Escultor Fabio Castro revivió símbolo del centro capitalino e hizo de tripas, corazón
El muñeco cinético volvió a la vitrina de la calle 21 de Mayo, como parte de una remodelación que recuperó y modernizó el centenario local de venta de sombreros.
Cuando le pidieron revivir al célebre autómata que hizo famosa a la sombrerería «Donde golpea el monito», el escultor Fabio Castro se encontró con un amasijo de alambres y piezas metálicas que solo permitía el movimiento de un brazo, lo suficiente para tocar una y otra vez el vidrio de la vitrina con una baqueta de madera.
Desde cero
«Lo tuve que hacer de nuevo», confiesa el artista, quien participó este miércoles de la reinstalación del aparato humanoide y de la reapertura tras la remodelación del local ubicado en calle 21 de Mayo, en el centro de Santiago. Las faenas incluyeron modificaciones estructurales, la restauración de muebles, la exhibición de instrumentos y máquinas para la fabricación de sombreros, y la habilitación de un centro cultural.
Bielas
«Abrí la cabeza del mono y vi los restos de pivotes, lo que fue una pista de que se podían mover de alguna manera. Hubo que ver cómo moverlo porque tenía un montón de palancas y otras cosas», dice Castro, quien en su quehacer artístico suele trabajar con modelos mecánicos y electrónicos. El sistema consiste en bielas metálicas que, al activarse con un motor eléctrico -ubicado en la base-, acciona piolas conectadas a partes del cuerpo del muñeco provocando los gestos.
«Las bielas son como especies de dedos que son movidos por un motor a través de la programación de los movimientos», detalla el restaurador. Estos eslabones se conectan con las piolas que, a su vez, provocan las reacciones del autómata, ya sea en la ceja, la boca o la cabeza.
Sin parpadeo
Castro reconoce que «el sistema de piolas de atrás del cuerpo estaba todo cortado, hubo que descubrir cómo funcionaba porque no había ningún plano. Pudimos recuperar seis de los siete movimientos que tenía originalmente». El movimiento imposible fue el de los ojos, principalmente porque en cien años hubo decenas de reparaciones provisorias en que le aplicaron pegamentos, lo que terminó por arruinar el modelo.
El cuerpito
«Las piernas son de madera tallada, hay una estructura metálica que soporta todo el tronco y la cabeza es de papel maché, liviana y más fácil de esculpir. La espalda es descubierta, si le sacas la ropa se ve todo el sistema», añade. Fabio Castro trabajó con dos monos enteros, uno hecho en Francia y otro alemán. También había dos cabezas, una de un mono afroamericano. El que ahora está instalado en funciones es el francés. El alemán, también arreglado, está guardado a la espera de su momento estelar.
¿Que se use todos los días sin parar es bueno o malo para el engranaje?
«Como es metal contra metal siempre hay un desgaste, pero el sistema funciona hace cien años ocho horas al día, así que pienso que todavía le queda una larga vida al autómata».
La tienda
Roberto Lasen Sordo representa a la familia propietaria del local, fundado en 1915, y da fe del interés de la gente tras la ausencia del autómata golpeador. «Estos meses muchas personas pasaban y preguntaban por el monito, exigían saber dónde estaba porque les recordaba a sus padres, a la infancia de hace cincuenta años», dice Lasen. La historia refiere que los primeros dueños -el asturiano José González Noriega y su mujer María Sordo- regentaban la Fábrica Unida América de Sombreros y para atraer la atención de la clientela (era un barrio de sombrererías) compraron el mono en la subasta de una tabacalera en quiebra.
Historia
«La calle 21 de Mayo unía la Estación Mapocho con la Plaza de Armas, transitaban los extranjeros que llegaban a la capital desde fuera de Chile a través del tren de Los Andes que venía de Argentina. Había mucho tránsito», rememora. La presencia del mono se fue haciendo costumbre. «Como pasaba mucha gente, se convirtió en referencia. ¿Dónde nos juntamos? En «Donde golpea el monito». Es como el pilucho del Estadio Nacional. Está muy arraigado en la gente de Santiago y de todas partes del país», asegura Roberto Lasen.
Remodelación
Encargado de la remodelación del inmueble, el arquitecto Bernardo Valdés asumió que «esta recuperación plantea la idea de volver al centro. Más allá de los agoreros de que está de capa caída, esto demuestra que hay personas que aún creen en él». Admitió que «fue un desafío muy grande y con los equipos hicimos el proyecto que es un sueño: recuperar el edificio, la historia y los objetos. Es singular la experiencia. Cuando se abra el centro cultural la invitación es que vengan a las actividades que vamos a proponer».


