Montó una propuesta de bar de pizzas en Providencia donde incluso ofrece una con erizos
Dice que lo han ido a ver hasta seguidores a su local, no se hace problemas con saludar ni hacer videollamadas.
«Lo abrí por un dolor de cabeza que tuve alguna vez en Testardos. Allá no tenemos patente de alcohol. Unos chicos fueron a comerse unas pizzas, se tomaron unas cervezas que habían traído, y en eso pasó un fiscalizador y me sacó una multa diciendo que yo las estaba vendiendo en el local. Me dije que en verdad estaba puro tonteando, que debería abrir un bar de pizza».
Su nuevo local, Flama, ubicado en Mardoqueo Fernández, tiene un intenso neón y una cuidada propuesta estética. Son sólo 20 mesas y una barra de seis puestos. «Antiguamente era una tienda de skate, entonces, de repente llegan cabros como de mi edad, entre 30 y 40 años y me dicen oye, acá yo compraba tablas y venía a patinar. Después pasa otra gente y nos dice, oye, pero si esto era una tienda de zapatillas, yo venía para acá. Siento que estamos en un lugar súper icónico de Providencia, me encantaría que este negocio estuviera aquí para siempre».
Cabezón dice que se da el gusto de cambiar la carta cada tres meses, y usar ingredientes más exóticos. «Hay pizzas con erizos, quesos italianos seleccionados, ingredientes de estación. Es una experiencia mucho más premium, más gourmet». ¿Los precios? Competitivos. Una Margarita sale por $6.900, mientras que la más exótica Erizo Fantasy está a $12.900.
¿Diseñó algún plan de marketing para hacer más atractivo al lugar?
«Una de mis socias, Clarisa Casiano, tiene una agencia de relaciones públicas que está ligada a la parte más urbana. Por mi lado, han venido todos mis amigos influencer que he conocido a lo largo de todos estos años, entonces se ha dado una sinergia como que hay mucha gente conocida, actores, amigos del reality. Se ha dado como que casualmente es un espacio donde siempre hay hartos famosillos».
¿El hecho de que vayan famosillos sirve o no?
«La verdad es que sí, porque más allá de que sean famosillos, en general todos nos conocemos del rubro, la mayoría somos amigos, y obviamente yo nunca les pido nada y ellos tampoco me piden nada de vuelta. Es como que quieren ir a Flama con su grupo de amigos, les doy una mesa, la cuenta corre por cuenta de la casa, y si quieren me promocionan. Yo nunca les digo oye, anda, te doy un consumo de tanto y tú me subes una historia, sino que todo súper orgánico».
Dice que está siempre en la cocina e incluso garzoneando, ¿hay gente que lo va a ver a usted?
«Sí, también. De hecho la semana pasada llegó una chica francesa peruana que me dijo Max, ¿cómo estás? Oye, soy hija de Isabel, mi mamá te escribe por Instagram todos los días. Mandó a su hija especialmente al local porque estaba de vacaciones en Chile para que fuera a comer a Flama, hicimos videollamadas, nos sacamos fotos. Aparte yo estoy ahí casi todos los días, principalmente de noche, entonces es muy normal que la gente me vea allá».
Me imagino que al ser famoso y dueño de un restaurante hay cierta presión por ser simpático todo el tiempo con los clientes.
«Yo soy del pensamiento que al menos en mi rubro, vivo de mis clientes y de que tengan una buena experiencia más allá de la pizza. Y si estoy ahí y tengo el tiempo para saludar, conversar, intercambiar un par de palabras, encantadísimo. Aparte Flama es abierto, no es cómo que cuando voy me puedo ir a esconder a algún lado. Me encanta que me saluden, me hace recordar que para eso tengo una pizzería. La gente dice oye ese es el Max, ese es su local y está trabajando, cuando podría estar en la casa rascándose la guata».


