«Mi hijo estaba convencido de que mató al asesino de su padre, pero no fue así»

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Desgarrador relato de mujer que perdió a su marido en una balacera tras un partido de fútbol

En julio del año pasado, fue asesinado el sargento del Ejército Marcelo Eguía en una cancha de fútbol de Colina. Su hijo creyó que lo había vengado, pero el caso tuvo un vuelco. La justicia lo sobreseyó definitivamente.

Domingo 13 de julio de 2025. 13 horas. Maribel Muñoz sabe que está condenada a recordar aquel instante hasta el fin de sus días. En ese minuto la llamó por teléfono su hijo Juan Ignacio, de 17 años. Se oía desesperado.
«¡Me lo mataron, me lo mataron, mamá! ¡Me lo mataron!».
«¿A quién mataron?».
«¡Mataron al papá, mamá! ¡Mataron al papá!».
Maribel le pidió la dirección y partió de inmediato. Hacía tres meses que su hijo había empezado a jugar un campeonato de fútbol en Colina y ese día lo acompañó su padre, Marcelo Eguía, de entonces 51 años, sargento segundo del Ejército. También estaban el hermano de su marido y sus hijos, que jugaban por el mismo equipo.
«Cuando llegué al lugar, fui directo al furgón de Carabineros donde estaba mi hijo. Ni siquiera me fijé si por ahí estaba el cuerpo de mi marido», cuenta Maribel. «Juan Ignacio estaba en shock. Decía a cada rato Lo maté, mamá. Lo maté».
«A quién mataste», le preguntó.
«Al tipo que mató a mi papá».
Los fierros
Tras casi un año de investigación, ya se sabe bastante bien lo que ocurrió aquella tarde. El partido que jugaba Juan Ignacio terminó abruptamente por una polémica pueril, como todas las polémicas del fútbol. Parte de los jugadores del equipo contrario fueron a encarar al DT rival. Alguien, en alguna parte, gritó «vamos a buscar los fierros». Es decir, pistolas.
Por alguna razón, el tío de Juan Ignacio salió a interceder por el DT. Se escucharon disparos. Eran tiros al aire.
Marcelo Eguía, que se encontraba sentado en las gradas, fue a ver qué ocurría. Al cinto llevaba su arma de servicio.
Según el relato de varios testigos, uno de los jugadores contrarios, que no debía sobrepasar los 18 años, apoyó un arma en la sien del tío de Juan Ignacio. Marcelo Eguía, al ver que amenazaban a su hermano, intentó dialogar. «Soy miembro del Ejército, por favor, calmémonos».
«Pero el tipo no quería escuchar a nadie», relata Maribel (ver galería https://goo.su/rfl6I6). «Hubo un forcejeo y el tipo le disparó a mi marido dos veces. Mi hijo estaba como a dos metros de distancia y vio cuando su papá cayó al suelo. Entonces agarró el arma de su papá y salió persiguiendo al delincuente. Y digo delincuente porque después se supo que tenía cuatro condenas siendo adolescente. Mi hijo le habrá disparado dos o tres veces. El delincuente murió poco después. Juan Ignacio jamás había disparado un arma. Había visto el arma de su papá, pero nunca la había tomado siquiera. Estaba convencido de que fue él quien mató al asesino de su padre. Pero no fue así».
El vuelco
La fiscalía formalizó a Juan Ignacio por homicidio consumado y el tribunal decretó su arresto domiciliario nocturno. Maribel pensó que su familia se había ido a pique.
«Mi hijo perdió el año escolar, en parte por el trauma que le causó todo esto», cuenta. «Va al sicólogo, al siquiatra y hasta el día de hoy tiene que tomar pastillas para dormir. Pero también por seguridad, porque no sabemos qué tipo de represalias puede tomar esta gente. Por eso mi hijo se cambió de domicilio, ya no vive conmigo, por precaución. Mi hija mayor también está sufriendo. Yo tuve que dejar el trabajo para cuidarla, porque le vino una depresión terrible.
No podía levantarse de la cama. Era la regalona del papá. Va todos los meses al cementerio a verlo».
A poco andar, la investigación tuvo un vuelco. Varios testigos relataron que el sujeto que le había disparado a Marcelo Eguía salió corriendo algo encorvado y agarrándose el abdomen. Un informe forense concluyó que el disparo había sido a quemarropa y de frente, lo que no se condice con disparos por la espalda, de alguien que va persiguiendo a otro, y a cierta distancia. El informe balístico fue aún más concluyente: el que mató al delincuente juvenil no fue Juan Ignacio, sino su propio padre, en medio del forcejeo.
Pura pérdida
Once meses después de aquella tarde de horror, Maribel se encuentra, una vez más, fuera del Tribunal de Garantía de Colina. Hace pocos minutos terminó la audiencia donde la fiscalía informó su decisión de no perseverar en la investigación en contra de Juan Ignacio por homicidio. El tribunal decretó su sobreseimiento definitivo. Parece una pequeña victoria, pero Maribel dice que todo es pérdida.
«Mi hijo no tenía ningún antecedente penal, pero esto le destruyó su vida. Antes jugaba a la pelota y ahora ni siquiera puede pisar una cancha de fútbol. Está en un colegio que le exige hacer deporte y ayer (martes) le pusieron un uno porque se negó jugar. No entienden que simplemente no puede hacerlo».
 
¿Y qué pasa con usted, Maribel?
Maribel se queda pensando. Por un momento su rostro parece ceder a la pena, pero es un gesto que dura apenas un instante, porque de inmediato se pone en posición firme. Como si se hubiese arrepentido de un momento de debilidad.

«Yo no he hecho el luto. No puedo. Tengo que cuidar a mis hijos y he tenido que estar pendiente del juicio. Y ha significado mucho gasto. Gasto de dinero y gasto emocional. Nadie nos ha ayudado en nada».

«Mi hija mayor también está sufriendo. Era la regalona del papá. Va todos los meses al cementerio a verlo», Maribel Muñoz

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