfora de la nube ha sido muy exitosa para la gente que la ha movilizado, pero nuestras selfies y todas esas fotos que acumulamos y que nunca vemos, consumen agua y energía. La nube no flota sobre el suelo, está construida en sus profundidades. Son arquitecturas pesadas».

¿Cómo se vincula la arquitectura con el impacto de la industria digital?

«El diseño de los centros de datos es banal, por lo que se podría pensar en estas infraestructuras como híbridas o que compatibilicen otras funciones, como ya se ha hecho en algunos prototipos».

¿Por ejemplo?

«Un centro de investigación en Suecia utiliza el calor excedente de los servidores en invernaderos. Nuestros correos electrónicos pueden hacer crecer tomates. También pueden ayudar a cultivar lombrices».

¿Lombrices?

«Nuestros archivos digitales generan calor; el calor genera lombrices; las lombrices alimentan pollos; y los humanos comen pollos para enviar más y más correos electrónicos. En Estocolmo, parte de la energía generada por los servidores se transfiere a la red de calefacción de la ciudad. Nuestros correos electrónicos también podrían calentar hogares. Hay maneras para no tener estos centros de datos ocupando grandes espacios y generando el destrozo ecológico como ocurre en Quilicura, donde hay un uso excesivo de agua de los humedales por parte de las corporaciones como Google».

Si es tan claro lo que ocurre, ¿por qué no se masifican estos centros ecosustentables?

«Porque hasta hace poco no estaban en el radar. Pero con el desarrollo digital y la llegada de la inteligencia artificial hay un crecimiento exponencial de centros de datos y de la necesidad de almacenamiento, hasta el punto que muchas consultoras están pensando en que va a llegar el momento en que no podremos almacenar más. Produciremos más datos de los que podremos almacenar y procesar».

¿Y eso cómo nos va a afectar en el día a día?

«Antes nos ofrecían almacenamiento indefinido, pero ahora se paga y en el futuro va a ser algo costoso, por lo que tenemos que prepararnos y como sociedad pensar qué es importante guardar y qué no. Hay muchas cosas que solamente benefician a las compañías que utilizan esos datos para generar perfiles de nuestra existencia, que los ayudan a vendernos más productos.

¿Qué se puede hacer para minimizar el uso de datos en su vida diaria?

«Yo no tengo redes sociales. No utilizo imágenes de alta resolución. Intento utilizar imágenes un poco más pixeladas. Y estoy trabajando con servidores descentralizados que se alimentan de energía solar. Es decir que cuando hay luz funcionan y cuando no, no. A veces no necesitamos que sea todo inmediato y con una resolución de pantalla de cine. Conozco diseñadores que utilizan en sus páginas web un tipo de letra que consume menos energía porque es más simplificada. Son pequeñas actividades diarias. Aun así, como todos produzco y almaceno demasiada información. Hay que saber desprenderse.».

 

El Quipú indescifrable

El MCHAP 0780 es el Quipú más grande expuesto en el Museo Chileno de Arte Precolombino de Santiago. Tratado el año 1500, es uno de los sistemas de registro de información utilizados por los Incas. Está compuesto de 586 cuerdas de fibra que contienen más de 15.000 datos. Se usaban para almacenar registros tensales, cuentas, genealogías, poemas del impero andino. «Ese artilugio es de una sofisticación tremenda. Es interesante ver otras maneras en las que los humanos hemos almacenado información», dijo Marina Otero. Sin embargo, este Quipú permanece indescifrable. En los primeros años de la colonización fueron prohibidos. «Descifrar los quipus es un desafío comparable a entender los impactos de la infraestructura digital actual», afirmó.

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