La joven de 30 años se casará dentro de dos meses en una playa de la Costa Brava
Será la maestra de ceremonias, así que, dice, tratará de no desbordarse de emoción y ya planea darle un toque místico.
Savka Pollak está viviendo una de esas etapas familiares que, según reconoce, «te dan la sensación de que el tiempo pasa todavía más rápido». Su hija mayor, Zavkita, está a punto de cumplir 30 años y se casará en octubre en Barcelona, después de varios años de relación. La celebración será en la Costa Brava, frente al mar, y la animadora será su mamá.
La noticia del matrimonio llegó de una manera bastante especial: la hija de la hoy coach y su pareja son aficionados a andar en bicicleta por los cerros. Fue durante uno de esos paseos que él se detuvo en plena ruta, sacó un anillo y le pidió matrimonio. Después, la joven hizo una videollamada con mamá Savka para contarle. «Fue súper lindo. En ese momento se mezcló la emoción con todos las preguntas que aparecen cuando una hija se casa: dónde sería, cómo sería la celebración y hasta las ganas de que pudiera hacerse en Chile». Finalmente, la pareja decidió casarse en España, país donde Zavkita vive desde hace cinco años.
Junto a esa sorpresa vino otra más para la animadora. Su hija no sólo quiere que esté presente como mamá, sino que le pidió que sea la animadora y maestra de ceremonias del matrimonio. «Me siento súper honrada, pero también estoy muerta de miedo, porque imagínate tremenda responsabilidad, tremendo honor», confiesa.
¿En qué consiste ese rol, Savka?
«Ella eligió a cada una de las personas para que la ayudara en algo en lo que ellos saben más. A mí me pidió que animara el matrimonio. Me dijo que hiciera lo que yo quisiera. No me dio ni una instrucción. Pienso que se trata de dar un discurso, decir unas palabras, después van a hablar otros, seguramente el papá y otras personas. Y después viene la postura de las argollas. Ahí no sé bien qué decir todavía. Estoy viendo qué encuentro para ese momento».
¿Ya tiene algo pensado?
«Me gustaría que hubiera algo más, algo simbólico que hiciéramos entre todos y que ellos se llevaran. Pienso en unas cintas de colores que pueden irse mezclando. Estoy inventando algo que sea bonito, que podamos construir entre todos y entregarles ese día. Yo soy toda hippie, que agradezca que no llevo tambor chamánico, jajajá».
Y tratar de animar sin emocionarse tanto.
«¡Sin llorar! La animadora no puede llorar. Voy a tener que ensayar. Tengo ganas de que, de alguna manera, estén representados ahí los abuelos, los que ya no están. Va a haber mucha emoción de seguro, pero voy a tratar de que no se desborde».
¿Ha pensado en el vestido que usará para tamaña ocasión?
«Sí. Lo estoy haciendo con Juan Failer. Busco algo cómodo, lindo y que no sea tan llamativo como los vestidos de madrina. Esto va a ser en la playa, con zapatillas, entonces tiene que ser liviano. Tiene un corte que favorece, para que no se vea tanta guata ni esas cosas, para tapar pifias. Tiene una espalda muy bonita y es abierto al medio. Es bien vaporoso, se mueve y tiene ese movimiento más playero».
Qué bonito todo…
«Estoy en un momento de la vida súper agradecida, porque están pasando puras cosas lindas alrededor, y no siempre la vida es así. Entonces quiero aprovechar este momento y disfrutarlo al máximo. Me encanta que la Laurita (su hija menor de 11 años) vaya conmigo y poder compartir. Matías está entrando a un máster, Maximiliano ya terminó y así están los cabros. Puras noticias de guagüitas lindas, de matrimonio».


