Estructuras robóticas se usan como apoyo a la rehabilitación y en trabajos físicos intensos
Empresas de Japón, Corea del Sur, Alemania y Estados Unidos desarrollan tecnología para ayudar a trabajadores en labores pesadas.
Los exoesqueletos, esos armazones metálicos que les permiten a sus usuarios transformarse en una especie de robot, parecían hasta hace poco sacados de algún libro o película de ciencia ficción
Más allá de sorprendentes videos en redes sociales, lentamente estos dispositivos han comenzado a aterrizar en hospitales, centros de rehabilitación, fábricas y hasta en actividades deportivas de alta exigencia. Y ahora, por primera vez, esta tecnología comienza a instalarse oficialmente también en Chile.
La llegada de los exoesqueletos de la marca china VIGX abre una nueva etapa en el uso de dispositivos capaces de asistir, potenciar o incluso recuperar el movimiento humano, especialmente en la tercera edad.
Se trata de equipos con sensores y algoritmos de inteligencia artificial que leen en tiempo real la intención de movimiento del usuario y ajustan automáticamente el nivel de apoyo que necesita cada extremidad.
En otras palabras, son una mezcla entre robótica, biomecánica e IA trabajando directamente sobre el cuerpo humano.
¿Qué permiten?
Las aplicaciones de un exoesqueleto son mucho más amplias de lo que parece. Actualmente, sus usos se dividen en dos grandes categorías.
Algunos modelos están diseñados para rehabilitación neurológica y ortopédica: al ponérselos, son capaces de ayudar al movimiento de personas con secuelas de accidentes cerebrovasculares, lesiones medulares o enfermedades degenerativas.
Otros apuntan al trabajo físico intenso: logran reducir la fatiga lumbar y muscular en áreas de trabajo como la construcción, logística o minería. Incluso, existen versiones pensadas para trekking, rescate en montaña y apoyo deportivo.
«Una persona que quiere ir, por ejemplo, a las Torres del Paine, necesita cierta condición física. Hoy un exoesqueleto podría ayudar a esa persona a hacer ese trekking sin mayores problemas», asegura Felipe Gutiérrez, representante exclusivo de VIGX en Chile. «La movilidad finalmente es libertad», define.
El mercado
El avance de este negocio no es menor. Según la consultora Grand View Research, el mercado global de exoesqueletos podría superar los 15.000 millones de dólares hacia 2030, impulsado principalmente por las áreas de salud, defensa e industria.
La firma de estudios de mercado Fortune Business Insights estima tasas de crecimiento anual cercanas al 20%, especialmente en Asia, Estados Unidos y Europa. Países como Japón, Corea del Sur, Alemania y Estados Unidos llevan años empujando esta tecnología en contextos asociados al envejecimiento poblacional y la automatización industrial.
No es casualidad entonces que países como Japón sean uno de los líderes mundiales. Empresas como Cyberdyne o Panasonic han desarrollado exoesqueletos para la rehabilitación clínica y el apoyo físico de adultos mayores.
Yoshiyuki Sankai, fundador de Cyberdyne, ha señalado en múltiples entrevistas que «el objetivo de esta tecnología no es reemplazar al ser humano, sino ampliar sus capacidades físicas y mejorar su calidad de vida».
En el mundo industrial, el interés también crece rápido. Ford, Hyundai y General Motors han probado exoesqueletos para disminuir lesiones musculares en líneas de producción.
«Los exoesqueletos pueden reducir significativamente la carga física repetitiva y mejorar la seguridad ocupacional», señaló recientemente la consultora ABI Research en uno de sus informes sobre automatización laboral.
¿Y en Chile?
La llegada al país de los exoesqueletos -de la mano, por ejemplo, de la tienda de vehículos eléctricos e-mobility.cl- ya abrió conversaciones con clínicas y organizaciones como Teletón, especialmente para explorar usos terapéuticos personalizados. Detrás de toda la sofisticación tecnológica, su objetivo sigue siendo mejorar las oportunidades físicas del ser humano: recuperar movilidad, reducir dolores, ampliar autonomía y devolver algo tan valioso como la posibilidad de moverse libremente, especialmente para los adultos mayores.


