Marco se convirtió en la vedette del Congreso

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Amigos y rivales lo seguían como a un iluminado

Lo rodean y miran en la Comisión de Constitución del Senado. Lo persigue un equipo de la franja de Frei. Hordas de reporteros lo acompañan. Chile cambió.

Desde las 11 de la madrugada está reunida la comisión de Constitución en el Senado. Pese a que no es senador, dentro de la sala, bajo un cuadro donde luce Jaime Guzmán, está Marco Enríquez-Ominami. El diputado, ex candidato presidencial e imaginario dueño de un quinto de los votos en las elecciones pasadas, está ahí para apurar el paso de varias leyes, como la que permitiría el voto voluntario, la inscripción automática y el sufragio de los chilenos que vivan fuera de las fronteras del país.

El arduo debate termina a las 14 horas. Marco, junto a Max Marambio, el diputado Esteban Valenzuela y dos asesores, avanzan a paso firme por el pasillo. Bajan una escalera mientras Enríquez-Ominami sólo lanza frases. «Sigo con mucho interés una ley que puede ser histórica, que permitirá que muchos chilenos puedan votar, que es uno de los motivos de nuestra candidatura. Gracias». La derecha y la Concertación lo tratan con guante blanco y desean darle en el gusto.

Camina por un pasillo, pasa por el salón plenario. Max Marambio bromea, le hace dos zancadillas a Enríquez-Ominami. Un asesor se ríe, porque es gracioso que dos adultos se hagan zancadillas. Todos se suben al ascensor que los llevará al piso 14, donde almorzarán. Se encuentran ahí con el diputado Jorge Insunza, recientemente derrotado. Tienen que comer rapidito, porque la comisión reinicia su vida a las 15 horas.

Ahí están de nuevo, en la comisión. Se reúnen, debaten, analizan, construyen Chile. Hasta que llegan las 16 horas y deben pedir permiso para sesionar en paralelo al Senado. Todos de acuerdo, menos Adolfo Zaldívar. No se puede seguir trabajando gracias al colorín. Entonces Enríquez-Ominami sale de la comisión y parte a trabajar a la Cámara de Diputados. La prensa lo sigue, incluso un equipo que lo graba para la franja de Frei. MEO se sorprende cuando ve que lo filman por órdenes de su rival político. Pero no hace nada, sólo se sorprende del trato que le dispensan en el Congreso: «Ahora me dicen usted, ahora me dicen diputado».

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