Las caletas con perspectiva de género no absuelven el llamado al Cosena ni viceversa.
Pareciera que el Presidente estuviera cumpliendo una suerte de manda. Como si el Presidente Boric le hubiese prometido a alguna virgen o a algún dios hindú hacer todo y cualquier cosa que había prometido no hacer nunca. Parece que esta fuera su única guía en acción, leer sus viejos tuits de hace cuatro o cinco años y contradecirlos uno a uno. Como si al Presidente Boric le animara más que cualquier cosa el hambre de decirle al diputado Boric que estaba completamente equivocado.
Y muchas veces lo estuvo, por cierto. ¿Pero tan equivocado como para llamar al Cosena, una de las instituciones más controvertidas de la transición, para arreglar los problemas de orden de público? Ideas sobre seguridad, por cierto, puede recibir de las FF.AA. y de Orden sin tener que convocar a ese órgano consultivo que rebaja a que los civiles son siempre minorías. Órgano que es la parte que ha sobrevivido de una doctrina, la de seguridad nacional, de triste recuerdo para todos los que tenemos memoria para recordar.
Aunque quizás más que el afán de contradecirse, lo que mueve al Presidente es la ilusión de que si él lo hace, todo y cualquier cosa se vuelve legítimo, buena onda, y juvenil. Pero las caletas con perspectiva de género no absuelven el llamado al Cosena ni viceversa. Las dos medidas, por contrarias y contradictorias que parezcan, son fruto de una sobreactuación presidencial. Una sobreactuación que parece ser por el momento lo más visible del legado presidencial.


