Lionel Altamirano relata su momento más duro: «Con mi señora comíamos los dos desde el mismo plato»

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Goleador de Huachipato destaca mérito del fútbol chileno: Acá están obligados a pagarte

El atacante acerero espera terminar su carrera en Chile. Ya son siete años y las nenas están en el colegio de lo más bien, dice.

Lionel Altamirano (32) habla animadamente y tira la talla sobre Rodrigo Odriozola, el uruguayo que fue clave, el domingo pasado, en la clasificación de Huachipato a la final de la Copa Chile. «No creo que Rodrigo te responda el teléfono porque no tiene manos», bromea el delantero argentino, nacido en Santa Fe, en alusión a la condición de arquero de su compañero, que le atajó un penal en el último minuto a Leonardo Valencia, capitán de Audax Italiano.
Se nota que el ex atacante de La Serena está contento, porque el fútbol le está mostrando su mejor cara, aunque no siempre ha sido así. Al principio de su carrera tuvo que afrontar situaciones extremas junto a su esposa, Fiorela Iommi, por falta de dinero y oportunidades. Pero ahora Altamirano está feliz y mira el futuro con optimismo. En la definición con los audinos anotó dos goles en el 4-2 final por la Copa Chile. Y en el campeonato también es el goleador de los acereros, con 10 anotaciones.
«Comencé en el fútbol a los tres años por un problema que tenía en los pulmones y la garganta. El médico le dijo a mi padre que probara con el deporte y me llevaron a Atlético Rafaela. Luego estuve en varios lados y a Unión de Santa Fe llegué en juveniles», explica de entrada, mientras se dirige a su casa, después de entrenar.
Altamirano arribó a Wanderers en 2019 y antes de actuar por Huachipato también lo hizo en Puerto Montt, Universidad de Concepción, Rangers y La Serena.
¿Después de tanto tiempo, se quedará en Chile para terminar su carrera?
«Sí, yo creo que sí. Tendría que aparecer una oferta muy buena para dejar el país. La verdad es que acá estoy muy cómodo, igual que mi familia. Estoy con mi señora y mis hijas Abby (8) y Dana (4). La idea es quedarse acá. Ya son siete años y las nenas están en el colegio de lo más bien».
 
Además está bien acompañado por su familia.
«Sí. A mi señora yo la conozco hace 15 años. Ya estamos casados y tenemos a las dos gorditas, así que estamos súper bien, con casi toda una vida juntos».
¿Sus hijas nacieron en Chile?
«Las dos nacieron en Argentina, Abby en 2017 y Dana en 2020, en plena pandemia. Por eso mi señora se fue a tenerla en Argentina, para estar un poco más acompañada».

¿Su destino era ser futbolista?

«Siempre fui delantero, pero antes jugaba como de siete, que ahora sería extremo por la derecha. Y, después, más grande me comencé a tirar más para el medio. Siempre trabajé para estar en Primera. Me esforcé al máximo, junto a mi familia, junto a mi esposa para llegar a ser futbolista profesional y por suerte se logró».
 
¿Hubo muchos momentos difíciles en el camino?
«Siempre, porque es raro no tenerlos, pero se les hizo frente con trabajo y con ganas de cumplir los sueños».
¿Hay alguna situación que recuerde?
«Bueno, en Unión de Santa Fe no me dejaron, cuando me fui a probar, y después en Altos Hornos de Zapla, equipo de la Federal A, de Jujuy, durante el año 2015, no cobraba y con mi señora comíamos los dos desde el mismo plato. Creo que esos fueron los momentos más complicados en el fútbol».
¿Qué pasó en Zapla?
 
«Me contrataron y en los primeros meses nos pagaban. Pero en Argentina no es como en Chile, donde están obligados a pagarte. En el club nos dejaron de pagar y luego ya no me alcanzaba para comer. Entonces, como había arreglado casa y comida, me pasaban la comida y comíamos los dos desde el mismo plato. Lo que pasa es que ya estaba con mi señora, que tenía 24 años y yo 22».
¿Es literal eso de que comían del mismo plato?
«Sí, pero no en el mismo plato. Dividíamos mi plato y compartíamos la comida».
¿Cuánto tiempo duró esa mala racha ?
«Deben de haber sido unos cuatro a cinco meses. Después tuve la posibilidad de irme para Buenos Aires al club Colegiales, donde comenzamos a cobrar y nos pudimos poner al día. Siempre haciendo esfuerzo, porque no sobraba, pero ya no pasábamos hambre».
¿Dónde vivía en Zapla?
«A todos los que llegamos ese año nos pusieron como en un hotel o un hostal, algo así. Vivíamos en unas piezas. La mía era un poco más grande porque estaba con mi señora. La comida teníamos que ir a buscarla abajo, en el hotel. En Argentina cuando vas a jugar al interior arreglás un sueldo, y aparte te dan casa y comida, que te la pagan en cierto lugar, como una pensión. Si llevas a otra persona, el extra tienes que pagarlo tú».
¿Y cuál ha sido tu momento más bonito?

«Lo más importante de mi vida han sido los nacimientos de mis dos hijas. Eso ha sido lo máximo. Después, futbolísticamente, fue mi debut en Primera en Deportivo Merlo, pero uno trata de disfrutar todos los años y los equipos por lo que pasé. El año pasado en La Serena también fue excelente, que será difícil de olvidar, igual que el de ahora».

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